LA ISLA EN PESO
La maldita circunstancia del agua por todas partes me obliga a sentarme en la mesa del café. Si no pensara que el agua me rodea como un cáncer hubiera podido dormir a pierna suelta. Mientras los muchachos se despojaban de sus ropas para nadar doce personas morían en un cuarto por compresión. Cuando a la madrugada la pordiosera resbala en el agua en el preciso momento en que se lava uno de sus pezones me acostumbro al hedor del puerto me acostumbro a la misma mujer que invariablemente masturba, noche tras noche, al soldado de guardia en medio del sueño de los peces. Una taza de café no puede alejar mi idea fija, en otro tiempo yo vivía adánicamente. ¿Qué trajo la metamorfosis? [...] Todo un pueblo puede morir de luz como morir de peste. Al mediodía el monte se puebla de hamacas invisibles, y echados, los hombres semejan hojas a la deriva sobre aguas metálicas. En esta hora nadie sabría pronunciar el nombre más querido, ni levantar una mano para acariciar un seno; en...