понедельник, 10 октября 2016 г.

LA CIUDAD DE TU INFANCIA



Este es el primer cuento que estamos traduciendo en el taller de traducción del instituto Cervantes de Moscú


Por Yoss
En alguna parte existe
una ciudad silenciosa como el sueño
donde el polvo pesado llega hasta el pecho
y en un río lento el agua es como el cristal
En alguna parte existe
Para Dania.                                                                           una ciudad donde se está al abrigo
Por la distancia y la nostalgia.                                               Nuestra infancia lejana transcurrió allí

(…)tras algunas prometedoras primeras medidas de corte democrático adoptadas pocos días después del golpe de estado interino del pasado año, en el que logró derrocar a su hermano menor Kim Jong-Chul, designado sucesor oficial por su padre Kim Jong-Il a su muerte en 2012, Kim Jong-Nam finalmente muestra su verdadero carácter, revelándose como “todo un Kim”.
El dictador norcoreano en funciones sorprendió desfavorablemente ayer a los que aún confiaban en que con su entronización hace menos de un año Pyong Yang y sus armas nucleares dejarían al fin de ser una amenaza para la paz mundial y la humanidad.
Al revelar públicamente la existencia y operatividad de al menos 100 misiles balísticos del tipo intercontinental multiojivas Yi Sun-Sin, con lo cual la capacidad de respuesta atómica del país igualaría la de potencias nucleares menores como la India, Pakistán, Inglaterra o Francia, y conminar al gobierno de Seúl a “dimitir y entregar las riendas del país a su pueblo, que siempre ha aspirado a unificar las dos Coreas bajo la guía del socialismo y la idea Juche”, el líder de Corea del Norte virtualmente ha declarado la guerra a Corea del Sur. Una guerra, que, técnicamente, nunca ha cesado, pues ambas naciones comparten la frontera más fortificada del planeta.
 Detenido en 2001 en el aeropuerto de Tokio con un pasaporte falso, al nieto mayor de Kim Il-Sung se le supuso por más de una década tranquilamente confinado en una prisión japonesa para extranjeros… hasta que, el pasado año,  para sorpresa del mundo, reapareció encabezando la que se ha dado en llamar “conspiración de los generales”, por la gran cantidad del altos cargos del ejército norcoreano implicados en la rebelión, aparentemente descontentos por la política dictatorial y de aislamiento de Kim Jong-Chul, que sólo continuaba la de la línea dinástica de su padre y abuelo.
Pero con esta declaración, perfectamente acorde con la tradición norcoreana de intransigencia y agresividad contra Occidente, el nuevo líder de Pyong Yang desmiente de plano a todos los que consideraban su “pequeña revolución palaciega” como una simple jugada política orquestada por la CIA.
Por su parte, Jing Song-Bak, presidente en funciones de Corea del Sur, ha declarado su firme intención de “no ceder ante el chantaje nuclear”. La presidenta de los EUA, Hillary Clinton, le ha ofrecido todo su apoyo; China y Rusia aún no se han pronunciado al respecto, si bien tanto Moscú como Beijing amenazan con duras represalias a la primera nación que emplee armas nucleares y/o químico-bacteriológicas, como en varios ocasiones anteriores ya ha manifestado Pyong Yang su intención de hacer si fuese preciso(…) 
*****
-¿Qué tal, Dania? ¿Cómo va la vida? Nerviosa… supongo. Bueno, todo irá bien. Yo soy Vladimir, médico neurólogo, y seré tu monitor en la prueba.
Vaya, qué honor. El famoso Vladimir Diéguez, director del ultrasecreto proyecto Ciudad de tu Infancia.
Me lo había imaginado diferente. No tiene un aspecto muy tranquilizador, pese a toda esa jovialidad que me parece tan falsa como un dólar impreso en papel sanitario. Es alto y muy flaco, desgarbado; más parece un adolescente tímido que intenta aparentar plena autoconfianza que el brillante científico que todos dicen que es.
Bueno, las apariencias engañan. Seguro que yo tampoco tengo el aspecto de ser la última esperanza de Cuba.
Vladimir se afana con varios instrumentos de los atestados paneles, dándome la espalda. Me fijo en su cráneo por completo desnudo, que tal vez pudiera parecerle sólo meticulosamente afeitado a cualquiera que nunca hubiera visto de cerca lesiones por radiación. Pero no es mi caso: tras ser testigo de cómo mi madre se pudrió en vida, nunca confundiría la sombra grisácea de los cañones del cabello sano que trata de emerger con estas manchas azuladas de tejido necrosado.
Además, tampoco tiene cejas, ni pestañas. ¿Qué dosis habrá recibido cuando los ataques? No le queda mucho tiempo de vida, y él debe saberlo, así que mejor hablar de otra cosa.
Sobre todo porque, en realidad, a ninguno de nosotros nos queda mucho tiempo.
-Vladimir… ah, mucho gusto. Por cierto ¿cuántos años tienes? Pareces muy joven para ser de esa generación…
Halagarlos siempre ayuda a que se relajen. Y necesitamos relajarnos, ambos.
Me mira con sus ojos, de un verde imposible. Con ojos como esos, cualquier mujer podría enamorarse de él sin fijarse en su cuerpo.
No, no “podría”; “habría podido”. Antes. Ahora no queda tiempo para el amor. Sólo para la muerte que campa allá afuera por sus respetos… y la desesperada lucha contra ella de los que no nos rendimos a su omnipresencia, aquí dentro.
Tiene los incisivos separados, lo que le confiere un aire decididamente pícaro cuando sonríe. –Gracias por el piropo, pero tengo más años de los que demuestro. Ya era asistente de laboratorio del Doctor Herrera en Filadelfia en el 2018, cuando logró estabilizar al primer sujeto. Y antes de que te preguntes cómo acabó este cubanito allá, te diré que me fui por el Mariel en 1980, y que también nací en los 60, cuando los nombres rusos estaban de moda. Y mis padres nunca estuvieron en la Unión Soviética, como los tuyos. Porque sé que tú naciste allá en Rusia…
-Bueno, exactamente en Bielorrusia, que ahora es… era Belarús. Imagino que ya lo sabes todo de mí ¿no?- reconozco, ligeramente molesta por la circunstancia.
Se encoge de hombros, con lo que logra parecer de repente un muñeco de cuerda maltrecho, y me indica el sillón con un ademán que tiene a la vez de orden y súplica: -Lamento si te molesta la falta de privacidad, pero… era mi trabajo saberlo. Y también conozco bien La Habana; creemos que puede mejorar los resultados del experimento si te guío en… determinados momentos clave. Herrera decía que ayudaba a definir la estructura neural. Pero vamos; no tenemos mucho tiempo.
Otra vez la prisa. Sí… definitivamente todos nosotros, este país y este planeta nos hemos quedado sin tiempo. Nos lo robaron las bombas. Las coreanas, las norteamericanas, las rusas, las chinas, las pakistaníes, las hindúes…
Lo peor es que estoy segura de que si aquí hubiéramos tenido las nuestras, también las habríamos utilizado sin dudar un segundo…
Dale a alguien la llave de un cuarto cerrado, y tarde o temprano lo abrirá…
Pero mejor no pensar en eso. Total, si ya no tiene remedio.
Como en las pruebas preliminares, semanas atrás, me acomodo con decisión pero sin brusquedad sobre la ancha poltrona forrada en cuero. Cuero auténtico, tal vez el último de toda Cuba. Ni en los búnkers del Comité Central debe haber ya otra silla como esta.
Supongo que no; ahí fue donde impactaron los primeros misiles.
Tras dudar un instante, me quito el gorro tejido y apoyo sobre el mullido reposacabezas mi cráneo, desde ayer tan desnudo como el de Vladimir. Aunque no por las mismas razones, por suerte: es sólo que me advirtieron que cualquier rastro de cabello podría dificultar el contacto de los neurotrodos con la piel. Y si ya accedí a esto ¿qué me costaba pasarme la navaja?
Igual son muchos los que miran casi con odio en los túneles por mi cabello ileso, mientras a ellos se les cae a mechones.
El me va colocando los trodos con manos diestras, pese al ligero temblor que las embarga. Los anillos de cinta adhesiva me hace cosquillas al pegarse, pero puedo soportarlo… por momentos es hasta agradable que me toque de nuevo un hombre, tras tanto tiempo.
Aunque seguro que está casado y tiene hijos y todo. O lo estuvo, que no es lo mismo, pero sí igual. En la concreta, ya no han quedado aquí abajo muchos hombres disponibles… y menos que valgan la pena.
-Lástima que tuvieras que afeitarte la cabeza; a juzgar por el color de tus cejas, debiste tener un pelo espléndido- comenta mi monitor, con admiración en la que creo detectar un leve fondo de envidia ¿o sólo lo imagino? –Bueno, grandes logros merecen pequeños sacrificios: ya te crecerá otra vez… aunque de todas maneras, al menos tu imagen en la neurosimulación tendrá el cabello que siempre tuviste.
-¿Con canas y todo? Ya no soy una niña- intento patéticamente coquetear, para disimular mi nerviosismo.
Hasta que me doy cuenta de que a estas alturas no tiene sentido. Este hombre con aire de muchacho, mezcla de científico y adolescente, me conoce demasiado bien. Y pronto, si todo va como se espera y logramos replicar el famoso experimento de Herrera, conocerá cosas mías que nunca antes nadie ha visto.
El y todos los demás…
-¿Las canas? Bueno, eso depende de si te gustaban o no- responde Vladimir, distraído, comprobando un sinfín de captadores. Luego suspira, y de repente se transforma en todo un profesional: -La presión arterial está OK, el electroencefalograma también, no hay ondas parásitas… cuando estés lista, mi niña.
Qué gracioso. Me la juego que es por lo menos 5 ó 6 años, si no más, más joven que yo. Pero el machismo leninismo impone sus reglas: él es el que sabe, yo sólo soy la niña ignorante y frágil. Aunque ya esté más cerca de los 50 que de los 40.
¿Será verdad que me necesitan tanto? Y, sobre todo ¿que no hay riesgo?
-Dime una cosa, Vladi. ¿Por qué yo?- pregunto, por enésima vez, mientras él me envuelve solícito brazos y piernas con las correas de sujeción, para insertarme la aguja de la jeringa  en el pliegue del codo y bombear suavemente a mis venas la mezcla somnífera.
-Avísame cuando sientas que te empiezan a pesar los párpados- me advierte, muy serio, y luego me mira con sus ojos imposiblemente esmeralda: -Porque la Patria y la Revolución… o lo que queda de ellas, lo necesitan. Porque si no logramos reducir el consumo de oxígeno y alimentos en los refugios al mínimo, y bien pronto, todos los sobrevivientes de esta Habana real moriremos antes de que se disipen afuera la radiación y las nubes de polvo. Porque, según los sondeos, eres la única que queda entre nosotros cuyo cerebro tiene los armónicos cerebrales alfa y theta necesarios para estabilizar una neurosimulación coherente de la ciudad que nos permita a todos esperar hasta el final del invierno nuclear aquí adentro y sin enloquecer. Y ¿riesgo? Alguno hay… los otros que lo intentaron antes… bueno, esto se supone que es secreto, pero a ti te lo podemos decir: a ambos los mantenemos aún con vida, pero están en coma. En cierto modo, nunca regresaron. Espero que tú tengas mejor suerte, claro.
Qué tranquilizador ¿no? Y sin embargo, ya estoy más relajada. ¿Será el efecto de la verdad? ¿o la droga? Pero… me estoy muriendo de sueño
-Quizás no tenían… ganas de regresar- aventuro aún, entre bostezos. Pero aún no cierro los ojos.
-No los culpo -acota mi monitor –si yo pudiera, tampoco regresaría. La verdad es que eres nuestro último cartucho; si esto no sale bien, estamos jodidos…
-Pues que no se diga… que al menos no lo intenté…-murmuro, ya relajando mis pesados párpados y apretando los labios para no enseñarle hasta la campanilla en otro bostezo –Vamos entonces, que para luego es tarde… ya me estoy yendo.
No lo veo mover ninguna palanca o interruptor, ni hay nada que me cubra los ojos, pero de repente todo se vuelve oscuridad. Una somnolienta negrura rota sólo por una lejana chispa luminosa ¿la luz al final del túnel?, y la voz de Vladimir en la distancia.
Ahora me parece diferente. Más profunda, y ya no coloquial, cubanísima, sino neutra y a la vez segura… profesional.
Soporífera. Tranquilizadora de veras. Así mismo debe sonar la voz de un gurú tratando de inspirar confianza a sus adeptos, se me ocurre. O la de un locutor de radio leyendo un comunicado de importancia histórica a una audiencia nacional.
-Concéntrate, Dania... y deja que fluyan tus recuerdos. Concéntrate en la ciudad de tu infancia, y avanza hacia la claridad. Tú puedes hacerlo; sé tú misma el resplandor que borra las tinieblas…
*****
(…)”lo que constituye un trascendental avance en  la larga batalla por desentrañar los mecanismos del cerebro humano” anunció ayer en rueda de prensa el Doctor Julián Herrera, desde el Hospital General Thomas Jefferson de Filadelfia. Aunque fue reacio a abundar en detalles, el neurofisiólogo norteamericano de origen cubano y Premio Nobel en Medicina y Fisiología del 2018 declaró que “finalmente hemos logrado insertarnos de modo estable en el escenario mental generado por la actividad onírica de un sujeto experimental en estado de duermevela, y recorrerlo durante el lapso de algunas horas. Es un pequeño paso para nosotros, pero un gran paso para el conocimiento de esa terra incognita que es del cerebro humano”.
Grandes trasnacionales del entretenimiento, como la Disney, la Microsoft, la SONY y la Nintendo Games han manifestado ya su interés en el nuevo descubrimiento, que podría revolucionar  de forma drástica la industria de los juegos, tras largos años de estancamiento en el limitado paradigma del biofeedback. Todo esto pese a que el doctor Herrera insiste en que los trabajos aún no rebasan las fases preliminares y hay todavía que analizar muchas y muy complejas variables relacionadas con la estabilidad del enlace, los patrones de conectividad individual y la capacidad de retorno(…)
*****
            LA CIUDAD DE TU INFANCIA… LA CIUDAD DE TU INFANCIA.
Qué interesante. No estoy despierta ni dormida, sino ambas cosas.
O ninguna de las dos.
Así parece fácil… dejarme llevar por la voz de Vladimir, avanzar hacia la claridad, ser la luz, borrar las tinieblas, irlas llenando con la luz de mi recuerdo para crear la neurosimulación en la que todos puedan alojarse mientras sus cuerpos permanecen en anabiosis, criogenia o cómo quieran llamarle… en realidad, congelados, sin consumir apenas aire ni alimentos, con lo que su oportunidad de sobrevivir hasta que las cosas mejoren aumentará notablemente…
Si es que alguna vez mejoran las cosas, claro.
Tengo que soñar La Habana y para que otros puedan refugiarse allí.
Dibujar en mi mente con recuerdos una Habana virtual. Recuerdo el color del sol, esta luz casi dolorosa del trópico, las aceras rotas, los flamboyanes, el humo del escape de los autos americanos viejos mil veces reparados con piezas de mil diferentes procedencias, los marpacíficos, los álamos de hojas acorazonadas, los edificios semiderruidos tras medio siglo sin mantenimiento, el piar de los gorriones en los amaneceres…

Pero algo no funciona, lo sé: el punto de luz no crece, y aún no siento mi cuerpo. Así que empiezo a inquietarme.
CALMA, DANIA, CALMA. NO TE ESFUERCES, PERMANECE TRANQUILA. TU PUEDES HACERLO, LO SABEMOS: CONCENTRATE EN EL PROCESO, NO TE DILUYAS EN LOS OBJETIVOS. DEJALO QUE FLUYA. NO ES LA CIUDAD REAL EN LA QUE HAS VIVIDO TODA TU VIDA, SINO EL MUNDO PERFECTO DE TU INFANCIA… ES ESE EL QUE NECESITAMOS. MAS CLARO, MAS LIMPIO.
Gracias, Vladi ¿Limpio? Habana, mi Habana… el fango de los salideros por las cañerías rotas en las calles agujereadas por los baches, el hedor de los latones a los tres días sin que pase a buscarlos el camión de la basura…
ALTO, DANIA, ESTAS VERBALIZANDO. DEMASIADO CONTROL MENTAL. PERTURBAS TUS ARMONICOS. NO VA A FUNCIONAR ASI. TE DIRE UN SECRETO: HERRERA DECIA QUE TENIA QUE SER COMO EL ZEN… MIENTRAS MAS PIENSES EN ESO MENOS LO LOGRARAS. TU NO LANZAS LA FLECHA AL BLANCO, DANIA; TU ERES LA FLECHA, Y TAMBIÉN EL BLANCO. NO IMAGINES LA HABANA DE TU INFANCIA; RECUERDATE EN ELLA, HERMOSA Y PERFECTA COMO ERA PARA TI ENTONCES. IMÁGENES, NO PALABRAS.
La ciudad de mi infancia… limpia, hermosa, perfecta.
Imágenes y no palabras.
¿Limpia?
¿Hermosa? ¿Perfecta?
CONFIA EN MI. YO SOY TU MONITOR, Y TE AYUDARE… PERO TIENES QUE HACERLO TU. ERES LA UNICA QUE QUEDA ENTRE NOSOTROS QUE TIENE EL PODER, LOS TESTS NO SE EQUIVOCAN. CONCENTRATE, DANIA.
Limpia… limpia.
Un destello blanco.
Claro, eso es…
Limpia como la nieve, como los muros acumulados a ambos lados de la acera tras el paso de los quitanieves. Fría y silenciosa, porque la nieve absorbe los sonidos… y el destello crece y de repente el cuerpo me pesa, y hasta siento al aire helado mordiendo mis pulmones.
Invierno.
Helado, limpio, blanco y suave como la nieve acumulándose en grandes copos sobre las ramas desnudas de los robles dispersos por toda la ciudad, envolviéndola en un anillo de troncos rectos, que separa los edificios construidos por los alemanes del agua del Volga y el Moscova. Es un agua que corre a la vez lenta y poderosa, invencible bajo la costra de hielo que ni en lo más duro del invierno llega a ser lo bastante gruesa como para poder patinar encima sin peligro de caer.
ESPERA, DANIA… ALGO ANDA MAL… ¿INVIERNO, NIEVE? ESTO NO PUEDE SER LA HABANA…. TAL VEZ DEBERIAMOS PARAR Y VOLVER A EMPEZAR… PERO, POR OTRO LADO, LOS ARMONICOS… LOS VALORES SON ALTISIMOS. TU RECUERDO ES MUY ESTABLE, NO SE SI DEBERIAS CONTINUAR A PESAR DE TODO…
Es la voz de Vladimir, pero ¿quién es Vladimir? ¿Mi monitor?
Y ¿qué es un monitor?
La voz profunda y preocupada no pertenece aquí; es ajena y por eso se opaca ante el ruido del agua, se oscurece ante la luz difusa reflejada por la nieve, cuando el sol apenas si se asoma algunas horas y parece incapaz de calentar el helado paisaje.
Todo es como debía ser. Como era. 


Invierno. Los abrigos gruesos y guateados, las narices rojas que gotean, las bufandas apretadas, y los agudos gritos de alegría de los niños vestidos de muchos colores con las mejillas teñidas de rubor, jugando a tirarse bolas de nieve amasadas de prisa entre sus manoplas de lana tejidas, resbalando encantados y cayéndose entre carcajadas pese a sus chanclos de goma y sus abultadas botitas de fieltro. Detrás, unos adolescentes pasan persiguiéndose entre los árboles con sus esquíes… no son alpinos, sólo los dedos del pie van sujetos, no toda la planta…
¿Qué cosa es un esquí alpino?
NO SE… ¿ESQUIES, NIEVE? ES COHERENTE, SIN DUDAS, MIRA COMO SE AUTOCORRIGE… PERO DESDE LUEGO ESO NO ES LA HABANA, NO SE SI PODRA SERVIR, PERO LO HA ESTABILIZADO, POR SI ACASO ¿QUE HAGO?
Otra vez esa voz. ¿La escucho o lo imagino? Es un idioma extraño, que debo conocer, y sin embargo, me suena tan fuera de lugar. ¿O lo que oigo en verdad es esa otra voz adolescente que al son de una guitarra hábilmente rasgueada junto a  una hoguera? Que canta por encima de todo, con las palabras justas, en la lengua adecuada:
En esta ciudad se vive en un cuento
Vientos extraviados llaman al camino
Allí, donde algunas veces nos confundieron
Los pinos que alcanzan los cielos
Los edificios- el sol
Allí, silenciosamente, entre montañas de nieve,
Transcurría el invierno.
*****
-Eh, eso parecía por lo menos Canadá, pero no sonaba a inglés ni francés.  ¿Alguien sabe qué idioma era ese?
-Ruso, me la corto… Yurlandy lo entiende. Habría que mandarlo a buscar, está de guardia en el perímetro externo. Qué ¿paramos el experimento hasta que llegue?
-¿En el perímetro externo? Para el riesgo que hay de que alguien nos ataque a estas alturas… Dale, llámalo, no se pierde nada, aunque no sé si tendremos tiempo. La tengo en stand by, pero si no le doy pronto más energía, podría perder el cuadro y entonces vuelta a empezar. Y si la mantengo en este régimen, por otro lado, podría quemar los generadores antes de que empiece a ser autosuficiente…
-Pero ¿qué clase de lugar es ese que está ella recordando? ¿Les parece Canadá, en serio?
-No, aunque hay que comprobarlo… y es muy difícil sin apenas verbalización. La nieve tampoco deja ver ningún cartel. Pero vean: sea donde sea, las visuales son muy nítidas. Ya casi se autoestabiliza. La nieve, los árboles, los niños tan abrigados… si no es Canadá, es el menos el norte de Europa. Y, fíjense ¿ven los armónicos? son únicos, creo que esa Dania está a punto de cuajar la neurosimulación y dejar de requerir energía externa. Podremos dejar que descansen los generadores, no nos sobra petróleo. Es un éxito, al fin.
-Bueno, cierto que ni Daniel ni Ana Margarita lograron nada parecido… ni mucho menos tan rápido. Pero que no sea La Habana me da mala espina. ¿Qué tú crees, Vladimir? ¿Podemos arriesgarnos con ella? Tú la conoces bien…
-¿Me estás preguntando si puede ser una espía canadiense o algo así? Mira, no sé, todo es posible a estas alturas… y conozco bien su biografía, no a ella. Como dije, el problema principal es que está pensando en ruso… así no puedo seguir su flujo profundo, y mis intervenciones están casi bloqueadas. Y en general todo esto es… bueno, bastante aleatorio, intuitivo, inesperado. Sabemos muy poco de los mecanismos de la memoria, todavía, y no podría aventurar las razones, pero, desde luego, eso que está armando… no es La Habana ni a jodidas. ¿Por qué recuerda esa ciudad? Ni idea, aunque tengo mi sospecha. Estoy buscando en su biografía a ver si descubro qué lugar puede ser… coño, si tuviéramos más candidatos aptos, tenía que venir a enredársenos la pita con una cubanita que vivió en la URSS, que era tan grande… denme un momento, que esto es peor que encontrar una aguja en un pajar.
-Dale, no vaya a ser que la perdamos… ¿Crees que fuera el bolo, entonces? Ella nació en Minsk, ¿no? Pues sí que pudiera ser, entonces…
-¿Por qué no le preguntamos a ella misma?
-Brillante; ahora, una intervención tan directa podría romper la estructura… y vuelta a empezar. Ni jugando nos arriesgamos. ¿Vladi… has encontrado algo?
-Al menos ya sé que definitivamente no es Minsk: Dania nació allá, sí, cuando sus padres eran todavía estudiantes… pero volvió a Cuba antes de tener una percepción clara de lo que la rodeaba, no tenía todavía el año. La infancia la pasó en La Habana, eso es seguro, y… eh, aguanten, aquí está, lo tengo: a los 9 años volvió a la Unión Soviética. A Dubna. A ver qué hay en la base de datos de esa ciudad… no es como si fuera Moscú o Kiev… y lo peor es que yo nunca estuve allá, así que no voy a poder monitorearla demasiado bien. Habrá que ir casi a ciegas.
-Caballero ¿y esas caras? ¿qué es tan urgente que me mandaron a llamar así? ¿los yanquis o los chinos nos van a sonar otro cohetazo mal tirado, se quema el refugio, o qué volá?
-Coño, Yurlandy, no lo digas ni jugando… aunque después de la segunda oleada de cohetes china, esos de La Florida no deben tener ni dónde amarrar la chiva. No… mira, tú estudiaste Refrigeración en Moscú y entendías algo de ruso, me lo dijiste una vez en una guardia… ¿te dice algo Dubna?
-Eh… ¿Dubna? Coño, a esta hora con ese recado. Ustedes tienen cada cosas… No, no me suena mucho. ¿Puede ser “lugar de robles”? Por lo menos, en ruso roble era dub, creo… ¿qué, entró una trasmisión de sobrevivientes de allá? ¿Roble llamando a Palma Real?
-Eso es, todo encaja. El padre era físico nuclear, y estuvo allá en un Instituto… no hay mucho de Dubna… una ciudad científica secreta que mandó a construir Stalin a los prisioneros alemanes después de la II Guerra Mundial… apenas un párrafo, y no muy largo ¡coño, si no hubiéramos perdido la computadora del MININT con el pulso electromagnético del segundo impacto!... ahí fue donde Igor Kurchátov construyó la primera bomba atómica soviética, y donde estaba el Instituto Central de Investigaciones Nucleares… a ver… en verdad no hay casi nada, qué mierda de base de datos, casi es mejor buscar en la Wikipedia, si todavía existiera… ¡equelekuá! ¡oigan esto!: construida cerca de Moscú, en la isla fluvial formada por la intersección de los ríos Volga y Moscova y el canal que los unía, ¡como mismo visualizó nuestra sujeta!
-Bueno, no es concluyente: ¿qué más hay de esa ciudad en los archivos?
-No mucho. Te podrás imaginar, ciudad científica soviética secreta al fin… varios elementos radiactivos transuránicos o superactínidos fueron obtenidos ahí….tras largas disputas con los norteamericanos encabezados por Glenn T. Seaborg, el descubridor del plutonio en 1941, se denominó en su honor dubnio al elemento 105, aunque muchos occidentales continuaron tercamente llamándole hahnio…
-Vladimir, corta… eso ya no nos sirve de nada. Sí, los rusos sabían bien cómo guardar secretos, todavía algunos de nosotros lo recuerdan de cuando trabajamos con ellos… pero, en la concreta ¿podríamos refugiarnos en esa Dubana virtual? Porque la real debe estar tan hecha polvo como Moscú.
-Es Dubna, y… bueno, no era una ciudad muy grande, menos de un millón de habitantes, pero tras el ataque químico bacteriológico no es que tampoco quedemos tantos en esta capital… así que, en principio, y no quiero darles falsas esperanzas, al menos en principio debería ser posible. Claro que no vamos a estar muy cómodos que digamos allí, se los advierto: a orillas del Volga el frío podía llegar hasta al menos 20 grados… y recuerden que aunque ella estabilice el cuadro, cuando entremos vamos a aparecer según nuestra autoimagen… así que nada de abrigos. Se me encoge el culo de nada más pensarlo, ¡20 bajo cero!
-Pues mira, cortaremos los cabrones robles para encender hogueras si hace falta… pero no estamos como para escoger, nosotros. ¿Cuánto dijiste que faltaba hasta el fallo catastrófico del sistema de soporte vital del búnker, Osmany?
-Hay un 75% de probabilidad de que sea la semana próxima. Tenemos que reducir la sobrecarga… eso significa conectar por lo menos a 3000 personas a la neurosimulación de esa Dubana de Dania. Y va a tener que ser YA. O, simple y llanamente, la alternativa será fusilarlos.
-Ya oíste cómo está la cosa, ¿no, Vladi? Así que aprieta el culo y dale a los pedales. Si va a ser Dubna o Shangai o la Casa del Carajo, lo mismo da… pero que sea ahora.
-Le metemos, entonces. A lo que salga, que de los cobardes ya nadie va a poder escribir nada a estas alturas del partido. Voy a aumentarle el nivel de energía… récenle a Changó y a Yemayá porque el generador aguante.
*****
Tarde en la noche salgo corriendo de casa
En la estación de trenes pido en taquilla,
Quizás por primera vez en miles de años,
“un pasaje hacia la infancia”
Bajito, la cajera me responde:
“Para allá no hay”.
Caleidoscopio.
Esa es la palabra que buscaba.
Cuando cumplí los 11, Stepan Grigoriévich, mi profesor de guitarra, me regaló uno… un tubito de cartón con tres espejos y un montón de cristalitos coloreados dentro. Un pequeño objeto casi mágico. Mirando por un extremo se veía el infinito, y todo cambiaba con un simple giro.
Caleidoscopio, que gira con mi mente. En un rincón es verano y estamos en el campamento de pioneros Volga, bañándonos en las aguas del río padre de Rusia por meticuloso orden, cinco minutos cada grupo de niños y luego salir, cuando ya las pieles se nos empiezan a poner azules del frío, aunque sea verano.
Y luego, con otro giro, sentados en el puentecito-muelle de madera, mirando los flotadores en fila sobre las aguas. A veces pica algún lucio, o una brema, pero casi siempre se escapan. Nuestras cañas son simples, hilos atados a flexibles varitas de abedul recién descortezadas que perfuman el aire cargado de humedad, pero incluso así al final del día hay suficiente para preparar la rica sopa de pescado a orillas del río, en torno a la hoguera, la ujá espesa que mejora todavía más si alguien trae zanahorias para hervirlas junto con el pescado. Y luego a tomársela con cuidado, porque siempre quedan espinas…


Otro giro, y estoy con mi hermana goloseando con las narices adheridas a la vidriera de la Kanditérskaya, los dulces baratos y pegajosos, nuestro premio al final del día si nos ha ido bien en la escuela. Y en el reflejo del cristal tengo el pelo castaño rojizo, y granitos prematuros en las mejillas pecosas.
Otro giro, y la escuela… aprendiendo ese ruso que el principio se me resistía como un gato atrapado entre las manos desnudas, y luego se me reveló hermoso con sus sonidos rítmicos y su sintaxis elástica. En el comedor, donde por 20 kopeks podíamos comer el borsh espeso o la salianka hirviente, y un plato de grieckha con embutidos, bebiendo como agua la compota de peras o manzanas: la llamábamos compota aunque apenas si era un jugo de frutas hervido, pero cómo quita la sed y qué dulce es.
Otro cristalito, otro giro, y es el sabor dulciácido del kvas fresco de centeno, en el verano, y correr descalza por la arena gruesa y oscura de las riberas del río. Y el invierno y el silencio otra vez de los senderos constelados de robles en torno a la ciudad, y yo esquío solitaria por ellos sin más música que mi respiración rítmica y agitada, sabiendo que al final me espera la sauna rica de vapor, y los azotes con el venik de aromáticas ramillas de abedul antes de revolcarme en la nieve, el mejor remedio para nunca resfriarme por mucho que apriete el frío.
Otro cristal, y estamos inaugurando el parque infantil del barrio, que mis padres, como todos los vecinos, han ayudado a construir, con sus canales, tiovivos y columpios de hierro clavados profundo en la tierra negra, y las risas y los gritos de los niños felices suben hasta el cielo. Muy por encima de los edificios de 4 y 5 plantas del centro, los primeros construidos por los ex nazis como reparación por todo el sufrimiento que infligieron las hordas hitlerianas a la Madre Rusia en la Gran Guerra Patria, y luego las torres exteriores, de 15 y 20 pisos, más altas, y los laboratorios.
Estoy frente a la Casa de Cultura, con su frontispicio neoclásico y sus columnas, y los jardines de la plaza delante. Y la otra plaza, frente a la Casa del Científico, también con aire de templo griego, y aún más grande, el sitio de reunión favorito de todos en primavera y verano. La gente en bicicleta, los domingos, y con los vestidos amplios, vaporosos y estampados, las muchachas pasan pedaleando con tacones altos, muy erguidas sobre los sillines, sujetándose las pamelas contra el viento que juega a arrancárselas.
Llueve y crecen los hongos en los bosques, qué ricos son hervidos en aceite con cebollas y espolvoreados con sal y pimienta, o en salmuera, para el invierno, en los grandes tarros de vidrio. Un ericito tímido se asoma bajo un serbal de fruta roja que sólo los pájaros disfrutan, y luego se esconde en los matorrales de ortigas, huye de las cornejas y los arrendajos volando en bandadas graznadoras al final de la tarde, alborotando y peleándose por sus perchas para la noche en los árboles del parque.
El reflejo del río a la luz de la luna. La luna envuelta en el halo de los cristales de hielo de la atmósfera alta, un interesante fenómeno óptico propio de las altas latitudes, como me está explicando mi padre a la semana de llegar.
La guitarra, que parece hablar en las manos diestras de uñas muy cuidadas de Stepan Grigoriévich, y yo tímida, tras llenar páginas y páginas de mi diario con las preocupaciones de una adolescente ya con bultos donde otras aún serán planas por años, rojo entre mis piernas ya cada luna, madurada demasiado rápido, que ahora le saca una cabeza a las demás del aula, con acné, sintiéndome fea y mi cabello mi única belleza, pero ya soñando con hacer cosas que me arden en la sangre y que los muchachos a mi alrededor ni siquiera se imaginan, maldición de mi sangre latina, caliente y precoz.
La guitarra, dejándome decir con sus cuerdas lo que no puedo expresar, lo que ni siquiera los versos de Pushkin o Lermontov dicen por mí con su sonido como de campanadas. Y en el coro, mi voz de soprano ligera viajando por tantos lugares, largos periplos en tren, de días, y yo tocando la guitarra en los coches cama cuyas sábanas repartían de noche después de la última taza de té recién hecho, y Stepan Grigoriévich empeñado en que me dedique a eso. Las madrugadas sin dormir sentada en el antepecho de la ventana de gruesos vidrios, con el gato blanquinegro Mishka y el rumor de las cuerdas como única compañía, sabiendo que faltaba algo, que hay algo que debo hacer…
Y en la distancia suena otra guitarra y es esa voz de hace un rato o hace un siglo, ya sé que toca Antón, mi adorado Antoshka de cabellos rubios de lino y ojos azules, y conozco la letra de esa canción triste y bella antes de distinguir las palabras:
Amigo, ¿qué le puedo replicar?
¿Dónde pudiera comprar un pasaje hacia la infancia?
Quizás sólo a veces, en nuestros recuerdos,
Llegamos allá.
*****

-Miren: consumo de energía externa, cero. Es estable. Vamos a enviar a los primeros huéspedes.
-¿Huéspedes? Vaya eufemismo. ¿Sonaba muy feo inquilinos, no?
-Yurlandy, al carajo con lo políticamente correcto ¿ocupantes? ¿refugiados? ¿invasores? ¿cómo te gusta más? Mira, déjate de sutilezas que no está el horno para galleticas.
-Yo quisiera esperar un poco más, dejarla que gane confianza… no sé cómo va a reaccionar ante extraños… sería mejor que antes se sintiera a su gusto.
-Ni hablar, Vladimir. ¿Y si se pierde en su propio ensueño? ¿Te acuerdas de lo que pasó con Daniel? Por ir despacio se nos perdió en el laberinto de callejuelas del Fanguito. Y no tenemos más sujetos de prueba. A ver ¿cuántos tenemos ahora mismo en sueño alfa? Con ellos mismo empezamos… total, si no es así no van a poder despertar nunca más…
-Déjame comprobar, pero serán como cincuenta, tuvimos que desmontar los sistemas de soporte vital de todo el sector 14. En fin, pero que conste que me parece muy prematuro…
-Eso mismo debió decirle Oppenheimer a Truman en el 45 cuando decidieron lanzar las bombas en Hiroshima y Nagasaki. Para ustedes los científicos siempre es muy pronto…
-Y para ustedes los políticos siempre es muy tarde.
-Pues sí; la hora exacta la da la gente común. Menos mal que ellos no lo saben…
*****
El tacto pesado y cálido de la chapka sobre mis cabellos, la bufanda roja que me ha tejido la madre de Antón envolviéndome la nariz. Camino a pasitos cortos sobre la acera  helada, con cuidado de no caer, no sé cómo las otras pueden moverse así tan campantes y sin resbalar bajo este aguanieve con semejantes tacones. Vamos al cine, el único bajo techo de la ciudad, ha llegado de la capital un nuevo filme de acción y catastrofismo, se llama La tripulación y dicen todas en el aula que está buenísimo, no sé, no me gusta ver películas sin haber leído el libro antes, me da confianza saber lo que va a pasar.
DANIA, VAMOS A INTRODUCIR A LOS PRIMEROS HUESPEDES. HAZNOS UN SIGNO DE CONFORMIDAD PARA SABER QUE ESTAS PREPARADA PARA SU INGRESO. CUALQUIER SIGNO.
Esa voz… sé que es importante, pero no quiero escucharla. Sé que si respondo y acepto van a pasar cosas terribles aquí en Dubna y nada volverá a ser como antes. Así que no alzo la vista, sigo caminando, me tengo que aferrar al brazo de Antoskha, al que aún le saco  una buena media cabeza de estatura, no mirar, si cierro los ojos y aprieto los oídos dejará de existir ese otro idioma molesto y ajeno…
DANIA, NO SEAS EGOISTA, NO ES REAL, ES TU RECUERDO DE DUBNA, PERO TAMBIEN LA ESPERANZA DE MUCHOS, PIENSA EN LA PATRIA, EN LOS DEMAS, EN TODOS LOS QUE PUEDES AYUDAR.
Los demás… los demás son los túneles sombríos y polvorientos, con su calor asfixiante de cientos de metros bajo tierra, el hedor de las quemaduras de radiación mal curadas, de la diarrea y el vómito constantes, el quejido lejano de los heridos… el hambre, la escasez…
No, NO QUIERO PENSAR EN ESO.
CALMA, DANIA, NO GRITES TAN ALTO, PUEDES SOBRECARGAR EL SISTEMA ENTERO… ESTA BIEN, RELAJATE, VEO QUE SI PIENSAS EN ESO PUEDES PERDER LA ESTRUCTURA, Y NO QUEREMOS QUE ALGO ASI PASE. TU SOLO DEJALOS ENTRAR, APENAS TIENES QUE  SUAVIZAR LOS LIMITES… YA SE QUE NOS OYES.
No, NO QUIERO OÍRLOS, pienso en otras películas que me han gustado… Piratas del siglo XXEstación para dosMoscú no cree en lágrimas, y todavía más viejas: El 41, Los Incapturables; y más recientes: Aventuras de 3 italianos en Rusia con Mironov, ese rubio tan lindo; Tigres en alta mar, comedias optimistas de alegría y despreocupación... pero también recuerdo las de guerra, tan sangrientas y dramáticas: La nieve ardiente y Ellos se batieron por la Patria, donde trabajaba Visotsky, a quien todavía no conocía por sus canciones…
De repente alzo la cabeza y veo en la pared una grieta que se extiende como un relámpago, o una hiedra que creciera aceleradamente, del modo en que a veces se muestra el ciclo de vida de las plantas en los documentales científicos. Y al otro lado hay gente con miedo, con hambre, con dolor, y hay oscuridad y túneles y confían en mí y…
Y no.
DANIA, POR FAVOR, NO SIGAS OBSTRUYENDO, ERES  NUESTRA SOLUCION…
De repente, sin saber cómo, estoy descalza, apenas en medias de lana sobre la acera helada, y Antón me mira sin entender lo que pasa mientras yo golpeo la pared agrietada con mis tacones de paseo, duro, una y otra vez, llorando, hasta romperlos, y me duele y alguien grita NOOOOO en la distancia…
Pero la grieta se encoge, se marchita, y sólo escucho un susurro casi triste al otro lado…
DANIA ¿POR QUÉ? PUDISTE HABERNOS SALVADO A TODOS…
- Porque mi recuerdo, mi infancia, mis años, son lo único que jamás nadie me puede quitar- me sorprendo diciendo entre dientes y lágrimas –Porque esta ciudad es mía, y no estoy dispuesta a compartirla con nadie más.
Y un eco distante, casi como el rumor del agua corriendo por las cañerías dentro de una pared, sólo me dice, casi asombrado y a la vez triste:
DANIEL… ANA MARGARITA… ELLOS DIJERON LO MISMO… QUE PENA, DANIA… BUENA SUERTE.
-¿Con quién estabas hablando, Daniya? – se atreve al fin a decirme Antón, mirándome con sus enormes ojos verdes que el asombro hace aún más grandes.
¿Ojos verdes?
Daniya… es Dinamarca en ruso. Cuando llegué a todos los niños les sorprendía que alguien pudiera llamarse como un país.
Luego se acostumbraron, y me aceptaron.
-Yo no estaba hablando con nadie, Antoshka- le digo, y de repente hago lo que siempre quise hacer y lo beso duro en los labios. Luego, mientras él retrocede, entre asustado y asqueado, con el cielo azul del que han desaparecido de golpe las nubes de lluvia reflejado en sus pupilas , sigo diciendo –Y nosotros tampoco estamos aquí, porque no tengo ganas de ver una película, sino de hoguera, río y guitarra.
Con lo que gira otro cristalito coloreado en el gran caleidoscopio de mi mente, y aquí estamos, asando los pinchos del shaslik con su aroma delicioso, y bebiendo un vodka casero que es casi alcohol puro en jarras para que, junto al resplandor de las llamas que enciende reflejos rojizos en mi cabello, mantenga a raya el frío. 


Antón me mira, sonríe y sus ojos son azules como siempre fueron; y tengo la guitarra entre mis manos mientras canto con mi voz bien afinada pero pequeña contra el fondo infinito de la noche rusa:
Un cuento viejo, en nuestras vidas
Gracias, tierna ciudad
No esperes por gusto, no podremos llegar
Hay en el planeta otros caminos
Hemos crecido, confía en nosotros y discúlpanos.
Discúlpanos.
Rasgo con triste rabia las cuerdas, pero sonrío al cantar, como hace una cuando se acuerda de algo muy bueno que los demás no saben.
Sí, hemos crecido… y es por eso mismo que podemos llegar a ti, Ciudad de la Infancia. Que estamos aquí, aunque sea por otros caminos. Porque todos los caminos conducen al recuerdo, aunque ese mundo ya no exista.
Y si alguien tiene que disculparnos, que sean todos esos otros a los que nunca les permitiremos la entrada a eso que fuimos cuando aún no éramos lo que somos…
Que nos disculpen, si pueden, por cerrarles las puertas… y que no nos esperen, porque no regresaremos. Nunca.
15 de mayo de 2013.




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