Diario de una Infeliz



Marzo 10 de 1952

El corazón tiene sus razones que la razón no conoce. En algún lado he leído esto que me hace pensar que sea cierto. ¿Sabe el corazón cuándo se aproxima la pena? Son ciertos los presentimientos. Las intuiciones. ¿Qué sé yo? ...
El caso es que una angustia indefinible me apretaba el corazón esta mañana al despertarme. Estuve unos minutos tratando de calmar esa angustia y diciendo a mí misma que todas esas cosas son tonterías. Que fe, miseria y las preocupaciones de cada día son lo suficiente para oprimir el corazón.
Quizás las penas de un ama de casa no sean dignas de comentarse. Y, sin embargo, cuánta paciencia y esfuerzos son necesarios para sacar adelante una familia de cuatro hijos, cuyo padre es un obrero azucarero de la zafra y que en tiempos muertos se pasa los meses rapiñando las pesetas para malamente llenarle la barriga a los muchachos.
Esa lucha por no empeñarse. Y siempre se empeña uno. Porque se le rompen los zapatos a Pepito y hay que cogerlos fiados, no es cosa de que el muchacho pierda de ir a la escuela por falta de zapatos.
Y son $27 con unos centavos lo que le quedan semanalmente a mi marido después de pagar el transporte.
Y hay que pagar lo que se debe, y hay que comer con eso todos los días y comprarse alguna ropa y zapatos porque si no lo hacemos ahora, en tiempo muerto es casi imposible, porque si te los fían, bien caro que te los cobran.
Esta semana tengo que pagar el agua y la luz. Lo que me queda son $6.00. Seis pesos para mantener alimentadas y limpias a seis personas. Y tanto como ensucian los muchachos. Y el empeño mío de que no falten un día a la escuela. Aunque yo me pase la vida haciendo la paloma. Ayúdame, Dios mío...
Decididamente el día empieza mal hoy. Ayer me dijo Pepito que necesitaba un peso para cuadernos. ¿Para qué tantos cuadernos? Le pregunté: Ay, mamá, recuerda que cuando empezó el curso no me pudiste comprar todos los cuadernos que necesitaba en el sexto grado y he estado copiando todas las lecciones en los pocos cuadernos que me compraste. Y hasta en hojas de papel de tienda. Pero tengo que pasar todas las lecciones en limpio para poder estudiar bien cuando lleguen los exámenes.
Le di el peso a Pepito, pensando que hoy no se comerá carne ni arroz en esta casa, para que mi hijo tenga cuadernos donde estudiar. Y pensar que en esta Patria mía, hay un ministerio de Educación con millones de pesos de presupuesto y que de esos millones, mis hijos, los hijos de los pobres, no alcanzan ni un lápiz de cinco centavos. Cinco centavos, un medio... ¿Qué poca cosa es? Y, sin embargo, cuántas veces el medio necesario para frutas en la merienda hay que emplearlo en un lápiz. Pues si las frutas son necesarias para el desarrollo del cuerpo, el lápiz es necesario para el desarrollo de la mente. Y mientras, hay madres que olvidan el lápiz y piensan solamente en el alimento corporal, otras madres, más tontas tal vez, pensamos en la cultura como una forma de procurarle a los hijos una mejor manera de vivir para el mañana. Y digo tontas porque alguien me ha dicho, con bastante razón por cierto, que no vale la pena que un pobre se sacrifique por educar a los hijos porque aquí para todo hay que tener influencias y hay muchos hombres bien preparados sin trabajo, mientras los hijos de los jefes del Central, niños bien que nunca han trabajado ni estudiado mucho tampoco, porque van al Norte y vienen vestidos de una forma extraña y hablando del “lague” y de las “guer” y mascando chicles, esos niños consiguen los mejores puestos del Central, puestos que son muchas veces botellas porque el verdadero trabajo lo realiza un viejo obrero con muchos años de experiencia y que gana un modesto jornal mientras “El Niño" tiene un jornal fantástico.
Mira Caridad, déjate de tantas boberías; por fin tú no puedes resolver nada y ocúpate de tus cosas. Que al que madruga Dios lo ayuda y a mentes preocupadas trabajo duro. Por lo que de un tirón salté de la cama y me dispuse a resolver mis pequeños problemas domésticos, de la mejor manera posible. Después de colar el café, encendí la radio para ver la hora para mandar los muchachos a la escuela porque el reloj se rompió hace meses y estaba esperando la zafra ¡oh zafra bendita...! para mandarlo a arreglar y cuando quiero saber la hora, tengo que poner el radio. Pero... ¿qué le pasa a este maldito aparato que no suena? ¡Ay, Dios! seguro que es un bombillo ¡qué salazón! Ahora voy a estar sin radio por unos cuantos días hasta que pueda mandarlo a arreglar.
Sin radio ni reloj. Bueno, cuando no se habían inventado esos aparatos la gente vivía; nos fijaremos por el sol. Padre sol, te veo algo altico en el cielo, ya deben ser algo más de las siete, y gracias buen sol por no cobrarme por la información.
Después que los muchachos se largaron para la escuela me puse a lavar, restregando con fuerza como si los pobres trapos tuvieran la culpa de las penas que la vida de extrema pobreza nos proporciona.
Pensando en hacer un almuerzo de bajo costo y alto valor nutritivo (como dicen los que escriben en las revistas) me acordé de los plátanos que me trajo mi comadre Nicolasa, ayer cuando vino de compras al pueblo.
Plátanos y naranjas de mi vega, —dice mi comadre con un orgullo tal como si el hecho de que fueran de su vega les confiera a los plátanos y a las naranjas un mérito especial. Y lo tienen para mí, porque al recordar esas muestras de cariño se me despeja la mente. ¡Qué cosa más bella es la amistad! En un día difícil como el de hoy en que todo lo veo negro. El verdor de un pobre racimo de plátanos es como la esperanza de que vendrán días mejores para todos los que como yo luchan a brazo partido con la miseria para criar y enseñar a los hijos de la mejor manera posible.
Ya tengo el almuerzo (plátanos verdes con bacalao). Y como hay que comer frutas en las comidas luego nos comeremos las naranjas.

Esta dichosa manía mía de que mis hijos aprendan; Cuando era niña soñaba con estudiar y estudiar para ser una gran escritora. ¡Pobres sueños ahogados por la realidad! ¿Podrán realizarse en mis hijos? Hasta ahora van bien. Pero el año que viene, ¿qué haré? Ya Pepito termina el sexto grado. ¿Dónde lo mandaré? Tendrá que esperar con los brazos cruzados a los dieciocho años para conseguir un empleo, en el Central, donde trabajará
a lo más cuatro meses al año, y a veces dos meses nada más, y luego todo el año sin tener dónde caerse muerto.
No... y mil veces no... Mi hijo estudiará... no sé cómo, pero estudiara. Ser cultos para ser libres, dijo nuestro
Apóstol. Es necesario ser cultos para librarnos de la miseria.
Porque la miseria es la peor esclavitud.
Cuando se tiene un hijo enfermo y no hay dinero, hay que ir con el sargento político del barrio para que nos consiga un pase para el hospital,  y a veces hasta el dinero de los pasajes. Luego cuando vienen las elecciones tenemos que votar por quien el politiquero nos señale. ¿Podemos pedir a esos políticos que sean honrados, cuando cimientan sus carreras comprando a bajo precio nuestras conciencias? Mi mente salta de mis asuntos personales, hacia los problemas nacionales y es que mis problemas son los de miles de familias cubanas que no tenemos botellas y no somos profesionales- ni comerciantes y solamente tenemos el trabajo para resolver nuestras necesidades ¿Podrá algún día dárseles trabajo a todos Los hombres que quedan sin trabajo en tiempo muerto?
¿Y los que están sin trabajo todo el año? Yo creo que un gobierno honrado puede hacer mucho por remediar la suerte de nuestro pueblo. A pesar de los desengaños que hemos sufrido con políticos en los que el pueblo confió, a pesar de la miseria, de la compra de votos, de la idea de que todos los políticos son iguales y que después que se pegan al jamón se olvidan del pueblo que los llevó y hay que cogerles todo lo que se pueda antes de las elecciones porque después que se van para La Habana, “ojos que te vieron ir...” a pesar de todo una gran parte del pueblo confiamos en un saludable cambio en el manejo de la cosa pública. Esto lo demuestran los surveyes de Bohemia, donde ocupa el primer lugar el Partido Ortodoxo que fundara el inolvidable Chibas ¡Ay Chibas, por qué abandonaste a tu pueblo que tan falto está de hombres honrados! "HAY QUE PONER DE MODA El SER HONRADOS”, dijo Martí. ¿Cuándo se impondrá esa moda en Cuba?
Al pensar en tantos políticos ladrones, le di un estregón tan fuerte a la pieza de ropa que tenía en mis manos que la pobre se hizo bizas. Vuelve a tus cabales Caridad, me dije, tú eres una infeliz que bastante duro te resulta el arreglar tu vida. ¿Cómo vas a arreglar la nación? Ocúpate de tus cosas y deja el mundo correr.
COMADRE... COMADRE... Es la conocida voz del compadre Ulpiano que me llama por la portería. —Pase compadre— le grito. Entra mi compadre echándose fresco con el sombrero y con cara de acontecimientos. ¿Cómo anda la familia? —me pregunta. —Aquí, esperando tiempos mejores— le respondo. —Comay, me dice
con sorna en la voz. ¿Usted no era la que decía que el día de las elecciones a las diez de la mañana ya Agramonte sería el Presidente de Cuba? Pues no hizo falta esperar tanto, ya hicimos elecciones y tenemos un nuevo Presidente. Acostumbrada a las bromas de mi compadre no le hice caso y le dije:
   Que, ¿tuvieron elecciones en la Asociación de Colonos?
   ¿Pero es que usted no se ha enterado aún? Batista entró anoche en Columbia y el Ejército se puso de parte de él. El Presidente Prío aún no se sabe dónde está. Las noticias son muy confusas, dicen que casi todos los jefes provinciales están con Batista, menos el de aquí de Oriente. Santiago esta revuelto.
Algunos locos del pueblo están hablando de irse para Santiago a pelear si es necesario para apoyar el
Gobierno Constitucional...
Mi compadre no continuó hablando, y yo no puede explicar con palabras el efecto que aquellas noticias iban produciendo en mí. ¿Es el corazón el órgano que sufre nuestras emociones? Cierto es. Por lo que lo primero que sentí fue como si el corazón diera un tremendo vuelco y luego se detuvo momentáneamente para emprender un alocado galope dentro del pecho.
Mi compadre había empezado a hablarme con una sonrisa sardónica, pero al darse cuenta del tremendo efecto que sus palabras hacían en mí, acabó sus explicaciones con pena de amigo que se duele de la desgracia del amigo.
¡Caramba, comadre, no se ponga así! —me dijo al ver que yo no acertaba a hablar. Si sé que le iba a causar ese efecto, no le cuento nada. Mire, usted sabe bien que para mí "EL MULATO es el hombre.
Que me alegro de lo que ha hecho. Pero pase lo que pase, aquí nosotros tenemos que seguir siendo amigos. Porque allá los grandes se entienden y nosotros siempre seguiremos igual, yo cuidando de mis cuatro cañitas, usted en la lucha de su casa y sus hijos. Y con un gesto de pena y algunas frases de aliento mi compadre se despidió de mí.
BATISTA EN COLUMBIA. BATISTA AMO DE CUBA, otra vez. Estas frases me martillaban en el cerebro, sin encontrarles un significado cabal, como si la razón se negara a admitirlas.
No sé cómo acabé de lavar, e hice el almuerzo, sólo sé que tomé un té de resedá y me acosté, pidiéndoles a los muchachos que se fueran a jugar al fondo del patio porque me dolía la cabeza y no quería bulla.
Me despertaron las voces preocupadas de mi íntima amiga Ramona López y su bonachón esposo el español José Fernández. Cuando abrí la puerta caímos una en brazos de la otra, las preguntas se cruzaban sin que nadie las contestara. ¿Sabes las últimas noticias? ¿Lo que ha hecho ese canalla de Batista? Ramona en el colmo de la indignación dijo que esto no se podía quedar así, que el pueblo de Cuba sabría darle su merecido a los traidores.
Para calmarla, su esposo le aconsejó que no había que tomar las cosas tan a pecho, que esos eran asuntos de políticos, a lo que ella replicó que los mambises no habían luchado pura que la Patria estuviera a merced de cuatro militares ladrones y asesinos.
Tú siempre con tu Patria, le replica el esposo. Yo también quiero a mi tierra y ya ves qué lejas voy a morir de ella. No está en manos de nosotros, los pobres, el destino de nuestro país. Tú vives en el tuyo y sufres por su causa, yo sufro por la mía que tal vez nunca más veré.
Entre comentarios y lamentaciones e interrogantes de ¿Qué pasará ahora? se fue pasando la tarde, hasta que José le dijo que estaba bueno ya de lamentaciones y pensar en echarle algo al estómago, eso me hizo pensar que, aunque mi estómago no me pedía comida, mis hijos, que habían estado toda la tarde jugando felices en el patio, sí la necesitaban. Infancia dichosa. Quizás ésta sea la única felicidad que existe sobre la tierra.
Antes de seguir contando mis impresiones del día de hoy, voy a contar aquí una anécdota que demuestra los sentimientos patrióticos de mi vieja amiga Ramona. Ella y su esposo viven solos porque nunca tuvieron hijos.
Pero nunca están solos este par de viejos bondadosos que son mis mejores amigos. Tienen sus pequeñas propiedades que le dan lo suficiente para sus modestas necesidades. Entre ambos cultivan el patio de su casa que es, a la vez, jardín, hortaliza y pequeña farmacia. ¿Que si alguien tiene dolor de barriga? A casa de Ramona a buscar yerbabuena, toronjil o romero. ¿Que están malos de los ojos? Ramona tiene vicaria, que las flores hervidas son magníficas para la vista. Los pobres no podemos ir con el médico por cualquier cosa. ¡Con lo caras que están las medicinas!
Las hortalizas que cultiva el buen amigo José son famosas en todo el barrio y lo mejor que tienen es que llegan a nuestra mesa sin costamos nada. ¡Cuántas veces las lechugas y los tomates de José han puesto un poco de frescura, color y alegría en nuestras pobres comidas!
Pero he querido contar una anécdota y estoy contando la historia entera de los personajes.
El caso es que en una esquina del patio de la casa de Ramona, nació una palma real. Ella la veía crecer con alegría, pues veía en la palma el símbolo de la Patria. Pero al bueno de José se le ocurrió un día cortar la palma porque le hacía sombra a sus hortalizas. El berrinche que “montó” Ramona hizo época.
   Sí, claro, decía, en el colmo de la indignación, como él es español no siente las cosas de Cuba, él no comprende que para mí una palma es algo sagrado.
Su ira sólo se aplacó cuando el bueno de José sembró dos palmas a la entrada de la casa.

Creo que nunca seré una buena escritora, pues cuando empiezo a hablar de un personaje no tengo para cuando acabar. O tal vez sea que mi mente se recrea en recordar los pequeños detalles de mi humilde vida pueblerina, para olvidar la pena y el bochorno que ha caído sobre la Patria.
Después que mis amigos se marcharon fui al bar del Central a comprar un poco de leche para improvisarles una comida a los muchachos. Al entrar me sorprendió desagradablemente oír el “Traganikels” tocando a toda voz una alegre tonada. Un grupo de hombres y mujeres sentados en las mesas entre bromas y risas; bebían
— los hombres, ron o cerveza, y las mujeres comían dulces o helados. Le pregunté al dependiente de cómo era posible que un día como hoy, hubiera tanta música y alegría, a lo que el dueño me contestó que en las primeras horas de la mañana él se había dirigido al sargento del pueblo a preguntarle si sería conveniente abrir el establecimiento. El sargento le contestó que estuviera abierto como siempre porque las noticias eran muy confusas y que más adelante se vería qué hacer.
-   ¿Bueno, y esa gente no sabe lo que está pasando? Sí, lo saben, pero no les importa —me contestó mi interlocutor.
Ellos saben que suba quien suba ellos están siempre en las mismas condiciones. Pasando hambre todo el tiempo muerto, a medio comer en la zafra. Hoy hubo pago en su colonia, han venido al pueblo a comprar y se están dando el lujo de dulces y helados ¿Por qué amargarles la fiesta?
Estos razonamientos me los hice mientras me despachaban. Porque la verdad es que cuando entré en el bar me dieron deseos de darles un sermón a esa pobre gente, que en momentos tan tremendos que cruza la Patria, escuchan música y beben con tanta alegría.
   Reflexiona, Caridad. ¿Qué le puedes tú decir a esta gente? ¿Que Batista se hace el amo de Cuba? Bueno.
¿Y qué? Si supieran contestar te podrían decir. Nosotros no somos amos de nada. No somos amos de los ranchos o barracones donde vivimos porque son del Central, no somos 'amos de un pedazo de tierra. Muchos teníamos buenos pedacitos de tierra, pero cuando a la compañía se le ocurrió nos lo quitó porque hacían falta para sembrar caña. Nos tenemos que sentir dichosos cuando nos dejan sembrar en las guardarrayas. Porque hay años que ni, eso. ¿Qué nos importa a nosotros quién sea el que gobierne a Cuba?
Pobre Patria mía... Cuando muchos confiábamos que tu destino cambiaría en manos de gobernantes honrados, viene un equipo de ladrones armados y te asalta, amparado en las sombras de la madrugada. Salí del bar para la casa de Ramona a ver si tenía alguna noticia nueva y me la encontré llorando porque ya el Cuartel Moncada se había sumado al cuartelazo.
Santiago de Cuba, según me informaron, había sido durante las horas del día, la esperanza de los que creían que el pueblo no podía aceptar indiferentemente el artero cuartelazo.
Muchos estaban dispuestos a ir para allá a luchar si era preciso, pero en las últimas horas de la tarde se supo que el jefe había sido hecho prisionero, y el cuartel estaba en manos de los “batisteros".
Decididamente no está en poder de los seres humanos el adivinar el futuro, porque yo me rompí la cabeza pensando cuál será el porvenir que le aguarda al País de ahora en adelante y todo lo veo negro. Debe ser más de medianoche. Regresé temprano a la casa, pero como la olla de grillos que tengo en la cabeza no me deja dormir y el marido tiene turno de noche en el Central, me he puesto a escribir todas las impresiones que
he sentido en este nefasto día.
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En mis dos salidas a la calle en el día de hoy me he encontrado personas alegres ¿Por qué no decirlo? ESE
ES EL HOMBRE, me dicen a boca llena. Y para mi es el peor insulto que pueden hacer de la hombría.
¿Cuándo es un hombre más hombre que los demás? ¿Cuándo pisoteando la voluntad del pueblo asalta el poder en feroz afán de poderío y riquezas?
Lo peor es la alegría que demuestran la mayor parte de los guardias por la hazaña del “Hombre", o del Mulato, como le dicen otros.
También hay los politiqueros que en el pasado gobierno del general tuvieron sus chupetas de todos tamaños, desde la alcaldía 1 de barrio hasta un puesto importante en el municipio. También hay el dueño del banco de bolita, que cuando Grau subió al poder vio mermados sus patrióticos negocios por la persecución aparente que se le hizo a la bolita. Y digo aparente, porque parece que el bolitero del pueblo no podía competir con los grandes banqueros que si continuaron tirándola todos los días.
Pero a pesar de todos estos tipos que he mencionado, en la mayoría de las caras que he visto hoy, he encontrado las mismas muestras de tristeza y desconcierto que debe tener mi cara.
“A ochenta, días de unas elecciones y que este hombre venga a hacer esto", exclaman muchos. Mis manos que restregaron tanta ropa esta mañana ya no pueden escribir más. La fatiga misericordiosa me pide la cama. Dormir, dormir, acaso cuando despierte mañana esto de hoy no sea más que una pesadilla. Pero antes de irme a la cama voy a escribir aquí un hecho del día de hoy que me emocionó profundamente.
Hay en el pueblo un jovencito mudo. Es un gran “ortodoxo”. Cuando la muerte de Chibas lo vi llorar sin consuelo. Como a eso de las doce del día llegó a mi casa con un papel que decía: “Batista está en Columbia y tumbó a Prio”. Me enseñó el papel y me preguntó, por señas, que si eso era verdad, yo le dije que sí, y entonces me explicó,- por señas desde luego, que él también cogería un revólver y se iría a pelear en contra de Batista.
¡Pobre mudito! ¿Cómo comprenderá él las cosas del País?
Hasta mañana, diario mío. Quizá en estos días siga emborronando cuartillas. Es una forma de entretenerse como otra cualquiera. Unos beben, otros fuman para disipar las penas. Yo desahogo mi dolor y mi impotencia escribiendo aquí.
Aunque tal vez la peseta que tengo para una caja de polvo tenga que emplearla en comprar papel. Continuaré escribiendo.
Serán recuerdos para mi vejez.
Carmen Lovelle Guerrero

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