Diario de una Infeliz (Mi abuela predice el futuro)



Septiembre 13 de 1952.


La mujer es un animal de ideas cortas y cabellos largos. Yo, que tantas veces me he indignado al oír esta frase, ya creo que tuvo razón el que la dijo.
Otras veces creo que más razón tuvo el que dijo que las mujeres son seres de más sentimientos que pensamientos.
Porque debemos dejarnos llevar por nuestros sentimientos, porque los pensamientos nos pueden hacer mucho daño.
¿Que nos viene un hijo? Con cuánto amor nos prepararemos a recibirlo. Si es varón, será bueno e inteligente como Martí. Si es hembra, será linda y dulce. ¡Le gustará la música y aprenderá piano! ¡Es tan bello arrancar lindas melodías de ese instrumento!
O será maestra, una maestra que amará a los niños y se afanará por darles a todos el pan de la enseñanza. Y con estas ilusiones se arrulla la espera.
Pero hoy pobre mujer, no mires a tu derredor. Porque pueden morir tus dulces ilusiones. No contemples la miseria que acompañará a tu hijo desde antes de nacer. Quizás sea muy inteligente tu niño. Pero, ¿con qué contarás tú para desarrollar esa inteligencia?
Cuánto ahorro y trabajo no significa para una humilde madre de familia el solo hecho de que sus hijos puedan asistir todos los días a la escuela. Muchas veces se les rompen los zapatos y no hay con qué comprar otros. Y los cuadernos y lápices.
Cuando las niñas llegan a la edad de doce años más o menos, tienen que quedarse en la casa ayudando a la madre, y los varones tienen que trabajar para poder comprarse sus ropitas
y muchas veces para ayudar a la familia a comer.
Y luego cuando el muchacho crece, ¿dónde buscar trabajo? Porque para conseguir un trabajito hay que tener tres padrinos en el cielo.
Porque aquí ya nada más viven bien, los jugadores, los militares, los politicastros y los chulos. Los chulos sí, porque se ha desatado una moda de “meseras”, mujeres trabajando en bares que al mismo tiempo que despachan, bailan con todos los clientes que estén dispuestos a echar un nickel en la victrola. A la mayor parte de estas mujeres las controlan los guardias.
La corrupción llegando hasta el último rincón del país. Porque estoy viendo a muchas guajiras que empujadas por la miseria van a trabajar a esos bares. El trabajo es fácil y se pueden comprar todos los vestidos y adornos con que sueñan las jóvenes. Así se inician en el vicio del alcohol, porque tienen que acompañar a los clientes en las libaciones. Aprenden a fumar, y por ese camino llegan a la mayor desmoralización. Pobres mariposas de los campos de mi Cuba, al igual que las mariposas, sois flores de un día.
Cuando un gobierno corrompido se hace dueño de un país, corrompe hasta e1 último rincón do la vida nacional.
Encenegados en todos los vicios, no vemos los males que de ellos se derivan para la Patria y no tratamos de ponerles remedio a esos males.
El hambre nos hace pasar la noche soñando, y al otro día “cabalamos” lodos los sueños con el dinero de la comida. Dinero que va a manos de los opulentos banqueros. Al bolitero, le loca una mínima parte. El bolitero es un pobre diablo que se ayuda a mal vivir, vendiendo la bolita, y esquilma a sus vecinos, tan pobres diablos como él. Yo he visto, madres de familias que han apuntado una mañana todo el dinero que disponían para el almuerzo. Y como no han ganado nada, ese día los hijos se han acostado con un poco de agua de azúcar en las barrigas.
También hay mujeres enviciadas. Las he visto amanecer con solamente 10 centavos en las manos, los cuales, en vez de comprar un pan, han empleado en una caja de cigarros, porque sin cigarros no pueden estar. No importa que los muchachos no tengan qué comer.
Malo es el vicio entre los hombres. Mil veces peor es entre las mujeres. Porque somos las mujeres las guardianes de la familia, las guías de los hombres y mujeres del día de mañana. ¿Qué clase de generación estamos preparando para el futuro?
Los otros días estuve hablando con Miguelito, el hijo del médico del pueblo; es un muchacho que terminó la primera enseñanza, y a pesar de los esfuerzos del padre no quiere seguir estudiando. ¿Para qué estudiar?, me dijo. ¿Para ser un pobre médico del pueblo como mi papá, que la mayor parte de las veces no cobra su trabajo porque sabe que los clientes no tienen con qué pagarle? Mi tío Pedro, que no estudió, es banquero de bolita y está riquísimo. O mi primo Eduardo, que es un político que se sabe mover y siempre "está en la papa”.
No supe qué contestarle a Miguelito.
Carmen Lovelle Guerrero


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