воскресенье, 24 сентября 2017 г.

Diario de una Infeliz (Nace mi tío Eduardo)



Enero 16 de 1953.




El día dos del corriente mes me nació el otro hijo. Ha nacido con el pan debajo del brazo, porque ese mismo día empezó la zafra. Dicen las comadres supersticiosas que a los niños hay que ponerles el nombre que tienen por el almanaque porque de lo contrario pierden la gracia. A veces respeto las tradiciones y las supersticiones, pero ésta no la voy a respetar. Ni creo en eso tampoco.
Le pondré a mi hijo Eduardo, como el difunto Chibás.
En los últimos meses no he podido escribir en mi querido diario. Porque veo que las mujeres, cuando estamos a punto de ser madres, es cuando más cerca estamos de la bestialidad. No sé si me explico bien. Cuando una mujer está en estado de gestación, el instinto natural la obliga a cumplir sus necesidades corporales, y olvidarse de los problemas espirituales. Es la madre naturaleza la que protege a la criatura que se está formando.
Últimamente, yo ni tan siquiera leo los periódicos.
Dejaré de escribir también porque todo el tiempo me es poco, para los míos. “El deber de un hombre está allí  donde es más útil”.
Y yo soy de imprescindible utilidad para mis hijos.
¿Qué puedo hacer contra los males que afligen a mi país?
Solamente comentarlos a solas en mi diario. Quizá nunca, nadie leerá estas líneas.
He mandado algunos escritos míos a distintas revistas, pero nunca se han publicado. Quizá no tienen chic.
Siempre soñé escribir, pero nunca podré escribir ñoñerías. Mis personajes tienen que ser hombres y mujeres de la tierra. Con sus miserias y sus dolores, sus alegrías y sus grandezas. Cuánta grandeza moral se oculta a veces bajó el más humilde aspecto.
Escribir seria para mí como una misión. Señalar los males del ambiente en que vivo, a ver si se les puede buscar el remedio. Aunque no me siento capacitada para escribir algo que valga la pena. No tengo ni la cultura ni el tiempo necesario para ello. Tal vez algún día posea ambas cosas. Porque me parece que la cultura se adquiere poco a poco, leyendo y comprendiendo todo lo que grandes hombres han pensado y escrito. Y observando el mundo que nace y muere, que gime a nuestro alrededor. Pero no se puede escribir cuando el llenar la barriga diariamente a los hijos constituye un serio problema.


 Carmen Lovelle Guerrero

пятница, 22 сентября 2017 г.

Diario de una Infeliz (Mi abuela predice el futuro)



Septiembre 13 de 1952.


La mujer es un animal de ideas cortas y cabellos largos. Yo, que tantas veces me he indignado al oír esta frase, ya creo que tuvo razón el que la dijo.
Otras veces creo que más razón tuvo el que dijo que las mujeres son seres de más sentimientos que pensamientos.
Porque debemos dejarnos llevar por nuestros sentimientos, porque los pensamientos nos pueden hacer mucho daño.
¿Que nos viene un hijo? Con cuánto amor nos prepararemos a recibirlo. Si es varón, será bueno e inteligente como Martí. Si es hembra, será linda y dulce. ¡Le gustará la música y aprenderá piano! ¡Es tan bello arrancar lindas melodías de ese instrumento!
O será maestra, una maestra que amará a los niños y se afanará por darles a todos el pan de la enseñanza. Y con estas ilusiones se arrulla la espera.
Pero hoy pobre mujer, no mires a tu derredor. Porque pueden morir tus dulces ilusiones. No contemples la miseria que acompañará a tu hijo desde antes de nacer. Quizás sea muy inteligente tu niño. Pero, ¿con qué contarás tú para desarrollar esa inteligencia?
Cuánto ahorro y trabajo no significa para una humilde madre de familia el solo hecho de que sus hijos puedan asistir todos los días a la escuela. Muchas veces se les rompen los zapatos y no hay con qué comprar otros. Y los cuadernos y lápices.
Cuando las niñas llegan a la edad de doce años más o menos, tienen que quedarse en la casa ayudando a la madre, y los varones tienen que trabajar para poder comprarse sus ropitas
y muchas veces para ayudar a la familia a comer.
Y luego cuando el muchacho crece, ¿dónde buscar trabajo? Porque para conseguir un trabajito hay que tener tres padrinos en el cielo.
Porque aquí ya nada más viven bien, los jugadores, los militares, los politicastros y los chulos. Los chulos sí, porque se ha desatado una moda de “meseras”, mujeres trabajando en bares que al mismo tiempo que despachan, bailan con todos los clientes que estén dispuestos a echar un nickel en la victrola. A la mayor parte de estas mujeres las controlan los guardias.
La corrupción llegando hasta el último rincón del país. Porque estoy viendo a muchas guajiras que empujadas por la miseria van a trabajar a esos bares. El trabajo es fácil y se pueden comprar todos los vestidos y adornos con que sueñan las jóvenes. Así se inician en el vicio del alcohol, porque tienen que acompañar a los clientes en las libaciones. Aprenden a fumar, y por ese camino llegan a la mayor desmoralización. Pobres mariposas de los campos de mi Cuba, al igual que las mariposas, sois flores de un día.
Cuando un gobierno corrompido se hace dueño de un país, corrompe hasta e1 último rincón do la vida nacional.
Encenegados en todos los vicios, no vemos los males que de ellos se derivan para la Patria y no tratamos de ponerles remedio a esos males.
El hambre nos hace pasar la noche soñando, y al otro día “cabalamos” lodos los sueños con el dinero de la comida. Dinero que va a manos de los opulentos banqueros. Al bolitero, le loca una mínima parte. El bolitero es un pobre diablo que se ayuda a mal vivir, vendiendo la bolita, y esquilma a sus vecinos, tan pobres diablos como él. Yo he visto, madres de familias que han apuntado una mañana todo el dinero que disponían para el almuerzo. Y como no han ganado nada, ese día los hijos se han acostado con un poco de agua de azúcar en las barrigas.
También hay mujeres enviciadas. Las he visto amanecer con solamente 10 centavos en las manos, los cuales, en vez de comprar un pan, han empleado en una caja de cigarros, porque sin cigarros no pueden estar. No importa que los muchachos no tengan qué comer.
Malo es el vicio entre los hombres. Mil veces peor es entre las mujeres. Porque somos las mujeres las guardianes de la familia, las guías de los hombres y mujeres del día de mañana. ¿Qué clase de generación estamos preparando para el futuro?
Los otros días estuve hablando con Miguelito, el hijo del médico del pueblo; es un muchacho que terminó la primera enseñanza, y a pesar de los esfuerzos del padre no quiere seguir estudiando. ¿Para qué estudiar?, me dijo. ¿Para ser un pobre médico del pueblo como mi papá, que la mayor parte de las veces no cobra su trabajo porque sabe que los clientes no tienen con qué pagarle? Mi tío Pedro, que no estudió, es banquero de bolita y está riquísimo. O mi primo Eduardo, que es un político que se sabe mover y siempre "está en la papa”.
No supe qué contestarle a Miguelito.
Carmen Lovelle Guerrero


вторник, 19 сентября 2017 г.

Diario de una Infeliz (abuela preocupada por multiplicar peces y panes)



Septiembre 10 de 1952.


¡Cómo duele pensar! Esta frase tengo que haberla leído en alguna parte, no recuerdo dónde. La lectura me hace asimilar conceptos que después no sé si son míos o los he leído alguna vez.
Pero cuánta razón tuvo el que escribió estas palabras. ¡Cómo duele pensar...! Porque la idea de anular una vida que ya se agita en mis entrañas, me ha tenido sumida en tan hondos pensamientos que a veces creo que mi cerebro va a estallar.
Como si la facultad de pensar, esa divina facultad que diferencia a los seres humanos de las bestias, fuera en ciertos casos una desgracia. No pensar, no atormentarse, pensar que las cosas son porque Dios las quiere así, y que nosotros, pobres criaturas humanas, tenemos que aceptar lo que ese Dios de conformidad nos quiere deparar.
Pero me rebelo a esta idea, porque las injusticias que veo no son cosas de Dios, son cosas de los hombres.
Porque si viene un ciclón y nos arrasa la casa, Dios lo quiso así y contra ese terrible poder, solamente tenemos la resignación.
Pero saber que mis hijos necesitan leche, que yo no se la puedo comprar. Y pensar que teniendo una vaca, ellos podrían tener leche abundante una gran parte del año. Pero sí yo hago el sacrificio en una zafra y compro una vaca. ¿Cómo la mantengo?
¿No he visto yo traer preso a un cortador de caña, por tener una chiva amarrada al pie de un plantón de caña? Los cortadores de caña, los que viven en los chuchos, los más pobres de todos los cubanos, los parias de mi tierra.
Y mientras, inmensos cañaverales se quedan sin cortar, año tras año, porque las zafras son pequeñas.
Si cada individuo que se pasa el tiempo muerto con los brazos cruzados, tuviera un pedazo de esos “inútiles” cañaverales, si cada cortador de caña, tuviera un pedazo de tierra para sembrar viandas y criar “machos” y tener un par de vacas, ¿no se acabaría un poco con tanta miseria? Entonces no sería un dilema para la mujer de un obrero azucarero, como yo, el tener otro hijo.
Pero tengo que dejar todas estas cavilaciones e interrogaciones a un lado. Yo, que no profeso ninguna religión “porque ninguna conozco lo suficiente”, admiro profundamente la Fe de esas almas humildes como mi tía Manuela, que me dice: “Confía en Dios, él te ayudará”.
Y confiando en la divina providencia tengo que vivir, aunque a veces veo cosas que me hacen dudar de esa divina providencia.
Otras veces creo que, como el Quijote de tanto leer, se me están secando los sesos. Mientras yo hago una tragedia de la idea de tener o no tener otro hijo, otras mujeres ni lo piensan dos veces.
¿Tener más hijos? Qué va hija, ni lo pienses. Las mujeres modernas no nos cargamos de hijos. Eso les queda para las guajiras. Con tantos adelantos que tiene la ciencia hoy día.
Y alegremente toman el tren, y regresan al pueblo con la tranquilidad del que se ha librado de un estorbo.
A veces de tanto repetir los viajecitos al médico, sobreviene la muerte y entonces quedan huérfanos los otros hijos.
Y lo peor de esto es que tales cosas las hacen mujeres de posición desahogada, para las que un hijo no ocasionará el dolor de no tener con qué esperar su nacimiento, y no saber, después de nacido, cómo vamos a realizar el milagro de multiplicar los panes y los peces para lograr que alcance para todos.

Carmen Lovelle Guerrero


четверг, 14 сентября 2017 г.

Diario de una Infeliz (La religión de abuela)



Septiembre 4 de 1952. 

Hubo una gran fiesta en el cuartel, celebrando el día de hoy. ¡Qué asco!
Llegó tía Manuela trayéndome a Pepito. Tía Manuela, como su nombro lo indica, es gallega, como mi padre.
Es curioso el efecto que una misma crianza ha producido en estos dos hermanos. Mi padre es anticatólico hasta la exageración.
   Por culpa de los curas yo vine de España sin saber leer, dice. Los muchachos de la aldea teníamos que trabajar muy duro durante todo el verano, y en los meses de invierno, cuando podíamos aprender algo, el cura nada más nos sabía enseñar catecismo. ¡Bribones! Ellos quieren tener al pueblo español sumido en la ignorancia para así poder gobernar mejor. Y ellos quisieron hacer en Cuba igual. Por mi parte, poco pueden prosperar porque no hay hijo mí que se bautice ni vaya a una escuela religiosa. Tampoco bautizo a nadie. ¡Al diablo con los curas! Que trabajen si quieren comer.
Estas cosas ponen a tía Manuela fuera de sí, porque ella es una calambuca que solamente lamenta vivir en el campo porque no hay una iglesia cerca para oír misa todos los días.
   Tú aprendiste a leer, le dice a su hermano, para pasarte la vida leyendo cosas en contra de la iglesia, pero yo sé que hubo muchos santos que hicieron buenas cosas por la humanidad. Por lo que mi sobrina Candad me cuenta de Martí, él era como un santo. Para mí, que lo era, y ya Dios lo tendrá en el cielo.
Y en nombre de la religión y de Dios, mi tía me aconseja que no malogre la vida que late en mis entrañas.
Yo no soy católica ni anticatólica. Leí que Martí decía que él no profesaba ninguna religión porque a ninguna la conocía lo suficiente. Yo seré martiana.
¡Pero cuánta maldad e hipocresía, entre los que se dicen religioso! Me encanta leer la Biblia, aunque a veces no la entiendo. ¡Qué amor a la humanidad nos enseñan las prédicas de Cristo! Si todas las personas que se dicen cristianas las practicaran, el mundo sería un Edén. Pero, ¿cómo voy a creer yo en el cristianismo de une señora, que va todas las mañanas a la iglesia porque tiene criadas que se quedan haciéndole el trabajo en la casa? Entonces la señora se salva porque va con un rosario a murmurar oraciones inútiles. Y la criada se pierde. Cuántas desgracias ocurren alrededor de esta dama, que ella no ve porque está haciendo un rico paño para el altar.
Cuando una enfermedad o un problema de esos que no se pueden arreglar con dinero, le cae a esta buena cristiana, pues hace una promesa. Pero una promesa grande, ostentosa que todo el mundo en el pueblo tenga que hablar de eso. Le regala un Cristo tan grande que no cabe en la iglesita del pueblo, o lleva al Cobre una preciosa joya de oro. Yo me pregunto si a los ojos de Dios no sería más agradable que esta señora haga algo por los pobres que tiene alrededor. Cuántas veces su vecinito deja de ir a la escuela por falta de un modesto par de zapatos.
Y los ingenuos vecinos se hacen lenguas de la bondad y la fe de esta señora, como si la bondad consistiese en pasarse inútilmente la vida delante de un altar murmurando oraciones.
Dos veces he empezado a escribir sobre el problema del hijo, que cada día cobra más fuerza dentro de mi vientre. Dos veces me he puesto a hablar, y digo hablar porque escribo este diario como si hablara conmigo misma, porque hay pensamientos tan profundos que no nos atrevemos a confiar a nadie.
Tía Manuela me plantea este problema desde su punto de vista ciegamente religioso, que aunque yo no comparto, me tiene sumida en hondas reflexiones.
   Cuando Dios te manda un hijo, debes aceptarlo con alegría. Es un crimen matar a tu hijo dentro de tus propias entrañas. ¿Y si Dios castiga tu crimen arrebatando uno de los que ya tienes?
¿Que solamente tienes pobreza? ¿Quién fue más pobre que Cristo?
Tú, que siempre estás hablando de todas las cosas malas que pasan en Cuba, y que hace falta gente nueva para que arregle este país, ¿quién dice que un hijo tuyo que nacerá pobre como Cristo, no sea el que venga a salvar a tu tierra? ¡Qué cosas se le ocurren a tía Manuela!
¿Podré yo tener esa fe? Pensar que puede venir un moderno Mesías cubano como en aquellos fabulosos tiempos bíblicos.
Y sin embargo, debo creer. Cuando todas las cosas humanas nos fallan, tenemos que refugiamos en las divinas. Un nuevo hijo viene a aumentar mi miseria, a reclamar un pan que ya no alcanza para los otros.
Si Dios le dio inteligencia a los hombres para arrancar una vida que se está formando, ¿no es esto cosas de Dios también? Porque si él no quiere que estas cosas sucedan, no le hubiera dado luz a los hombres para hacerlas.
Pero él les dio a los hombres la conciencia para saber distinguir entre el Bien y el Mal.
Y en este caso mío, ¿dónde está el Bien, dónde el Mal?
¿Hace bien una mujer en echar hijos al mundo, a pasar hambre, a morir muchas veces de anemia y parásitos? Ningún hijo mío hasta ahora, gracias a Dios, ha muerto de anemia. Pero éste es el cuadro desolador que veo constantemente.
Hay infelices mujeres que a cada rato tienen un nuevo hijo. Los he visto morir hinchados por la anemia.
Nacen ya débiles por el hambre que pasa la madre, luego la escasez de alimentos y medicinas completan el cuadro.
“Le hicieron un mal de ojo tan grande que lo hincharon”, dicen. ¡Pobres! La ignorancia es, a veces, una virtud.
Si estos hombres y mujeres comprendieran que sus hijos mueren de hambre, porque el agua de azúcar no es alimento para un cuerpo que se está formando, si supieran la leche, la carne, las frutas y todas las cosas necesarias para criar un hijo y que todas esas cosas están tan lejos de su alcance.
Si comprendieran estas cosas, el mundo se viraría al revés. Porque yo no entiendo de economía, pero, por lo que veo aquí en mi tierra, en un pueblecito de campo donde la mayoría dependemos de un central, ¡hay tanta hambre! Habiendo tantas tierras donde poder sembrar.
Por suerte o desgracia (¿no dije que la ignorancia es una virtud?), por suerte, yo sé leer, por suerte he leído unos cuantos libros buenos. ¿Hace bien una mujer en echar hijos al mundo? ¿Para que mueran después de nacidos? ¿No es mejor que mueran antes?
Este dilema tan profundo de decidir entre la vida y la muerte, ya no me deja pensar con claridad. Y a voces temo que mi mente pueda fallar. Confía en Dios, dice tía Manuela. Y yo seguiré sus sabios consejos.
DIOS MIO, NO VOY A NINGUNA IGLESIA, para hablar contigo
Porque sé que tú en todas partes estás
Porque pusiste en mi corazón la idea del bien
Creo en tu grandeza y en tu bondad.
Unos te llaman Cristo y otros Alá
Pero en el fondo de todas las conciencias Tú Estás
Porque me haces amar la justicia, creo en ti
Tu divina justicia hará lo que los humanos no podemos hacer.
No permitas, Señor, que un crimen pueda manchar mi conciencia. Porque Tú sólo puedes dar la vida.
Tú sólo debes dar la muerte.
En tus manos confío la vida y la suerte de este hijo mío.
Carmen Lovelle Guerrero