среда, 4 декабря 2013 г.

El miedo tiene ojos grandes



Cuando era pequeña, el perro del vecino me mordió. No sé lo que pasó en ese momento, pero un perro siempre simpático se abalanzó sobre mí y me agarró la pierna. No voy a decir que fue muy doloroso, pero yo estaba muy asustaba de la sorpresa. A partir de entonces me quedó el miedo de que un perro pueda atacarme sin razón. 
Ya ha pasado mucho tiempo, pero todavía tengo él hábito de eludir a los perros. No es que yo tenga miedo a la muerte. Si un perro no me presta atención a mí, yo ni siquiera lo advierto y no siento miedo. Los perros pequeños yo los puedo incluso acariciar. Pero tan pronto como el perro me mira extrañamente, me presta especial atención, o, Dios no lo quiera, comienza a ladrar, mi corazón está en mi garganta y yo dejo de controlarme. Por desgracia, el segundo escenario ocurre con más frecuencia. No sé por qué, pero todos los perros  respiran de forma desigual. Tal vez algunos quieren morderme, o puede que quieran jugar conmigo, pero casi todos me distinguen en la multitud. 

Un caso similar me ocurrió a mí otra vez hace poco. Estaba caminando a mi casa del trabajo tarde en la noche. Ya estaba oscuro. Cerca del metro me encontré con mi madre y mi tía, que paseaban. Hacía  buen tiempo, así que decidí caminar por el parque con ellos. Mamá empezó a disuadirme, porque yo estaba con mis tacones y con un portátil muy pesado. Pero yo estaba inflexible. Caminamos por el parque alrededor de un lago, y de repente vimos que alguien corría hacia nosotras en la oscuridad. Era un perro que no tenía ni  collar, ni  bozal. Cuando me di cuenta, mi corazón dejó de latir. Naturalmente, aunque éramos  tres, el perro saltó corriendo sobre mí. En primer lugar, él saltó sobre mí desde el frente y yo empecé a retroceder. Entonces corrió alrededor muy rápido y saltó desde la parte posterior. En este punto, me tambaleé, el laptop me atrajo hacia adelante y me caí. 

Arrodillada, empecé a recordar todo lo que me habían dicho acerca del ataque de los perros en la escuela, que cuando una persona se cae, el perro muerde  instintivamente en la garganta. Y yo estaba paralizada por el miedo. Todo era como en una pesadilla. Sentía como el perro seguía  saltando sobre mi espalda, mí mamá gritaba a la señora, por lo que ella tomó a su perro, pero yo no podría hacer nada. No me di cuenta hasta el final de lo que estaba sucediendo a mí alrededor. Tenía miedo de volver la cabeza, porque pensé que el perro me agarraría la cara y tendría que hacerme una cirugía plástica. Yo sólo me encogí, escondí el cuello y  esperé hasta que todo se acabó. Pero el tiempo estaba pasando, y la pesadilla no terminaba. Empecé a sentir pánico y no pude pensar en nada más inteligente que empezar a gritar con todas mis fuerzas. El perro, asustado de mí, dejó de saltar. Aunque parezca extraño, funcionó. Cuando grité, el perro corrió a donde estaba su dueña. Mi corazón comenzó a latir más rápido y casi salta de mi pecho. Me cobre aliento, volví en mí y solo después tuve la oportunidad de evaluar con seriedad la situación. El perro todo ese tiempo nunca ladró, y era todavía un cachorro, aunque bastante grande. Él no quería comerme a mí. Y casi me muero de terror sin razón. 
La culpa allí no era del animal, sino de la dueña que no lo agarró a tiempo. Después, la señora me gritó que yo había asustado  a su perro, pero no me importaba ya nada y me sentía a salvo. 

Aída


понедельник, 2 декабря 2013 г.

Un momento en el que me quedé sin palabras.


Estoy estudiando geofísica en la facultad de geología y nuestros estudiantes pueden hacer los trabajos de campo en verano para consolidar los conocimientos teóricos.

Un verano fui a trabajar en Zabaikalie. Nosotros vivíamos en el campo, pero no estaba preocupada porque había vivido en  tiendas  de campaña muchas veces. Especialmente que estas tiendas de campaña eran militares – muy grandes. Habíamos construido  las tarimas de  tablas de altura de 50 centímetros  para usarlas como camas.  Pero todas nuestras pertenencias se quedaron en el suelo.

El campo estaba situado en un valle entre las montañas a la orilla de un arroyo. Pero una vez el arroyo se convirtió en un río.


Este sucedió en la noche cuando todos estábamos durmiendo. ¡En medio de la noche nuestro jefe irrumpió en la tienda de campaña en calzoncillos y con botas de agua! El gritó solo: “¡
Inundación! ¡Inundación!”.

Al principio no podía entender lo que quería decirnos. ¡Solo después de mirar hacia  el suelo me di cuenta de lo que había sucedido!

Unos segundos estuve sentada con la boca abierta. Pero muy pronto mi sueño desapareció porque todas nuestras pertenencias se habían hundido. ¡Nuestro campamento estaba en  medio de un  río!

¡El día siguiente nos lo pasamos secándolo todo!



Koreneva Dasha

вторник, 26 ноября 2013 г.

Vacaciones terroríficas.



Esta historia ocurrió un día agradable cuando mi madre y yo pasábamos las vacaciones en la casa de su amiga. Tenía once años .
Paseamos delante de un lago pequeño donde siempre había muchas flores y muchos animales pequeños como ratones, lagartos y topos. Después volvimos a la casa.

Había seis personas en la casa – la amiga de mi madre, su marido, sus dos hijos - un niño y una niña, mi madre y yo. El marido de la amiga de mi mama nos dejó por toda la tarde porque tenía que ir a trabajar al día siguiente. Así que esa noche la tuvimos que pasar solos.
La tarde la pasamos jugando a las cartas y charlando en casa sobre la vida.
Después nos fuimos a las camas. 
Estaba durmiendo en el segundo piso de la casa cuando de repente oí un extraño ruido desde abajo. Abrí los ojos y luego  oí un grito. Eso fue definitivamente un grito de  mujer y después ya dos mujeres estaban gritando.

Bajé las escaleras, alguien encendió la luz y vi lo siguiente: tanto mi madre como  su amiga estaban gritando. Al mismo tiempo, la amiga de mamá estaba tocando las paredes de la habitación como si quisiera encontrar a alguien o algo.
Cuando las dos damas se calmaron un poco, nos sentamos alrededor de la mesa y luego cada una de nosotras contó su propia historia.

 La historia de la amiga de mi madre:
 Ella estaba durmiendo y vio un sueño donde ella estaba en un campo rodeada de animales y lagartos. (Y también tengo que decir que esa amiga de mi madre siempre había tenido miedo de los lagartos.) Y en ese momento le pareció que un lagarto estaba en su cama. Por eso ella empezó a gritar. Estaba muy asustada.

La historia de mi madre:
"Yo estaba durmiendo y tenía un sueño muy bueno, donde algo muy agradable  estaba sucediendo. De repente oí el grito de mi amigo. Estaba tan asustada que empecé a gritar también."

Nos reímos juntas largo rato.
Los niños, por suerte, no se habían despertado.

 
Polina Pospelova


Historia de mis vacaciones en España.



El año pasado yo estaba de vacaciones en España. Yo estaba con mi esposa y mi hija. Vivíamos en una pequeña localidad de La Manga de Mar Menor. Todos los días íbamos a comer en diferentes restaurantes. Uno de los restaurantes estaba cerca del mar y nos gustó especialmente. Empezamos a ir allí todo el tiempo. Cada vez que íbamos hablábamos en voz alta  en ruso. Con el camarero nos comunicábamos con gestos.
 El camarero no sabía Inglés y nosotros no hablábamos español. Esto no nos impidió comer dos veces. Llegamos al restaurante por tercera vez. Nos sirvió el mismo camarero. Nos vio y gritó con alegría: "¡Ahora entiendo de dónde eres! ¡ Eres portugués!"
 Nunca pensé que un español podría pensar que el idioma ruso es  portugués.Nos reímos mucho.En Rusia, en general, piensan que el español y el portugués son muy similares, como el ruso y el ucraniano. Esta historia me parece muy divertida y es sobre los estereotipos culturales.

Enikolopov Nikolai 


Tres novelas cortas sobre mi viaje a Vietnam.




1.        Cuando llegamos a hotel ya estaba todo oscuro. Nos alojamos en una cabaña enfrente del mar y escuchamos el ruido  de las olas grandes. Fui a ver el mar y llegué a la playa. La encontré muy estrecha, la arena estaba con montículos y cubierta con una vieja membrana plástica con bordes  que se movían en las olas. Incluso las sombrillas estaban dentro del agua a  tres o cuatro metros de la línea del oleaje. Creí que habíamos viajado  allí en vano.  Cuando volví a la cabaña le dije a mi mujer que la playa se la había llevado el mar y no había ni un trocito  para tomar el sol. Nos acostamos apenados. A la mañana siguiente nos levantamos y escuchamos que el ruido había desaparecido. Vimos el mar calmo, el cielo claro, el sol cariñoso y  la playa (¡milagro!) se había convertido en una playa muy ancha. ¡Estaba muy asombrado! Primero no pude concebir lo que ocurrió.  Y  después me acordé de que existía la  marea baja…


2.        Había una pobre aldea de pescadores cerca de hotel. Ella estaba en una bahía azul llena de  barcas de pescadores pintadas de diferentes colores. Una escalera ancha bajaba a la costa de la bahía. Por las madrugadas en el mercado había ruido hasta las nueve. Después unos turistas visitaban ese lugar para admirar el paisaje. Siempre había unos niños allí que recogían conchas y trataban de venderlas a los turistas.  Un día fui a la aldea y me senté en la escalera. Enseguida los niños me rodearon y gritaron que les comprara las conchas. Tenía una videocámara y empecé a grabarlos. Ellos no me hacían caso. Decidí mostrarles el vídeo. ¡Cómo se alegraron! Cada uno ellos gesticulaba, corría y se veía a sí mismo en la cámara. Después me cubrieron y empezamos a ver el vídeo de nuevo. De repente sentí que alguien me hacía masaje en la cabeza, otro me rascaba la espalda, una niña me tocaba la pierna (creo que ella no había visto una tan peluda, en Asia la gente no tiene pelos en el cuerpo)… Me imaginé que era un viejo jefe de una manada de monos y no quería volver a la realidad.



3.        Un buen día decidimos visitar la estatua de Buda Grande de esas que están en muchos lugares de Vietnam. Había que recorrer noventa kilómetros para alcanzar el lugar sagrado más cercano. Allí hay un Buda acostado, su largo   es de cien metros y está hecho de piedra blanca. La estatua está en una montaña cubierta de bosque y mil cuatrocientos escalones llevan a la cima… Miles de peregrinos habían subido por la escalera y todos habían creído que ocurriría un milagro. Pero hoy el camino no es difícil porque hay un teleférico y la mística se perdió para siempre. En Vietnam el tipo de transporte más importante es el escúter. Casi todos montan en él y por supuesto nosotros también. Por la mañana montamos en escúteres y fuimos a ver el Buda Blanco. Andamos largo tiempo por la sinuosa costa del mar, a través de la ciudad, donde había mucho tráfico de escúteres zanqueados y cansados paramos en una aldea enfrente a una casa. Empezamos a fumar y veíamos como los niños en el patio nos miraban. Ellos se reían viendo nos y después corrían dentro de la casa y se aparecían con todos los parientes. Allí estaban pronto todos los que vivían en aquella casa - ancianos, padres, tíos, hermanos y amigos. Ellos nos miraban con atención, sonreían y cuchicheaban. Primero no entendíamos nada. Un rato después comprendimos que la gente como nosotros era como pájaros raros en esa tierra. Sentí como si estuviera dentro de una piel ajena y  comprendí cómo una persona negra se percibe entre los blancos.

Andrey Danilov


понедельник, 25 ноября 2013 г.




Roma, 2009. 
En junio de 2009 mis amigos y yo por primera vez viajamos a Roma por un fin de semana. Ninguno de nosotros  había estado antes allí.  El vuelo de nosotros era de noche, llegamos a las seis de la mañana a Roma, dejamos las cosas en el hotel y enseguida, sin descanso, nos fuimos a la playa. Todo el día andamos por lugares diferentes y en resumen nos encontramos por la noche en un restaurante cerca del Coliseo. En este restaurante nosotros tomamos unas copas y solamente a medianoche decidimos ir al hotel a pie. Según nuestros cálculos el hotel estaba a unos 10-15   minutos a pie del restaurante. Sin embargo, cuando pasaron ya unos 40 minutos y no habíamos llegado al hotel, comprendimos que nos habíamos perdido.
Además no sabíamos ni el teléfono del hotel, ni el teléfono del taxi, no sabíamos siquiera la dirección del hotel, solamente su nombre. Puesto que llevábamos sin dormir más de 24 horas, uno de mis amigos, que se llamaba Den, comenzó a dormirse de pie.

Ninguno de nosotros  sabía  italiano y solamente después de una hora paseando en la noche encontramos a unos chicos que hablaban ingles, explicamos nuestra situación y pudimos llamar un taxi. Cuando logramos comunicarnos  con el taxista, uno de mis amigos tomó el teléfono y dijo en inglés: "Den is sleeping, come soon".

Cuando llegó el taxi, resultó que nuestro hotel se encontraba a unos 100 metros del lugar donde estábamos.
         La frase  “Den is sleeping" se hizo famosa, la recordamos hasta ahora.


David Arutyunov

вторник, 19 ноября 2013 г.

Algo más que una bicicleta.



Cada verano de mi infancia yo, mi hermano y mi primo lo pasábamos  en un pueblo donde nació mi madre y donde vivía mi abuelita. Todos los habitantes de lugar sabían  que habíamos llegado porque nuestra abuelita decía con orgullo que habían llegado sus nietos de Moscú para ayudarle en la hacienda. Claro que llegábamos no sólo para trabajar, mejor dicho, para descansar antes de la escuela. En aquella época no había muchas cosas que tienen los niños de hoy. No jugábamos con un ordenador, no había  Internet y por la tele era bastante difícil encontrar algo interesante para los niños. Por eso pasábamos la mayor parte del tiempo al aire libre jugando y paseando.
Aquel verano mirando a mis hermanes mayores decidí aprender  a montar en la bicicleta. Con mucho orgullo me entregaron una bici que se llamaba «Druzhok» (amiguito en español), la cual me “pasó en propiedad por  herencia” de mi hermano mayor y a él del otro hermano mayor (somos tres hermanos, y yo soy menor de los tres). La bici era bastante usada, de color verde vivo, con un freno de mano y con el timbre en el manillar. Me gustaba muchísimo. Tenía sólo una imperfección, era pesadísima. En la época soviética todo lo hacían para siempre, por eso, probablemente, la habían hecho de hierro colado o de plomo. Era tan pesada. Como el verano siempre terminaba inesperadamente, trataba de la oportunidad practicar cada día, por eso la llevaba conmigo constantemente.
Detrás de nuestra casa había un huerto, uno de los más grandes en el pueblo. En el huerto la abuelita cultivaba  patatas,  zanahorias,  tomates,  pepinos y otras verduras.
Aquel día, cuando la cena todavía estaba lejos y queríamos comer muchísimo,  nos ofrecieron arrancar del huerto  zanahorias, lavarlas y comerlas. Yo y mi hermano lo percibimos con mucho gusto. No hay nada más sabroso que la zanahoria recién arrancada  de tu propio huerto.
Mi hermano y yo con el «Druzhok», íbamos a lo largo del bancal arrancando casi cada zanahoria. No sé para qué; puede ser  que para sacar más linda. Algunos minutos más tarde estaba tumbado en el bancal devastado un montículo de las zanahorias donde buscaba las más sabrosas. Otros diez minutos más tarde teníamos en nuestras manos  una zanahoria preciosa, la cual comíamos con gustoso paseando por el jardín.
Cuando se oyó el grito de nuestra abuelita en seguida entendimos que habíamos hecho algo horrible. En tales momentos el instinto nos decía solo a una cosa – ¡escapar! Y corrimos lanzando las zanahorias.  Yo con mi bici y mi hermano saltamos a la calle y desaparecimos en unos arbustos. Pasó una hora hasta que la conciencia y el hambre nos hicieron volver a casa. Por supuesto, pasar por la entrada principal sería absurdo, es que allí de seguro habrían preparado una emboscada. Decidimos escalar la valla y entrar en la casa por la puerta trasera.
Primero fue mi hermano porque era mayor y más fuerte que yo y porque debía darme la mano desde la valla. Pero además estaba la bici. Entonces mi hermano escaló a la valla y me dijo que le dé la bici. La levanté encima de mi cabeza con las manos estiradas y cuando sentí que mi hermano la empuñó la solté. Los instantes siguientes los recuerdo mal porque la bici pesadísima, un producto de la industria soviética, se le escabulló de las manos a mi hermano y me cayó en la cabeza.
Recobré el conocimiento en mi casa en la cama con la cabeza vendada. La ambulancia acaba de irse. Al lado se sentaba mi hermano con una mirada confusa. Lamentaba  no haber podido mantener en las manos la bici.

Aquel día no nos castigaron por la devastación del bancal, pero no sé  si  llamar un castigo al hecho que durante dos semanas debimos comer un montón platos de zanahorias.

Bormashenko Igor

El mundo es un pañuelo.


Cuando estudiaba en la Universidad, me alojaba en la residencia de estudiantes, en una habitación con la chica de Orel. Nos hicimos las mejores amigas de una vez. Teníamos mucho en común, además mis parientes vivían en Orel  también. Un día mi amiga mi preguntó dónde estaba situado la casa de mis parientes.  Respondí  que no recordaba… en algún sitio que se llamaba Mikrorayon. “O, mi tía vive allí” - exclamó mi amiga. Con el tiempo olvidamos  esa conversación.

Algunos años más tarde yo hice una visita a Orel y de nuevo volvimos a este tema. Aclaramos que nuestros parientes habitaban en la misma calle… Yo había descrito  la casa y comprendimos que ¡la casa era la misma también! Esto se hacia interesante... Incluso yo telefoneé a mis padres para saber el número del apartamento de mis parientes. El número era 127. Y la tía de mi amiga vivía en al apartamento 128. Resultó que nuestras tías ya hace tiempo se contaban una a otra sobre sus sobrinas que estudiaban en la Universidad de Moscú y vivían en una habitación con  una chica muy buena. ¡El mundo es un pañuelo!

Yanina Beloshapkina.  

понедельник, 18 ноября 2013 г.

Las dificultades de la traducción.

Perdida en las montañas.



Quiero contar la historia de mi primer viaje a unas montañas. Yo y dos  amigas mías decidimos esquiar en los Alpes. Mis amigas sabían esquiar bien porque habían estado en las montañas muchas veces. Hasta aquel momento yo había esquiado una o dos veces en Moscú.
Cuando subimos por el teleférico en las montañas yo vi la belleza de la naturaleza. Había el sol, la nieve brillaba, estaba muy contenta. Yo y mis amigas esquiábamos juntas, pero un momento más tarde ellas se fueron y las perdí. Me quedé sola.
¡Qué horror! Tenía mucho miedo. Me oriento mal en el espacio. Aquel momento no comprendía en qué parte de la montaña yo estaba porque habían muchas pistas para esquiar. Me dije: “¡Tranquila! ¡Piensa!”. Yo vi una cafetería un poco debajo de la montaña,  y fui allí.

Afortunadamente había un mapa de la montaña en la cafetería. Yo pregunté a un hombre: “¿Dónde estamos?”, él me lo enseñó y entonces comprendí dónde estaba el camino al hotel. Ese día no esquié más, volví al hotel. Desde  mí regreso no hablé con mis amigas durante un día porque me  había ofendido con ellas mucho. Pero me pidieron perdón y la situación se resolvió.
Tatiana Steblina

четверг, 14 ноября 2013 г.

"La rama verde".



Cuando era pequeño, me ocurrió una cosa alegre y al mismo tiempo un poco triste.
Yo estudiaba en la escuela. Como de costumbre, antes de salir, mi madre me preparó la comida. Durante del desayuno hablábamos sobre mis notas, asignaturas etc. De repente le pregunté a mi madre si te dolía cuando te rompías un brazo. Me contestó: "Si quieres, pruébalo". Después de la comida, salí de casa y fui hacia a la escuela.
Como siempre, antes de entrar en clase, mis amigos y yo, fugábamos en la cancha junto a la escuela. Subí a un obstáculo e intenté saltar a otro. Pero, desgraciadamente, sufrí un fracaso y me caí. Sentí un dolor ligero. Me levanté, limpié mi traje y fui a la escuela. Si no me equivoco, era  viernes. Teníamos clases difíciles, también teníamos que escribir un dictado.
Cuando volví a casa, conté todo a mi madre. Como era médica, miró mi brazo con cuidado y lo tocó. Después me dijo que podía ser mi brazo se había roto. Nosotros fuimos al hospital para hacer una radiografía. El doctor confirmó los temores de mi madre, el brazo se había roto. Por fortuna, la fractura era ligera. Me pusieron una escayola. La fractura se llamaba “La ramita verde”. El mismo mote se me pegó.
Una cosa que me gustaba mucho cuado tenía la fractura era que no tenía que cambiar mis zapatos entrando en la escuela (normalmente teníamos que cambiarlos).


Roman Akalupin

Cuarto de colores.



Cuando era pequeña, era una chica muy traviesa. Una vez cuando tenía tres años mi madre me pidió ayudarle a limpiar nuestra casa: limpiar los espejos  en su dormitorio y poner orden en el armario.
¡Quería ayudarle con mucho gusto! Me pareció que su dormitorio era aburrido, todo era de color blanco. Decidí hacer una sorpresa a mi madre y decorar su habitación. Como no sabía pintar y no tenía acuarela, tomé la decisión de usar las cosas de diferentes colores que podía encontrar alrededor. Antes de empezar a hacer la limpieza había tenido el almuerzo y había visto en el frigorífico  condimentos diferentes de colores muy bonitos y brillantes. Se me ocurrió la idea genial de colorear el dormitorio de mis padres con esos condimentos. Al final me gustó mucho: la habitación se convirtió en un lugar muy bonito, la cama era de color rojo (del Ketchup) y las paredes de  colores verde y rosado (de la mostaza y del rábano con tomates).
Después decidí lavar los espejos. Desgraciadamente, en lugar del líquido para el lavado de los espejos yo cogí la espuma para el afeitado de mi padre. Antes había visto que  daba mucha jabonadura, pero me pareció que con ella sería más fácil lavar los espejos. Cuando empecé, entendí que me había equivocado. Más yo trataba de lavar la espuma, cada vez se hacía más. No comprendía que hacer y tenía que llamar a mi madre. Cuando ella entró en su dormitorio vio un montón de envases de  condimentos, el contenido de cuales estaba embadurnada por toda la habitación y sus espejos, que estaban cubiertos de  la espuma, casi se desmayó...Mi sorpresa no le gustó...


 Akalupina Daria

пятница, 25 октября 2013 г.

Objeto Volador No Identificado.



Este suceso extraordinario me pasó en los años cuando estudiaba en el instituto. En aquella época yo vivía en una ciudad de los Urales, que en aquellos días se llamaba Sverdlovsk. Nuestro instituto tenía habitaciones especiales donde los estudiantes alquilaban el equipo y el espacio para dibujar. Las salas se cerraban muy tarde y los estudiantes apenas podían coger el último bus.
Aquel día estuve haciendo los dibujos para mi diploma hasta la noche. Cuando la sala se cerró un gran grupo de estudiantes estaba en una parada de autobús. No me gusta esperar en vano, y fui del pie a la siguiente parada.
Casi  llegué a ella cuando los estudiantes   que estaban en la parada precedente de autobús aparecieron alrededor de la esquina. Estaban corriendo y señalando con sus manos al cielo  entre dos edificios y gritando: « Mira, vuela, flota ..... mira» Sus caras expresaban todas las emociones a la vez: el miedo, la sorpresa, la confusión, la alegría.
Cuando vi lo que pasaba, me quedé sin palabras. El objeto esférico estuvo en movimiento lentamente en el cielo entre los dos edificios de gran altura un buen rato.   El objeto era esférico y de volumen anormal, sin los orificios y  salientes. Parecía a un satélite artificial.
El estaba en el cielo ni alto y ni  bajo, parecía  que podía tocar las luces de la calle o la una grúa torre en el patio. Al mismo tiempo, parecía que el objeto podía tocar al edificio. Estaba a la vez cerca y lejos.
La bola estaba moviéndose lentamente y suavemente.  De tiempo en tiempo la bola se detenía, se quedaba colgada en un lugar, y lanzaba un rayo de luz. De esta manera, el pasó un barrio y dobló detrás de uno de los edificios. Decidí que ya había visto bastante y no  corrí con todos.
Nunca he visto nada igual y suelo no hablar sobre este evento. Cuando quiero hablar sobre eso me imagino que  pensarían de mí lo mismo que piensan de aquellos que vieron un OVNI.


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Елена Ковалева

пятница, 14 июня 2013 г.

Los gustos y olores de mi infancia.


Cuando era pequeño,  cada verano estaba en casa de campo, donde mi abuelo tenía un samovar para hacer el té. Cada mañana mi abuelo se levantaba temprano y ante todo iba al patio y encendía el samovar. Yo me levantaba unos minutos más tarde y iba afuera para encender el samovar con mi abuelo, porque me gustaba mucho hacerlo y me gustaba oler el humo, que iba de la chimenea. Y desde entonces me gusta el olor del humo de una hoguera. Ahora cuando voy a la casa de campo, yo quemo una hoguera (y me gusta encender hogueras también), lo que me recuerda mi infancia.
El otro olor que me gusta desde mi infancia es el olor de la kerosene de un avión. Cuando era pequeño (y cuando estubiaba en la escuela también) mis padres me llevaban de vacaciones a Turquía cada año. Por eso me gusta el olor del kerosene y el  sonido del avión desde mi infancia.  Y por la misma razón un avión para mi está relacionado con las vacaciones. Me gusta volar en el avión, pero me da un poco de miedo.     
Alexey Kovalevskiy

среда, 12 июня 2013 г.

Dmitry Lijachev.


La persona genial que yo elegí para dar el premio mundial es Dmitry Lijachev,  gran científico ruso, especialista en cultura y filología, quien en sus ultimos anos  fue el presidente de la Academia Rusa de Ciencia.
El fue nuesto contemporáneo y realizó muchísimos descubrimientos importantes para sociedad de nuestro país y la humanidad en general.
Nació en 1906 en San Petersburgo y murió en 1999 cuando tenía 92 años. Su vida estaba unida con la historia de nuestra país directamente, por ejemplo cuando tenía 22 anos fue encarcelado por 5 años en Solovki sin ninguna razón adecuada. Después siguió trabajando  e investigando la cultura y la historia Rusa Antigua con mucha suerte.  Después de la Segunda Guerra Mundial publicó muchos libros sobre la Cultura Rusa Antigua y  obtuvo muchísimos premios por sus invegaciones sobre este tema. Eran premios de Stalin y otros premios prestigiosos de la Unión Soviética.
Fue un estudioso de la antropologia e influlló en su desarrollo en Rusia. Fue un gran innovador.
Ademas de su brillante carrera cient'ifica Dmitry Lijachov fue una persona de mucho tacto y cultura interna y fue un buen ejemplo a seguir. 
Sus obras hicieron una gran aportacion en la ciencia humanitaria mundial y por eso me parece que Dmitry Lijachov es una persona muy digna para ganar un premio importante a nivel mundial.

Diana Mitskevich

воскресенье, 9 июня 2013 г.

Un recuerdo de mi infancia.


Durante el putch de 1993 yo tenía doce años y estudiaba en sexto grado. En aquella época no entendía nada en la política, pero recuerdo que mis padres estaban bastante preocupados. Cuando las tropas y los tanques entraron en el centro de Moscú, pensábamos que iba a comenzar la guerra civil. Ahora entiendo que aquella situación era muy peligrosa, pero entonces para mí era un poco romántica. Un día invité a mi amiga de clase a comer y hacer los deberes en mi casa porque nuestros padres pensaban que para nosotras era más seguro estar juntas. Cuando estudiábamos, de repente oímos los sonidos de disparos en la calle y nos escondimos debajo de la cama. Pensamos que alguien había disparado y de casualidad la bala pudo dar en la ventana y matarnos. La verdad era que habían sido petardos. Pero yo estaba muy feliz porque había salvado a mi amiga.


Liudmila Esipova

суббота, 8 июня 2013 г.

El día histórico que recuerdo.






Ese día recuerdo muy bien. En aquella época vivía en Canadá, en Toronto y trabajaba en la torre CN. Como no ganaba mucho dinero, quería cambiar de trabajo. Aquel mismo día tenía una entrevista de trabajo en una pequeña empresa situada en las afueras de Toronto. Como esa empresa estaba bastante lejos del barrio donde vivía, tuve que levantarme muy temprano y salir de mi casa a las 7 de la mañana. Recuerdo que fui a la entrevista en metro y en autobús y que el camino me pareció muy largo.

Llegué al barrio de mi entrevista unos veinte minutos antes y paseé un poco por allí. El barrio me pareció bastante agradable y rico porque tenía muchas oficinas de abogados y coches de lujo como Ferrari aparcados cerca de ellas. También había muchas tiendas de antigüedades.

Unos diez o cinco minutos antes de la entrevista entré en la oficina que necesitaba. La secretaria estaba sentada mirando la tele. El canal CNN ponía las noticias en el tiempo real. Unos minutos después de mi llegada, dos aviones se estrellaron contra las dos torres gemelas del World Trade Center. Mirando las noticias, no podíamos creer que todo eso esté en realidad. Nos parecía que estábamos viendo una película de acción. Estábamos alarmados, asombrados y desconcertados y no creíamos que eso fuera posible. ¡Qué horror!


El día del 11 de septiembre de 2001 el mundo cambió muchísimo.
Vladislav

среда, 5 июня 2013 г.

Sopa de pepinos salados ("rassolnik").


Ingredientes:

Un kilo de carne de vaca
2 zanahorias
¼ de kilo de pepinos salados
3 patatas
50 gramos de cebada perlada

La carne cortada se pone a cocer pon pepinos cortados y la cebada perlada. Se añade sal y pimienta a gusto. Dentro de 40 minutos se pones las zanahorias y las patatas. Se cuece 20 minutos más.

Cuando como esta sopa hoy en día, siempre llegan los recuerdos de mi infancia. Son muy agradables y me causan nostalgia. Es que cuando era pequeña, mi abuela preparaba esta sopa cada vez que yo iba a nuestra casa de campo. Recuerdo ahora cómo, después de haber paseado todo el día por el bosque, al llegar a la casa yo percibía desde la puerta el olor de la sopa de pepinos salados. Estaba muy cansada, pero feliz tras un día lleno de impresiones nuevas, y tenía habitualmente mucha hambre. Me sentaba al lado de la estufa caliente y escuchaba el sonido de la lluvia en la calle y observaba como mi abuela terminaba de preparar la cena.

Actualmente preparamos la sopa de pepinos salados juntas, mi abuela y yo. Y siempre cuando yo la pruebo, siento la comodidad de nuestra casa de campo, veo las gotas de lluvia resbalando en la ventana y las llamas de la estufa reflejándose en las paredes.

Valeria

Una vez más sobre el oso Misha.

 

Para mí existen sonidos que evocan recuerdos muy tiernos. En primer lugar está el sonido de las medallas de mi abuela, que participó en la Gran Guerra Patria. Se las ponía el 9 de mayo y en otras fiestas oficiales. Las medallas estaban en su chaqueta y cuando ella se movía, las medallas chocaban unas con otras y este era el mejor sonido de mi vida. Mi abuela era una persona muy importante para mí.

Otro sonido es una canción soviética que me provoca lágrimas cada vez que la escucho. Es el himno en los Juegos Olímpicos de 1980 en Moscú. Se llama “Oso olímpico”, porque el oso Misha era el símbolo de las olimpiadas. Durante la clausura del evento, cuando el oso sonriente se alzó al cielo en el estadio de Luzhniki, todos pudieron escuchar esta canción por primera vez. Es el recuerdo más emocionante de mi infancia, escuchar esta melodía siempre me hace sentir nostalgia por ese tiempo maravilloso.

Vavilova Alejandra.

Recuerdos del pueblo.


Tengo muy mala memoria de olores y sabores. Pero hay algunos platos que evocan algo en mi mente.
Por ejemplo, tengo un recuerdo muy claro de los desayunos en casa de mi abuela. Ella siempre ponía una porción de mantequilla en mi plato de papilla y hacía unas sendas en la papilla del centro hacia los bordes del plato. La mantequilla se derretía y corría por las sendas. Al fin y al cabo en mi plato aparecía un sol.

Otro recuerdo que tengo es el olor a tierra en el pueblo donde vivía mi abuela. Mi hermano y yo siempre la visitábamos en verano, cuando hacía mucho calor. La tierra se calentaba al sol y tenía un olor muy especial. Ahora este olor me evoca los recuerdos del tiempo excelente que pasé en ese pueblo. ¡Qué pena que casi nunca percibo ese olor en la ciudad!

Yana Gayzer

суббота, 1 июня 2013 г.

Recuerdos de mi casa de campo.



Tengo algunos recuerdos de los olores y sabores de mi infancia. Cuando era pequeña, mi abuela cultivaba tomates en la casa de campo. Ella los recogía cuando no estaban maduros todavía y los ponía en un cajón debajo de la escalera. Los tomates maduraban allí. Me gustaba abrir el cajón, porque sentía un olor maravilloso, de tomates frescos.
También recuerdo las hogueras que hacían en la casa de campo. Por las tardes mi familia y muchos vecinos encendían una para preparar carne o para quemar el follaje. Asocio con mi infancia además el sabor del pan frito, mi abuela a menudo lo cocinaba para el desayuno. Ella freía el pan en una sartén con mantequilla, y este plato frugal me gustaba mucho.

Eugenia Sagalataya

Las fresas y los duraznos de mi infancia.



De mi infancia recuerdo el olor a frambuesa en nuestro jardín. Cuando era pequeño mi abuela plantaba muchas verduras y frutas allí. En verano me gustaba salir de casa y recoger frambuesas. Las bayas estaban calientes. Yo debía recogerlas y ponerlas en una cubeta pequeña, pero en vez de ponerlas en la cubeta me las comía. Otro recuerdo de mi infancia es el sabor de los duraznos. Yo estaba en una ciudad costera cerca de la costa del mar Negro. Recuerdo la habitación donde nos alojamos durante nuestra estancia en esa ciudad. Yo estaba en la cama, leyendo un libro. La tarde era muy calurosa. Por la ventana se podía ver el atardecer, que era precioso. El libro estaba en el suelo enfrente de mis ojos, yo mordía un durazno y el jugo caía en las páginas de mi libro. El sabor del durazno es desde entonces mi sabor favorito.

Igor Testoyedov

Frente a un espejo.


Antes yo era muy intolerante. Si alguien no me gustaba o yo creía que alguien no tenía razón, yo nunca lo ocultaba, nunca intentaba escuchar y comprender las opiniones de otras personas. Habitualmente la gente no se ponía a discutir conmigo y me dejaba sola. Me quedaba muy solitaria y desilusionada. Hasta que un día conocí a una chica que me pareció más insoportable que los demás. Ella siempre tenía su propia opinión sobre todo y la manifestaba sin escuchar a nadie. Empecé a odiarla, no quería reconocer que a veces su opinión era muy interesante y fundamentada. Un día comprendí que el comportamiento de esa chica y el mío eran iguales. Era como mirarme en el espejo y ver mi propio reflejo. Sentí vergüenza de mis palabras sabihondas y de mi comportamiento insoportable, de mis limitaciones. Dejé de juzgar a primera vista, empecé a escuchar a la gente atentamente para comprender la idea con lujo de detalles. La chica que yo odiaba se ha convertido en una de mis mejores amigas, resultó ser una persona muy inteligente, educada y profunda.
Marina Burlak

пятница, 31 мая 2013 г.

Sabores y olores de mi infancia.


Cuando era niña toda mi familia estaba junta. Mi mamá, papá, mi hermanito, mis abuelos y mis abuelas.
Tengo muchos recuerdos de mi infancia. Voy a contar sobre algunos de ellos.
A mi papá le gustaba preparar el desayuno para nosotras, y con frecuencia el cocinaba crepés por la mañana.

Recuerdo  que antes de que yo me despertara, yo sentía ese olor, y ya  sabia que mi papá preparaba algo muy sabroso, que a mi me gustaba mucho. Todavía a veces mi papa lo hace.  

Mi abuela siempre en cumpleaños de mi papa hacía una torta Napoleón. Y cuando yo como napoleón, este sabor me recuerda los cumpleaños de mi papa y mi abuela.

Cuando era niña a mi abuela y abuelo vivieron un año en Perú, me mandaba unas bolitas de chicle de diferentes colores, ¡ese sabor yo recuerdo bien! También me mandaron un  oso de gummi, es un dulce como un chicle, pero se puede comer. A veces los compro ahora y este oso me recuerda  mi infancia.
El olor de las flores peonía me recuerda el verano en casa de campo, porque  crecía mucho allí.
Cuando era niña,  cada año con mi familia iba de vacaciones al mar Negro. Y en la costa siempre en aire sentía el  olor de alga marina, y ahora cuando estoy cerca del mar donde hay esta alga marina, me recuerdo de nuestras felices vacaciones con mi familia.


среда, 29 мая 2013 г.

La infancia de Vlad.



Cuando era pequeño, mis padres y yo pasábamos mucho tiempo con nuestros parientes, especialmente con mis tíos. En aquella época teníamos más reuniones familiares que ahora. Requerdo que normalmente celebrábamos casi todas las fiestas como el Año Nuevo, el Siete de Noviembre o el Primero de Mayo en la casa de mis tíos. Mucha gente solía participar en aquellas reuniones.

También recuerdo a mis primos numerosos, porque tenía muy buenas relaciones con ellos. Normalmente los niños estaban sentados aparte de los adultos, alrededor de una mesa pequeña. Después de la comida, jugábamos en otra habitacíon. Durante estas reuniones la gente hacía regalos, comía, bebía y disfrutaba de la compañía agradable. Los adultos discutían  las últimas noticias, deportes, política y otros temas que no nos parecían interesantes. Por supuesto, como éramos niños, nuestros juegos y entretenimientos eran mucho más importantes para nosotros.     

¡Aquellos días eran buenísimos! 

среда, 27 марта 2013 г.



El sonido de la marejada llegaba hasta mi ventana. Era un verano muy caloroso y yo había abierto la ventana  para airerar un poco.  Estaba escribiendo  una carta a mi comrade de Chile cuando alguien llamó a mi puerta. Era un hombre alto,  franco,  con sombrero de cartero.  Cada día, en la mañana, en su bicicleta  vieja él traía mi correo. Un día el llegó con mi correo, pero se quedó junto a la puerta como si quisira decir algo y alargó un libro de mi poesia para que escribiera un autógrafo. Como siempre yo escribí algo como "con los mejores votos de P.N.".  No le di gran importancia a ese momento. Mas adelante yo entendí que aquel encuentro fue muy importante para él. Se llamaba Mario. Era  hijo de un pescador. Su padre, su abuelo, el abuelo de su abuelo - todos eran pescadores. Mario no pudo. Una vez, cuando estabamos hablando de alguien, el dijo que la red pesquera la asociaba con la gran tristeza en el fondo de su alma. Era uno de los pocos  en la isla que habían aprendido a leer. Esta sabiduría  le regaló los dos intereses y amores más grandes:  el amor a las metáforas y a una mujer. 

Una vez estaba paseando cerca del océano y Mario me preguntó qué yo creía de las metáforas. 
Yo respondí con un párrafo de la Oda al Mar:

Aquí en la isla
el mar 
y cuánto mar 
se sale de sí mismo
a cada rato, 
dice que sí, que no, 
que no, que no, que no, 
dice que si, en azul, 
en espuma, en galope, 
dice que no, que no. 
No puede estarse quieto,
me llamo mar, repite 
pegando en una piedra 
sin lograr convencerla, 
entonces 
con siete lenguas verdes
de siete perros verdes, 
de siete tigres verdes,
de siete mares verdes,
la recorre, la besa, 
la humedece
y se golpea el pecho 
repitiendo su nombre. 

Mario comparó mi poesia con un  barco que se estaba  bamboleada en las olas, con la morejada. Esta fue su  primera metáfora.  Desde entonces paseábamos frecuentemente, discutiendo sobre la vida de los pescadores, de la gente ordinaria, la poesía, las palabras. 
Una vez irrumpió temprano en mi casa y con la voz temblando de emoción dijo que yo debía   ayudarlo. 
" ¿Qué pasó?"- le pregunté  inquieta y, debo decir verdad, con algun nivel de curiosidad. "Estoy enamorado. Estoy enamorado y usted tiene que escribir  un poema a ella", él respondió. "Su nombre es Beatriche. Beatriche.", - él continuó. Me rei de él, pero nosotros nos pusimos de acuerdo. Le regalé un cuaderno con mi autógrafo personal con el deseo de escribir todas las metáforas allí.  Los dos estaban perdidos en su pasión, él estaba cautivado con su belleza, ella - con sus metáforas. Más tarde tuve la suerte de ser testigo en su boda. Una semana después yo partí a Chile y, tengo que reconocer que a mi pesar no escuché nada de ellos mucho tiempo. 

Yo volví siete años más tarde, cuando entré en  la casa donde había vivido antes, yo vi el niño de aproximadamente 6 años que estaba jugando a la pelota. Desde cocina yo oí: "¿Pablito, quién ha venido?". Beatriche salió. Yo vi la amargura, feliz, pena, una mezcla de  emociones. Después, ella me dijo todo lo que había pasado antes. Italia tuvo muchos cambios. Los movimientos  huelguísticos de los comunistas, las represiones políticas empezaron en todo el país, incluso en nuestra isla. Después de mi partida  Mario se sintió triste, como si le hubieran cortado las alas. Más tarde Mario decidió noseguir con las manos cruzadas, sus ojos se le encandilaron con las ideas de la igualidad y la justicia. Participó en las entrevistas socialistas, publicó en los periodicos, etc. Una semana antes del nacimiento de Pablito Mario decidió participar en un mitin como poeta, el había escrito su primer poema (Oda al P.N). Toda su familia le pidió que no participara. No los escuchó, él siempre repetía que Pablo lo apoyaría. Durante el mitin los carabineros empezaron el tiroteo. Mario no volvío a casa ese día....




Daria Modina

Amor en la gran ciudad.



¿Has visitado Barcelona en verano? ¿Has visto algo más parecido a un hormiguero que esta ciudad?
Plaza de Cataluña, Las Ramblas, Barceloneta, Parque Güell, Casa Mila... más calor, ruido, conversaciones en todas las lenguas del mundo y las cámaras por todos lados como paparazzi. Desde la madrugada hasta muy avanzada la noche esta ciudad habla, canta, baila, bebe, se rie sin parar.  No hay ningún lugar donde puedes estar sola, pensar, simplemente respirar a pleno pulmón y concentrarte.
Ella, una chica bastante corriente, morena, delgada, estudiante de pedagogìa, lo buscaba... las galerìas por la mañana justamente a la apertura cuando los turistas descansan después de la movida. No era aficionada del arte contemporàneo pero aquel dia eligió MACBA.  Al entrar en  la galerìa sintió un embate del aìre acondicionado, que repentinamente le puso  la carne de gallina. Solamente unos pasos lentos resonaron... y la tos.
´´Lo siento´´ - un joven pidió perdón.
Pasó unas tres horas paseando entre las fotos y esculturas, Bruce Neuman y Cristina Iglesias, y estaría màs y màs si su organismo no pidiera urgentemente una dosis de cafeìna y nicotìna. Se acomodó en una cafeterìa tras una esquina y empezó leer El Paìs cuando su paz fue molestada otra vez.
Este ´´lo siento´´ de un chico tropezando con su silla le pareció muy conocido...del joven en la galerìa.
Alto, bastante desairado y de sonrisa colgante. Era un arquitecto de Nueva York, aquì para encontrar inspiración. La conversacion fue muy natural como entre dos amigos viejos, sobre todo sus lugares favoritos en Barcelona. Ella tenía solo dos y el primero ya lo visitó esteamañana. Pero qué sorprendente puede ser la vista del turista a tu ciudad.
Pensó que sabìa casi todo sobre ese sitio, pero el resto, este ´´casi´´, podía ser tan precioso, podía ver todo de otra manera... A la vuelta de sus ojos verdes que brillaron cuando vieron algo nuevo, a través de sus palmas y dedos cuando señalaba algún edificio, a través de su voz profunda, tranquila y viva.
Gracias a él ella sintió que pudo enamorarse otra vez...de esta ciudad donde el sal saluda cada dìa, donde el mar invita a refrescarse en sus abrazos cariñosos, donde la movida te asegura que eres muy joven y activo, donde puedes enamorarte de repente, justo cuando te dije ´´lo siento´´ y te mire con sus ojos verdes que brillaban tanto.

Eugenia Polushkina