вторник, 28 февраля 2012 г.

Recuerdos de un pececito


Soy un pececito de oro y la reina del mar. Antes solo los peces machos podían ser reyes, pero soy hija única en la familia real y por eso la ley fue cambiada.
Cuando era pequeña, hacía muchas travesuras. Mi padre – el rey del mar – me quería mucho, nunca me castigaba y siempre cumplía mis deseos.
Tengo muchas varios recuerdos de mi infancia. Tengo una memoria muy buena. Estoy enfadada cada vez que oigo que la gente dice de alguien que nada puede recordar que tiene una memoria de pez. ¡Es falso! Los peces tienen memoria de elefante y no de pez. Os contaré una historia.
Un día cuando daba como siempre una vuelta en el mar cerca de una costa me pescó un pescador. Afortunadamente era un anciano bondadoso.
- Devuélveme al mar, - pedí al anciano, - y te daré todo que deseas.
- Nada, - contestó, - no necesito nada.
Y me devolvió al mar.
Tuve muchas ganas de agradecer al anciano. Al otro día cuando me acerqué a la costa, ya estaba esperándome y llamándome a gritos.
- ¿Necesitas algo, abuelo?
- Mi vieja me mandó para pedirte una artesa nueva.
- No te preocupes, - contesté yo, - vuelve a casa. Te daré una artesa nueva.
Para mi padre – el rey del mar – todo era posible.
El día siguiente encontré al anciano en la costa de nuevo. Estaba muy triste. Pues me había caído bien, porque era parecido un poco a mi abuelo que había muerto hace varios años.
- ¿Necesitas a alguien, abuelo?
- Mi vieja me mandó para pedir una casa nueva. No quiere vivir en la chabola, tiene ganas de vivir en una casa fuerte.
- No te pongas triste, - contesté yo, - vuelve a casa. Te daré una casa fuerte.
Mi padre cumplió ese deseo también.
Pero la mujer del anciano era una verdadera bruja. Sus demandas fueran cada vez más grandes.
Primero me pidió hacer la rica que vive en un castillo con muchos sirvientes y criadas. Después me pido hacerla princesa y cambiar el castillo con los sirvientes por palacio real con vigías armados.
Al final quiso hacerse reina del mar y casarse con mi padre. ¡Qué horror! No podía figurármela como mi madrastra y a mi misma como su hijastra. Y además quiso controlarme.
Mi simpatía por el pobre anciano desapareció, estuve enfadada por la avaricia de su mujer.
- Vivid como habíais vivido en vuestra chabola con una artesa rota, - pensé yo, pero no dije nada al viejo que, sin embargo, lamentaba mucho porque era muy desdichado. Todo volvió a ser como había sido antes y yo no le volví a ver nunca más.

Андрей Иванов  

Un pez extraordinario.


No soy una pescadora innata. Pero una vez pesqué un pez que era muy grande y extraordinario. El verano pasado estuve en el pueblo donde viven mis parientes. Mi primo y yo fuimos a pescar al estanque. La idea fue muy, muy mala. Mi primo estaba bastante borracho. No picaba nada. Rompimos todos los aparejos de pesca. Y al final de todo mi primo tomó la decisión de “hundirse”. Había resbalado y cayó al estanque. Y estuvo tumbado a flor de agua en la actitud de un cangrejo de mar. Me vi   obligada a saltar en su ayuda  sin quitarme la ropa. ¡Qué sorpresa! Yo pesqué mi primer pez. Cuando estábamos volviendo a nuestra casa yo llevaba todos los bártulos: aparejos de pesca, sillas plegables y a mi primo que estaba cayendose constantemente.

Elena Koklenkova

суббота, 25 февраля 2012 г.

Tres pescadores.



Para mi la pesca es un pasatiempo incomprensible. Eso no me gusta nada y  me parece muy aburrido. Además me enfadan los mosquitos y tábanos. Normalmente hay  muchísimos cerca del estanque y pican todo lo vivo. Por eso no creo en los cuentos de los pescadores “sobre un pez muy grande”. Pero puedo contar una historia veraz sobre tres pescadores.
            El verano pasado mi familia y yo vivíamos en el campo. En la casa vecina vivía un viejo agradable. En casa del viejo vivían dos gatos, eran muy grandes y muy gordos. Uno era negro, otro era rojo. Me gustan los gatos mucho. Puedo decir que tan grandes y gordos individuos se encuentran rara vez. Un  tiempo después supe el secreto de su aspecto. Por que sus gatos eran tan grandes….
            Cerca del campo había un bosque y un prado, detrás de prado había un estanque. Me encantaba andar al estanque por la mañana. Casi cada día paseaba sola o con mi hijo menor, Cada vez veíamos a nuestro vecino. El iba al estanque y detrás de él iban dos gatos. El viejo llegaba al estanque, sacaba los aparejos de pesca, lanzaba la carnada  y empezaba a pescar, Los gatos estaban tumbados o estaban sentados en la hierba y atisbaban el flotador.
Nuestro vecino picaba  peces pequeños, de uno detrás de otro y inmediatamente los daba a los gatos, primero a uno, después a otro. Los gatos estaban esperando de turno tranquilamente y comían  sus peces muy pronto. Habitualmente los gatos comían unos cinco o siete peces pequeños, Después el viejo y los gatos volvían a su casa. El viejo llevaba en el cubo cinco o siete peces más grande para su almuerzo.
Continuaba así todo el verano.

Olga Romanova 

суббота, 18 февраля 2012 г.

Paparazzi casual.

A mí me encanta viajar. A mí ver, Noruega es un país muy bonito que tiene una naturaleza estupenda. Estuve en Noruega muchas veces.
Durante e un viaje ocurrió un caso extraodinario. Mis compañeros de viaje y yo independientemente nos fuimos al Glaciar Briksdail. Por el camino al glaciar había muchos cercados y signos de prohibición.


Pero todos turistas ignoraron estos signos de prohibición. A diferencia de todos yo no fui a la zona prohibida. Estuve sentada en una piedra grande y me deleité del paisaje maravilloso.
Y los turistas caminaron y caminaron, adentrándose en la zona peligrosa….
Pensé: “¿Por qué estoy aquí? ¿Soy  peor que ellos?” Y caminé también hacia alla.
Mientras tanto los turistas rusos sinvergüenzas tomaron la decisión de “tomar esa cúspide”. Cuando se encontraban “en el corazón” del glaciar en un arranque de locura comenzaron a arrancar pedazos del mismo. Y la naturaleza no resistió la presión. ¡Comenzó una avalancha!



Los turistas que vieron este lío, se asustaron mucho y huyeron rápidamente. No sé porque, pero no me asusté, estuve en mi puesto y empecé a fotografiar a los violadores. Ellos tuvieron miedo también. La fuga fue vergonzosa. Huyeron a la desbandada, cayeron en nieve, resbalaron sobre sus traseros, se levantaron, cayeron nuevamente….

Después de “su regreso a la tierra” me pidieron  regalarles esas fotos. Por supuesto, yo estuve un poco caprichosa, pero  al final se las regalé.

Elena Koklenkova

четверг, 16 февраля 2012 г.



Cuando era pequeña y estudiaba en la escuela en octavo grado conmigo pasó una historia muy divertida. Mis dos mejores amigas y yo decidimos ausentarnos de la lección de química por primera vez. Antes  de la lección no tuvimos tiempo para salir fuera de nuestras aulas con nuestra ropa. Nosotras tuvimos miedo de salir de las aulas y nos encontramos con nuestra maestra de química, por eso seguimos sentadas en el aula. Cuando nosotras oímos el sonido de pasos en el pasillo, nos metimos dentro del armario de ropa. En el aula entraron  la maestra con una alumna y comenzaron a estudiar. Así estuvimos toda la lección .Cuando sonó el timbre nos caímos fuera del armario con risas, y asustamos  mucho a la maestra y a su alumna, que no sabían nada sobre nuestra presencia. Era necesario ver sus caras en ese momento…

Teslenko Yulia

La tía Julia.



Cuando era pequeña, como todos los niños, fui a jardín infantil que estaba situado cerca de mi casa. Mis padres trabajaban bastante lejos de jardín y por eso siempre me recogían después de las 6 de la tarde. Unas veces la educadora hasta me dejó con elguardía del jardín.
Un día frío, cuando tenía 4 o 5 años, mi educadora y yo estabamos muy sorprendidas cuando una mujer fue a sacarme más temprano que normalmente. Por supuesto, no pudo confiarme en los manos ajenas, y se negó. Pero en este momento yo recordé y  reconocí quien era y grité: "¡Tía Julia, tía Julia, como me alegro de verla!" Era una  amiga alemána muy buena de nuestra familia, que no había visto durante unos dos años. Después volvimos a casa temprano y toda la tarde estuve comiendo los regalos dulces de Alemania.
¡Fue uno de los mejores días de mi infancia! Gracias a tía Julia.
Natalia Gorbach 

вторник, 14 февраля 2012 г.

Una historia divertida.

Ese caso divertido me ocurrió cuando tenía alrededor de trece o catorce años. En aquel tiempo practicaba deportes y me entrenaba en una escuela de natación. Una vez partí  a un campeonato en otra ciudad. Y he aquí que participé en una  prueba de natación  y hice la salida. La distancia era de doscientos metros. Nadé  felizmente solo ciento sesenta y cinco metros porque después de la vuelta última que se llamaba "el salto" yo perdí  mi bañador. Seguro que terminé  la distancia y mi compañero me esperaba ya al lado  de la  salida con una toalla.
Kumanyaev Mikhail

El regalo secreto.


Cuando estudiaba en tercer grado del colegio, en invierno de repente me enamoré de una chica que se llamaba Rita. Rita se sentaba en el aula  cerca de mí. Era callada, diligente, tenía el pelo rubio largo y la cara bonita.
Tuve muchas ganas de decirle de mis sentimientos pero era muy tímido y temeroso. No supe que palabras usar. Tampoco estaba seguro de que  le gustaba. Por eso sufría en un mar en dudas...
En Moldova, donde vivía en aquel tiempo, hay una fiesta hermosa. El primero de marzo toda la gente celebra el comienzo de la primavera y regalan unos a otros  “mărçişor” (se pronuncia como [mercisor]) – dos flores pequeñas de colores blanco y rojo que se fijan a la ropa como una insignia y se llevan todo el día. Me pareció que regalarle un  mărçişor será la mejor manera de declararle  mi amor.
Todo el primero de marzo estuve esperando la ocasión para darle el regalo. Pero ella siempre estuvo rodeada de sus amigas y ninguna vez se quedó sola. Al final decidí  poner el  mărçişor en su cartera callado. “Volverá a su casa, encontrará el regalo y sabrá que hay un hombre que la quiere,” - creí yo.
En casa encontré en mi propia cartera un  mărçişor. Primero me asusté: Rita dejó mi regalo y me lo devolvió. Pero me equivoqué – era  otro  mărçişor que alguien me puso imperceptiblemente.
Varios años después cuando estudiábamos en  décimo grado, un día le recordé a Rita, que era en aquella época mi novia,  esta historia y le pregunté de quién fue aquel  mărçişor. Rita sonrió, me dio un beso y no dijo nada.

Andrey Ivanov 

понедельник, 13 февраля 2012 г.

Je suis, tu es, il est.

Токарева Виктория

Traducción de Margarita Nikolaeva 



Ana esperaba en casa a su hijo adulto.
Ya eran las dos de la noche pasadas. Ana daba vueltas a todas las variantes posibles en sus pensamientos. Lo primero: su hijo, en una residencia estudiantal, con una rubia teñida, que tiene el Sida. El virus ya está metiéndose en un capilar suyo. Un momento más — y el sida está en el sisema sanguíneo. Se está bañando a su gusto, descansando. Y ahora su hijo esrá muriendo de inmunodeficiencia. Primero se enflaquecerá, se volverá transparante y se derretirá como una vela. Y ella lo va a enterrar disimulando la cuasa de su muerte. ¡Dios mío! Más vale que él se hubiese casada aquel tiempo. ¿Por qué, por qué lo habría disuadido hace dos años? Pero cómo se podía sin disuadir, era una chavala de Mariupol, seis años mayor que él. Y eso no era todo. Tiene un hijo, pero no lo tiene al mismo tiempo. Lo había entregado al gobierno antes de que cumpliera tres años. Lo dejó con gente ajena, y huyó a Moscú en busca de un marido nuevo. Y este tonto se entusiasmó, se enredó en su propia generosidad, como en mocos. Ya estaba por ir al registro civil. Ana le escondió el pasaporte.
¡Qué cosas tuvo que oír! Y lo de las que dijo ella misma. Estuvo yendo a la inglesia. Rezaba arrodillada. Pero lo consiguió.
¡Victoria! Pero ahora una tiene que estar esperándolo.
Anda mal de los nervios. Hay que hacer de tripas corazón. Hay que hablar consigo misma.
“Deja –se dijo Ana –. ¿Qué tipo de fantasías tienes? ¿Por qué en una residencia? ¿Por qué el Sida? Puede estar con amigos, no con una mujer. Estarán bebiendo en alguna cocina. Y después se iran a casa.”
¿Y si acaso pase una pelea de borrachos? El pega, lo pegan, y ya está tumbado, sangriento. O puede ser que lo han tirado por la ventana, y está en el suelo dañado, con la cara rota. Dios mío... Si estuviera vivo, llamaría.
Siempre llama. Eso quiere decir que no está vivo. Y no estar vivo quiere decir estar muerto.
Ana se acercó al teléfono y llamó 09. Preguntó por el servicio de urgencias. Le dieron el número.
    Diga...-respondió una voz soñolienta.
    Perdone, ¿no han recibido a un hombre joven?
    ¿Edad?
    Veintisiete.
    ¿Ropa?
Ana empezó a recoradar.
    Valya –, dijo una voz descontena –. Pero, ¿qué tipo de té has hecho? ¿Y te crees que me voy a tomar ese brebaje?
“A la gente le pasan desgracias, y ellas están charlando del té.”
Aquel momento llamaron a la puerta.
Ana colgó. Se tiró hacia la puerta. La abrió.
Se hicieron realidad las dos cosas: estaba borracho, y acompañado por una mujer.
Aunque estaba vivo. Sonreía. A su lado estaba una rubia. Hermosa. Pero poco la interesaba a Ana, sólo la miro con de reojo, pero notó que era hermosa. Se podía mandarla a un concurso de belleza.
— Mami, te presento a Irochca –. los labios borrachos apenas le dejaban hablar a Oleg.
     Encantada –, dijo Ana.
Le daba vergüenza darle un bofetada a Oleg en presencia de Irocha, pero tenía muchas ganas de hacerlo. Se le iban manos por hacerlo.
— ¿Puede Irochca pasar la noche? Ya no podrá entrar en la pensión. Que les cierran las pusertas.
“Así, la residencia –, notó Ana –. Una aprovechada más.
    ¿De qué ciudad eres? – preguntó Ana.
    Es de Stávropol – contestó Oleg por ella.
La otra fue de Mariupol, ésta es de Stávropol. Los pueblos griegos.
Ana se apartó dejándoles pasar a los novios. Los dos olían a alcohol.
Se metieron en la habitación de Oleg. Se oyó un disparo. El colchón del sofá se derrumbó, Ana conocía aquel sonido. Luego se oyó una carcajada, como de un estanque de rusalcas[1]. Como si estuvieran en un aquelarre[2].
Era difícil tener un hijo adulto. Cuando era pequeño ella temía que se cayera de la ventana, cambió el apartamento por uno en el primer piso. Y desde entonces ya no se podría cambiarlo. Cuando se fue a servir en la mili ella temía que los vetiranos lo mutilasen[3]. Y ya estaba mayor, pero no había cambiado nada.
Ana no podía dormirse. Daba vueltas en la cama. Sin saber por qué contaba cuántas letras tenían los nombres de las cuidades: Mariupol tiene diez, Stávropol tiene nueve. ¿Y qué? Si hubiese tenido dos hijos no se habría vuelto tan loca. Pero no querían dar a luz a un otro hijo: se llevaban muy bien con el marido, todo el mundo les tenía envidia: “Qué familia más buena.” Y sólo él... Y sólo ella sabía qué frágil era todo. Ana quería un amor nuevo. No lo buscaba, pero lo esperaba. Un otro hijo la dejara sin capacidad de maniobra.
Ana andaba y miraba en su alrededor, por encima de la cabeza de su marido, como si estuviese buscando una felacidad verdardera.
Todo se acabó en un instante. Su marido murió en la entrada de su instituto de investigación científica. Se fue al trabajo, y una hora después le llamaron. No había persona.
Ana le acompañó a la morgue. Iban en un coche de ambulancia.
Su marido estaba tumbado como si estuviera dormido. No habrá notado que habría muerto.
Ana miraba su cara sin parar intentado leer sus últimas sensasiones. Miraba su vientre, el lugar que siempre había estado tan vivo. Si allí todo estaba muerto, entonces él de verdad había muerto.
Una vez tuvo un sueño. Vio a su marido frente a ella, sonriendo.
— Pero si estás muerto...
    La cosa es que me he enamorado –, le explicó el marido –. Encontré a una mujer. No pude separame de ella. Pero sentía pena de ti.
Y me fingí muerto. Pero en realidad estoy vivo.
Aquel día Ana se despertó con lágrimas. Claro que sabía que su marido ya no estaba. Pero el sueño le pareció verdad. Su marido habría amado a alguién, pero no se atrevó a pasar de la familia.
Tiraba de la cuerda y murió. Más valía que se hubiese ido.
Después de su muerte Ana se quedó sola. Tenía 42 años. Aparentaba 35. A muchos pretendientes se les caía la baba. Pero no logararon hacer una familia. Cada tenía su familia en casa. Trataban de hacerse sus hijos, para que les diese de comer, de beber, les metiese en la cama y todo les hiciera por ellos.
Clara que hubo amor, no hacía falta decir lo contrario... Hubo una persona rara, se parecía a Vershinin de Chejov: limpio, infeliz y con una mujer loca. Y pobre, claro. Pero todo eso había sido antes de la perestrioka. Y los últimos tiempos entró en una coopertiva, empezó a ganar dos mil a mes. Aparecieron unos ceros en sus finanzas. No era una hombre, sino un perro galgo. Y ya no tenía angustias ni sufrimeintos: estaba hecho un azacán. ¿No tenía tiempo?
Ponte a trabajar. ¿Estás cansando? Vete a casa. Se ofendía, como si le dijesen algo ofensivo. Quería un amor además de los ceros.
Un día Ana se dio cuenta de que lo había tenido todo.
En el tiempo pasado. Pluscuamperfecto. Y lo que le parecía temporal sí que era verdadero: el marido, el hogar, el hijo. La familia. Pero ya no tenía marido. Y llegó el silencio. La unión más honesta es la unión con la soledad.
Una mujer no puede sin un refugio espiritual. Su refugio era su hijo. Listo. Guapo. Se concentró en el hijo.
Y el hijo se estaba concentrando en Irochca tras la pared. De Stávropol. Diez letras. Mariupol tiene las nueve. ¿Y qué le quedaba? Sólo contrar letras.
***



[1]Un aquelarre es el lugar donde las brujas celebran sus reuniones y sus rituales. En ruso la palabra corresopndiente (shabash, rus. шабаш) llegó a ser un nombre común que se usa referiéndose a una reunión muy ruidosa acompañada con aciones indecentes.
[2]Dentro de la mitología eslava, una rusalka (plural:rusalki) era un fantasma, ninfa del agua, súcubo o demonio que vivía en un canal. De acuerdo con muchas tradiciones, una rusalka era una sirena, quien vivía en el fondo de los ríos. A medianoche, acostumbraban salir y bailar en los prados. Si veían a un hombre hermoso, lo hechizaban con canciones y bailes, y entonces lo conducían al fondo del río a vivir con ellas.
[3]Aquí se trata del fenómeno de “dedovshchina”: actitud escarnecedora de los veteranos hacia los bisoños, trato denigrante hacia los quintos en el ejército por parte de los ”abuelos”. Aquí y luego notas de traductor.

вторник, 7 февраля 2012 г.

Historia sobre infancia de Arsen.



Yo crecí en una familia numerosa, mi abuelo tenía diez nietos, yo era el último y favorito, por eso conmigo pasaba mucho tiempo. Cada vez que venía a visitarme, siempre traia un regalo para mí : un juguete, un globo, una pastilla de chocolate, caramelos ( yo era muy goloso). Un día él dejó un regalo en el bolsillo de la chaqueta y me pidió que mirara lo que me trajo. Cuando metí la mano en su bolsillo, fui mordido por alguien. Yo estaba asustado y llorando. Se trataba de un hamster. Más tarde me enamoré de él. Se llamamaba  "Toto".

Арсен Хачатурян

Un recuerdo de mi infancia.


Yo nací el 2 de enero, por eso mis amigos de la escuela a menudo olvidaban  felicitarme  el día de mi cumpleaños. Pero mis padres siempre iventaban algunas cosas divertidas.
Me recuerdo especialmente del día cuando  cumplí 7 años. Muy de mañana fui al dormitorio de mis padres a recibir mis regalos. Mi padre dijo que los regalos estaban en el dormitorio y yo tuve que buscarlos. Mi madre dijo que compraron un regalo por cada año de mi vida. Yo encontré 3 o 4 en el primer minuto. ¡Pero los demás estaban muy bien escondidos y no podía encontrarlos! Durante dos horas nosotros estuvimos jugando  a "Caliente-frio".
Al final estuve muy feliz, porque obtuve los vaqueros  que  soñé.

Marina Kushnareva

пятница, 3 февраля 2012 г.

Mi juguete preferido.


Cuando era pequeña no me gustaba jugar con muñecas, porque pensaba que ellas eran aburridas. Me gustaba jugar con peluches y otros juguetes en forma de animales. Yo tenía un juguete favorito, era una gata de plástico, se llamaba Beliana o Blanca, si traducimos su nombre ruso al espanol. Mi abuela me la regaló en mi cumpleanos.
Un día mi tía, mi prima, que tenía algunos años más que yo, y yo fuimos a la playa. En aquella época nosotros vivíamos en Vladivostok, una ciudad en el Oceano Pacífico. Nuestra casa estaba situada bastante lejos del mar, y para ir a la playa teníamos que tomar un  autobús.
Nosotros lo pasamos bien en la playa, y por la tarde fuimos a la parada del autobús. Había mucha gente allí y dentro el autobús estaba muy lleno, así que era imposible moverse.
Para cuidar mi juguete favorito, mi tia lo puso en su bolsa y no me lo dio hasta que no llegamos a casa.
Cuando mi tía y mi prima estaban saliendo de nuesto apartamento, yo me acordé de mi gatita y les pregunte donde  estaba.
Mi tia abrio la bolsa y sacó el juguete. Pero... Yo la miré con horror... Mi juguete favorito se había roto. Todas cuatro patas estaban colgando en las bandas elásticas. Yo la estuve mirando en silencio unos minutos y finalmente pude decir solamente su nombre:
-          Be-lia-naaaa...
Y me puse a llorar, porque la muerte de mi gatita era un verdadero dolor para mí. Todas las mujeres – mi tía, mi madre y mi prima – empezaron a conzolarme, pero yo seguía llorando...
Yo estuve llorando otra media hora hasta que mi padre no reparó mi juguete.
Beliana aun “vive” en casa de mis padres en Vladivostok...
Angelica Batueva

El color azul.



El verano pasado yo con mi hijo pequeño descansamos en sur de España al lado de Marbella. A vernos a nosotros llegó mi amiga Marina. Marina es entrenadora de crecimiento personal, ella es muy creativa  у insistente. Marina quería visitar el mirador de la montaña La Concha al amanecer. El camino ocupa 3 horas y media, la mayor parte era necesario ir del hotel montañoso hasta el mirador a pie. No queríamos buscar el hotel montañoso por la noche, decidimos salir por la mañana. Llegamos al hotel «El Refugio de Juanar» a las 11.00 de la mañana y estábamos mirando el mapa de las rutas. Algunas rutas salían del hotel. Casi todos iban a un lado (rojo, verde, amarillo y azul oscuro) , y solo una ruta al contrario llevaba al otro lado (azul claro). Para ir por esa última ruta era necesario tener una preparación especial. Al mirador de La Concha llevaba la ruta azul oscuro. Preguntamos     al personal del hotel dónde está el comienzo de la ruta azul claro y fuimos. Yo no sabía que en español todo se llama igual, azul, a diferencia del ruso, donde existen dos palabras diferentes.


Primero el camino iba por un bosque, luego empezó a subir a las montañas. Hacía mucho calor, el camino se transformó en un sendero, pero seguimos por él. En 2 horas y media caminando, nos cansamos mucho, nos tomamos toda el agua, y mi hijo se negó a ir adelante. Por eso, Marina fue adelante sola,  y nosotros nos quedamos a esperarla en la meseta bajo la sombra de los árboles. En media hora regresó acompañada de dos personas de Hungría. Ellos contaron que la última parte de la vía fueron a rastras. Estas personas tenían un navegador. En el mapa nuestra ruta era circular y decidimos ir al hotel por el camino más corto. El camino era horroroso, estrecho y con muchas piedras. Había por un lado una roca con hiedra espinosa, con otra, un  precipicio. Marina llevaba a mi hijo en los brazos. Teníamos miedo de caer abajo.
Al fin, bajamos. Y aquí nuestros compañeros de viaje preguntaron por qué no íbamos al mirador. Allá la vía era más fácil y el paisaje, más hermoso.
Contact: El Refugio de Juanar, Sierrablanca, s/n, 29610, Ojen. Tel/Fax: 0034 952881000. Website: http://www.juanar.com/

Julia Frenkel

среда, 1 февраля 2012 г.

Una historia de amor.


Mi prima Olga tenía un novio muy guapo, inteligente y talentoso. Se llamaba Iván y era músico, él tocaba la trompeta. Hace 10 años la historia de amor entre ellos terminó.
Una vez mi prima me llamó porque tenía un problema con la instalación del agua. Y yo le di a ella el número de teléfono de mi fontanero.
Dos días antes mi prima había encontrado a su primer amor, Ivan, en el teatro.  Ellos hablaron hasta la noche. Yo no sabía nada sobre esta situación y llamé a mi prima para preguntarle sobre el fontanero. Este fue nuestro dialogo:

Yo: ¿Qué tal, Olya?
Olga: ¡Bien! ¿Y tú?
Yo: Bien. ¿Te gustó el fontanero? (en ruso “fontanero” se dice igual que “trompetista” en los chistes...)
Olga: No sé…Estoy pensando en él todos los días. Es muy guapo.
Yo: ¿Sí? Qué extraño…
Olga: Hablamos sobre nuestras familias, niños, amigos etc.
Yo: ¿Tú discutiste con él sobre tu familia?
Olga: ¡Por supuesto! Él es muy inteligente, me contó muchos chistes sobre los músicos y teatros…
Yo: ¿Él trabaja con  músicos?
Olga: Naturalmente.
Yo: ¡Qué sorpresa! Pero ¿te gustó él como especialista?
Olga: ¡Es un especialista de nivel muy alto! Todos los directores de orquesta quieren trabajar con él. ¡Y también es un hombre muy atractivo y agradable!
Yo: …Vale… ¿Y por qué sólo directores de orquesta?
Olga: No, ¡no sólo! Y también la gente en televisión quería trabajar con él!

En ese momento yo decidí que una persona de esa discusión estaba loca… ¡Y probablemente esa persona era yo!
Yo: Olya, perdona, ¿pero ese fontanero reparó tu gotera?
Olga: ¿Qué? Perdona, no te comprendo…
Yo: Yo pregunto sobre el fontanero. Tú tienes su teléfono.
Olga: ¡Oh dios mío! Pero yo hablaba sobre Iván, mi novio.
Yo: Ja-ja-Ja, yo empiezo a entender….
Анна Константинова

El abecedario.

Cuando yo tenía cinco años, mi padre decidió enseñarme  inglés. Por eso me compró un cuaderno de inglés para niños pequeños. Me gustaba leerlo, porque tenía muchos dibujos de pintura y además las palabras inglesas sonaban divertido para mí. Después de unos meses de estudios aprendí algunas cosas y mi padre estaba muy orgulloso de mí.  
Un año después tuvo lugar un examen médico con un pediatra. Primero, la doctora me pidió recitar un alfabeto. Había que ver sus ojos, cuando  yo empecé con el alfabeto inglés: “A, B, C, D, E…”. Me dijo con una sonrisa que estaba bien, y a mi madre, que yo era una niña muy lista y desarollada. Pero lo más cómico de esta situación fue  que yo no me sabía el alfabeto ruso hasta el segundo grado del colegio.

Stemikovskaya Kristina

¡Qué recuerdos!

Cada año yo y mi prima veraneábamos en casa de nuestros abuelos en un
pueblo.
Me acuerdo especialmente una historia de mi infancia cuando yo tenía
ocho años y mi prima tenía siete años. Eramos muy traviesas, dinámicas y
divertidísimos.
 Nuestro abuelo era riguroso, pero nuestra abuela cerraba los ojos ante
nuestras travesuras.
Cerca de la casa de abuelos estaba la huerta de cerezos. Nos gustaba
jugar alli.
Preferíamos disfrazarnos. Llevabámos la ropa vieja de la juventud de
nuestras madres y íbamos a la huerta. Por supuesto, qué todos esos
acciónes hacíamos cuando el abuelo no estaba en casa.
Una vez cuando abuelo se fue de casa, nosotras disfrazamos como gitanas
y nos maquillamos. Quero llamar la atención que entre los productos
cosmeticos nuestra abuela tenía sólo polvos muy muy blancos y
pintalabios muy rojo.
Nos maquillamos y con esas caras raras fuimos a la huerta. Aquel día
el abuelo regresó muy pronto y nosotras volvimos y no tuvimos tiempo
para limpiarnos las caras, sólo tuvimos tiempo para limpiarnos los labios.
El abuelo vio nuestras caras palidas y decidió que nos faltaba el sol en el
jardín y él tuvo qué acompañarnos a la playa para broncearnos.


Natalia Yurkina