Hojas sueltas 1.

Recuerdo que cuando trabajaba en un Instituto ruso de lingüística, cierta vez al final del curso nos prometieron que para el siguiente año académico tendríamos ordenadores en todas las aulas y podríamos navegar por páginas españoles y utilizar nuevos métodos de enseñanza y etc. Pues resulta ser que durante las vacaciones en ese centro hubo una avería y las aulas se inundaron. Total, que estuvimos sin luz eléctrica, por peligro de corto circuito, y como a mí me tocabas los cursos de la tarde (y noche), les pedí a mis alumnos que trajeran cada uno una vela (!). Y las traían, hay que reconocerlo. Lo más curioso es que tuve muy buena asistencia, dadas las circunstancias, pero ya del uso de ordenadores en las aulas no se habló más... Recuerdo siempre esa anécdota como muestra de que se puede dar clases en cualquier circunstancia...
Verónica

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