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Diario de una Infeliz (la vida se estrecha)

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Septiembre l de 1952. Mi querido diario, hace tres meses que te tenía olvidado, oculto en lo más profundo del viejo baúl. Pena me daría que alguien te encontrara y te leyera. Pero es que estos meses de calor han sido agotadores para mí. Todo el día al calor del fogón o de la plancha, me tiene por la noche sin deseos de hablar. El día que plancho, me da una cosa en los ojos que tengo que permanecer con ellos cerrados, me recomiendan que vea a un médico, pero no tengo dinero para el médico, ni para las medicinas, y ¿si me dice que no planche más? ¿ cómo voy a seguir sus consejos? Se acaba la zafra y no he podido resolver nada con el otro nene que se aproxima. El último cobro que hicimos de la zafra se fue íntegro en el sarampión, que se le complicó a la nena. Mandé a Pepito a pasar las vacaciones en casa de tía Manuela, estamos en la recogida de café y se pueden ganar algunos pesos para prepararse para las clases que empiezan pronto. Me extraña que no me lo hayan traí...

Nuevo taller literario en el Cervantes de Moscú

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Diario de una Infeliz (Cristo y Martí, dos héroes de mi abuela)

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Mayo 3 de 1952. Ayer, comencé hablando del serio problema que para mí representa la llegada de otro hijo, y de ahí salté a las dificultades para cobrar la maternidad y el retiro, pequeños al parecer, pero grandes problemas, a veces tragedias que veo en derredor. Olvídate de ti mismo, dijo Cristo. Cuánta verdad encierran estas pocas palabras. Uno se lamenta de las dificultades y miserias de nuestra vida, pero cuando nos ponemos a observar todo lo que ocurre a nuestro lado, cu á nto dolor, pobreza y humillaciones vemos a diario.  Martí dijo: “Mientras exista un hombre pobre, a menos que sea un haragán o un vicioso, hay una injusticia que reparar". ¿Cuántas, pero cuántas injusticias hay que reparar en mi Cuba? Carmen Lovelle Guerrero

Diario de una Infeliz, un nuevo personaje

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Mayo 2 de 1952 En el escenario de mi vida, un nuevo personaje ha entrado en escena. Voy a tener otro hijo. Muchas veces he leído de la santa emoción que siente una mujer cuando va a ser madre. Yo quisiera sentir esa santa alegría, pero me es imposible. Y no es que no me agraden los niños. Los adoro. Cuántas veces la alegría inocente de los chicos, ha disipado mis penas y me ha hecho pensar que los mayores debemos ser un poco niños para gozar aunque sea por unos momentos de la feliz despreocupación de la niñez. Sin embargo, me aterra la idea de tener otro hijo. Cada niño trae un pan debajo del brazo, dicen. Pero los míos ninguno lo ha traído. Cada nuevo hijo significa una grave preocupación para una pobre mujer. Aunque hay algunas que me parece que la magnitud de su desgracia o su capacidad para soportar la pobreza, las hace indiferentes a la vista de su hijos desnudos y descalzos, y lo que es peor, aun pasando hambre. Yo he sentido mis vecinitos gritando de hambre por las noche...

Diario de una Infeliz (en memoria de mi abuela)

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Abril 3 de 1952. El pequeño c í rculo de mis amistades se ha estrechado mucho últimamente. Es que para no hacerme mala sangre, evito hablar con algunos de mis vecinos y parientes también. Los más son personas buenísimas y a las que aprecio sinceramente. Pero es que yo no puedo adaptarme a esa conformidad y casi alegría con que aceptan los acontecimientos nacionales. A los que no puedo tolerar son a los Auténticos de ayer, que mientras El Mulato era una puerta cerrada, tiraban piedras a esa puerta y hoy corren a refugiarse bajo la bandera septembrista. Hay que estar con el que da. Mi inefable amigo, el viejo liberal Pacheco, estuvo a verme ayer. Dice que no hay más remedio que ligarse con el PAU. Que su buen amigo el representante X, antiguo liberal también, antiguo republicano, coalicionista, y en fin de todas las componendas que ha habido que hacer para estar siempre en la mangadera, pues bien, ese buen señor piensa entrar activamente en la nueva política, y mi viejo Pach...

LA PERFECTA CONSERJE

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Marzo 17 de 1952. La escuelita de mi pueblo es una vieja casa de madera que tiene más de medio siglo de construida. Tal vez nunca en su vida recibió las caricias de una buena mano de pintura. El piso en un tiempo fue de madera, ahora es en partes de cemento, en partes, de lajas o tierra. En una esquina hay un grupo de mosaicos bien puestos en la esquina donde está el armario. Los mosaicos fueron recolectados entre los vecinos y la mano de obra fue un regalo de Miguel, el albañil del pueblo. Las divisiones, como el piso, están hechas de distintos materiales. Pero todas dejan pasar con nitidez los sonidos Parece qué los amplían. Porque la escuela consta de tres aulas y cuando en esas tres aulas se están dando las clases, el ruido que se escucha en todas es infernal, y a pesar de que las maestras se desgañitan dando las explicaciones, no se explica cómo es que los muchachos pueden aprender. Y, sin embargo, aprenden. No todo está perdido en Cuba. La conserje es pequeñita...