пятница, 1 марта 2013 г.

Una historia muy rusa.


Escribir algo sobre el amor… Es muy fácil y muy difícil. No hay una  definición concreta de qué  es el amor. ¿Besos? ¿cariño? ¿sonrisas? ¿o, al contrario, lágrimas? ¿dolor? ¿despedidas? ¿celos?
 Quiero contar una historia que me parace muy rusa.
Ellos se conocieron en 1935. Tenían 18 años. Eran  estudiantes de la Universidad de Moscú, de la facultad física. Lev y Svetlana. Ese tiempo era para ellos el más feliz, despreocupado y alegre. Pero en ese período mucha gente estaba acusada y se encontraba en las cárceles. Entre ellos había una buena parte de los científicos soviéticos. Por suerte, eso no tenía que ver con nuestros héroes. Todo estaba bien y ellos eran inseparables.
 En junio de 1941 terminaron su enseñanza. Pronto comenzó la guerra. Lev se fue al ejército como voluntario. Poco tiempo después se encontró en el cautiverio y más tarde en el trabajo obligatorio en Alemania. El trabajaba como intérprete en una zona grande industrial donde había soldados rusos. Lev probó huir pero sin éxito. Le trasladaron al campo de concentración Bukhenvald. Los años de guerra fueron terribles pero pudo sobrevivir.
 Svetlana durante todo ese período trabajaba en una fábrica militar en Moscú y en Asia Central en la evacuación. Pasaba hambre, frío y no sabía nada de su amigo.
 Cuatro años más tarde el  horror terminó. Todos esperaban que la vida se hiciera más ligera y más feliz. Para muchos esas esperanzas se volvieron realidad. Aunque no para todos.
 Lev era un físico joven y talentoso y los americanos le invitaron a vivir y continuar sus investigaciones en Estados Unidos. Pero él quería ver a su familia y a su novia. Al volver a  la Unión Soviética  fue acusado de colaboración con los fascistas. Un juzgado que duró solo 20 minutos le dio 10 años sin derecho de  correspondencia. Le llevaron al Norte a un campamento, donde la temperatura en invierno estaba sobre 45 grados bajo  cero, donde el rio estaba abajo hielo 9 meses por año. Y los presos trabajaban 12 horas diariamente……..
 Svetlana no sabía nada de él. Ella continuaba trabajando y esperando. Era una chica joven y atractiva y por esa causa  atraía a los hombres, pero su corazón estaba ocupado  para siempre.
 Inesperadamente ella supo que él estaba vivo. En julio de 1946 ella  le escribió su primera carta. El la recibió dos meses más tarde. Como no podía usar el correo, contaba solo con la ayuda de los trabajadores de esta zona que le compadecían. En total fueron 1200 cartas, cada de las cuales era un acto heroico y delito al mismo tiempo. Todas estaban llenas de amor, aunque esa palabra se encontraba raramente. Ellos pensaban cada expresión. Cada palabra significaba tanto y era tan peligrosa para ambas. Pero es imposible prohibir amar al corazón. Ellos trataban de cuidar, proteger y apoyar uno a otro. Ellos tuvieron solo cuatro citas durante estos 10 años. Con grandes dificultades ella llegaba a verlo. A escondidas, continuamente esperando un fracaso, muerta del miedo ella arribaba a su campamento llevando los productos que había podido ahorrar de su ración pobre.
Tantos años él  la miraba ………  solía verla en sus sueños alegre, ligera, riendo y aunque ahora ella no se parecía a la chica de sus sueños,  el no veía la diferencia. Esta era su  Svetlana.
  Le liberaron en 1954, un año después de la muerte de Stalin. Ellos se casaron a la edad de 38 años. Tuvieron un hijo y una hija. Vivieron juntos 50 años más hasta su muerte. Y guardaban sus cartas  como un verdadero tesoro, porque no tenían nada mas valioso.
 Eso fue un verdadero amor.  No un amor llamativo, rico, brillante. Su amor fue  silencioso, cuando los sentimientos no son para todos, ellos viven en los corazones. Y no se someten al tiempo y las circunstancias.

 Liubov Mavrina


En memoria a todos los que pasaron por esa experiencia inhumana y aún se encuentran en cautiverio.

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