четверг, 30 июня 2011 г.

Nocturno y Elegía

Emilio Ballagas

Si pregunta por mí, traza en el suelo
una cruz de silencio y ceniza
sobre el impuro nombre que padezco.
Si pregunta por mí, di que me he muerto
y que me pudro bajo las hormigas.
Dile que soy la rama de un naranjo,
la sencilla veleta de una torre.
 
No le digas que lloro todavía
acariciando el hueco de su ausencia
donde su ciega estatua quedó impresa
siempre al acecho de que el cuerpo vuelva.
La carne es un laurel que canta y sufre
y yo en vano esperé bajo su sombra.
Ya es tarde. Soy un mudo pececillo.
 
Si pregunta por mí dale estos ojos,
estas grises palabras, estos dedos;
y la gota de sangre en el pañuelo.
Dile que me he perdido, que me he vuelto
una oscura perdiz, un falso anillo
o una orilla de juncos olvidados;
dile que voy del azafrán al lirio.
 
Dile que quise perpetuar sus labios,
habitar el palacio de su frente.
Navegar una noche en su cabellos.
Aprender el color de sus pupilas
y apagarme en su pecho suavemente,
nocturnamente hundido, aletargado
en un rumor de venas y sordina.
 
Ahora no puedo ver aunque suplique
el cuerpo que vestí de mi cariño,
me quedé fijo, roto, desprendido.
y si dudáis de mí creed al viento,
mirad al norte, preguntad al cielo.
y os dirán si aún espero o si anochezco.
 
¡Ah! Si pregunta dile lo que sabes.
De mí hablarán un día los olivos
cuando yo sea el ojo de la luna,
impar sobre la frente de la noche,
adivinando conchas de la arena,
el ruiseñor suspenso de un lucero
y el hipnótico amor de las mareas.
 
Es verdad que estoy triste, pero tengo
sembrada una sonrisa en el tomillo,
otra sonrisa la escondí en Saturno
y he perdido la otra no sé dónde.
Mejor será que espere a medianoche,
ya la vigilia del tejado fría.
 
No me recuerdes su entregada sangre
ni que yo puse espinas y gusanos
a morder su amistad de nube y brisa.
No soy el ogro que escupió en su agua
ni el que un cansado amor paga en monedas.
¡No soy el que frecuenta aquella casa
presidida por una sanguijuela!
 
(Allí se va con un ramo de lirio
a que lo estruje un ángel de alas turbias.)
No soy el que traiciona a las palomas,
a los niños, a las constelaciones...
Soy una verde voz desamparada
que su inocencia busca y solicita
con dulce silbo de pastor herido.
 
Soy un árbol, la punta de una aguja,
un alto gesto ecuestre en equilibrio:
la golondrina en la cruz, el aceitado
vuelo de un búho, el susto de una ardilla.
Soy todo, menos eso que dibuja
un índice con cieno en las paredes
de los burdeles y los cementerios.
 
Todo, menos aquello que se oculta
bajo una seca máscara de esparto.
Todo, menos la carne que procura
voluptuosos anillos de serpiente
ciñendo en espiral viscosa y lenta.
Soy lo que me destines, lo que inventes
para enterrar mi llanto en la neblina.
 
Si pregunta por mí, dile que habito
en la hoja del acanto y en la acacia.
O dile, si prefieres, que me he muerto.
Dale el suspiro mío, mi pañuelo;
mi fantasma en la nave del espejo.
Tal vez me llore en el laurel o busque
mi recuerdo en la forma de una estrella.

Te quiero como amigo.


Este es un corto que me encanta y que siempre pongo a los alumnos si hablamos de sentimientos.

вторник, 28 июня 2011 г.

LA PENDIENTE



Es una ciudad siempre blanca, abierta y escondida entre los montes viejos de Crimea. El tren lentamente se arrastra por túneles, y esta proximidad simultánea de montañas y del mar llena el alma de una congoja mística, escamoteada por el encuentro. Ya se vislumbran a instantes unas bahías y a la izquierda la mirada busca el Monte Volado, en los adentros del cual se encontraban almacenes de armamentos en cantidad suficiente para continuar la resistencia hasta la victoria. También un hospital para todos los heridos del frente, bien escondido de bombardeos. Y todo fue volado en pleno julio de 1942, la península se estremeció como presintiendo las futuras hiroshimas. Y han quedado esos escómbros justo al lado del ferrocarril, buena tumba para los defensores heridos. Luego hicieron saltar las baterías que hubieran podido cubrir la retirada de los defensores y no hubo, cayeron prisioneros.

Yo amaba esta ciudad aun cuando conocía poco su historia. Antes, en los tiempos soviéticos era mucho más fácil enterarse de la primera defensa a mediados del siglo XIX que de la segunda en 1941-1942. Ambas resultaron ser heróicas gracias a la tontería crónica de los zares y los máximos líderes: primero permitir al enemigo, con una serie de estupideces, entrar hasta el máximo, y después armar una resistencia encarnizada. Y decenios de años la propaganda cantaba alabanzas al genio organizador del partido que levantó al pueblo a la lucha. Y nadie ya recordaba el centro de la ciudad en noviembre de 1920, cuando al entrar las tropas del comandante del ejercito Frunze al último baluarte del Ejército Blanco los árboles y los faroles estaban llenos de ahorcados.






Pero yo tuve mi propia experiencia, por poco fui testigo de como desapareció el cementerio francés. Se encontraba a mitad del camino hacia Balaklava, donde vivían mis padres. El cementerio era como una población pequeña de criptas construidas en 1856, después de la Guerra de Crimea. Había sobrevivido todos los combates de la última guerra, estaba destruidas sólo parcialmente. Al entrar en una cripta yo estaba atolondrado de haberme chocado cara a cara con la Historia misma. Aunque no tenía linterna, había luz suficiente para ver todo: dentro de las criptas estaban los combatientes franceses, al alcance de la mano, sin ataudes, sus uniformes conservaban colores rojo y azul. Me juré visitar este cementerio una y otra vez para sentir mejor todo. ¡Qué sorpresa e indignación sentí al saber que lo habían destruido a comienzos de los años 80! Dijeron que no debería atraer más a la OTAN como pretexto para sus visitas. Y eso que le quedaba esperar sólo una decena de años hasta el derrumbe del poder soviético.




Los montes alrededor de Balaklava protegían una base naval conocida en todo el mundo. La vigilaban con cohetes, se prohibía hacer fotos, debajo de una roca se había construido una planta única de reparación de submarinas. Se gastó un montón del presupuesto nacional, pero sirvió para poco: los túneles resultaron demasiado estrechos para las submarinas nuevas. Y la Bahía con dos diques, llena de manchas de aceite de tantas naves. Decenios de años se entraba a la ciudad y a esta base naval sólo por permiso especial, llamado “fronterizo”. Más tarde, en mi tiempo, los salvaconductos nos los hacíamos sólo para Balaklava. De estudiante viajaba allí anualmente para gozar del privilegio de bañarme en las playas salvajes donde en peor de los casos había relativamente poca gente. Me gustaba tomar el sol desnudo, leyendo o contemplando el monte verde. En la altura se asomaba un barril enorme de hierro al final de la cresta que subía del lado de la Bahía.  

Me atraían sus secretos. Pendía sobre el abismo a la altura de casi de 400 metros, mi alma de aventurero me llamaba hacia allí. Se decía que estaba al borde de una fortaleza edificada antes de la I Guerra Mundial. El barril lo llamaban de la Muerte, porque allí, según una leyenda, enjusticiaban a los rojos durante la Guerra Civil. Yo cruzaba el monte muchas veces cargado con una mochila con equipamiento de natación. El sendero al cruzar la valle Kefalovrisi (“Cabeza de fuente”, un nombre griego) sobresalía por encima del mar donde se desprendía bruscamente hacia una fila de playas llamadas “Shaitán” (a donde se baja por una escalera de cable), “de Plata”, “de Oro”, “Salvaje”, etc. Nadaba muy lejos usando patas de rana en los pies y en las manos, me agarraba a una boya grande y mística y miraba al barril, presintiendo nuestro encuentro.

Y una vez, como no hacía sol todavía, en vez de ir por el sendero de la costa fui por la pendiente. Había niebla y niebla, no se veía la cumbre. Olía a hierba seca de Crimea y al abismo de derecha se añadía la invisivilidad de lo que me esperaba. Las fortificaciones se abrieron de repente, cuando mi mirada buscaba ya el Barril de Muerte. Eran plazoletas, que daban al mar como balcones, destinadas para instalar cañones de fuego directo, una buena demostración de que siempre se estaban preparando para una guerra como la anterior. La niebla desvaneció de un tirón y se me abrieron las edificaciones de la Fortaleza del Sur, que resultaron ser unas cuevas inmensas guardadas en la roca.



El barril tenía más de dos metros de altura, era fuerte aunque bastante herrumbroso. No tenía ventanas, sólo una apertura por delante, por ambos lados estaba abierto, como le hubieran prevenido dos puertas, suficientemente grandes para empujar a cualquier grandulón. No era mi caso, pero conmigo tuvieron problemas. Como había entendido todo, los rojos ya me empujaban adentro, resistí a la entrada, después me agarré del marco de la puerta izquierda y ya me picaban con bayonetas para que no llevara conmigo a nadie. Ya me daba lástima que ellos no me habían matado como a mis amigos al rendirnos: primero les clavaban clavos en los hombros según el número de estrellas de grado militar, yo tenía dos en cada hombro, luego cortaban el cuerpo, sacaban las entrañas, etc. No sé por qué, pero me acordé de Cástor, mi caballo moro: junto con los otros, a los cuales nos daba lástima a matar, se esparcieron por el monte para no encontrar nunca a nuevos amos y morir de hambre.

Un culatazo me echó por fin afuera. No morí enseguida, porque la pendiente, rascandome los costados y rompiendo huesos me había frenado, un poco antes del duro golpe contra una roca ancha, a donde caían todos. Seguía con vida hasta el amanecer...

Después un otro joven pasó por aquella roca varias veces. El primer ascenso lo hizo por un sendero directo y empinado, habitado por lagartos y garrapatas (las sacudía con asco). El pendiente guardaba todavía en sus costados cajones para minas de morteros y cascos perforados, todos alemanes, lo que demostraba aquella táctica sorprendiente de los comandantes del ejercito stalinista: hacían a los soldados desembarcar en la playa y atacar de abajo. Pasó por aquel sitio debajo del Barril de la Muerte donde habían agonizado hombres en uniforme del Ejercito Blanco en aquel 1920, año de una rotunda catástrofe. Y fíjense, el comandante Frunze les había prometido dejarlos vivos...

Vladímir Kardail

воскресенье, 26 июня 2011 г.

Trabajo en clase.

A veces los alumnos tienen un verdadero talento literario. Este es el trabajo de una alumna de A2.1, escrito en clase, para el tema de "Experiencias":


Me he levantado muy temprano, con el sol. En mi jardín hay muchos papagayos, y ellos cantan todas las mañanas. Les he dado granos y después he empezado a hacer el desayuno para mi familia que es muy grande. Tengo 10 hijos, 15 hermanos y hermanas y muchos tíos y sobrinos, a quienes no puedo contar.
Ayer mi marido trajo un cocodrilo muerto y he preparado la carne de cocodrilo con algunas verduras de nuestro jardín. Para beber he hecho una bebida con agua de coco.
Después me he bañado en el mar y me he maquillado con pinturas multicolores.
Olga

Tortilla de patatas clásica con "El cocinero fiel".







Yo también les pongo a los alumnos una receta de tortilla de patatas, y ésta es muy interesante (ya que la mexicana ha quedado fuera de nuestro alcance).

суббота, 25 июня 2011 г.

PARA ANA VELDFORD

Lourdes Casal

Nunca el verano en Provincetown
y aún en esta tarde tan límpida
(tan poco usual para Nueva York)
es desde la ventana del autobús que contemplo
la serenidad de la hierba en el parque a lo largo de Riverside
y el desenfado de todos los veraneantes que descansan sobre ajadas frazadas
de los que juguetean con las bicicletas por los trillos.
Permanezco tan extranjera detrás del cristal protector
como en aquel invierno
-fin de semana inesperado-
cuando enfrenté por primera vez la nieve de Vermont
y sin embargo, Nueva York es mi casa.
Soy ferozmente leal a esta adquirida patria chica.
Por Nueva York soy extranjera ya en cualquier otra parte,
fiero orgullo de los perfumes que nos asaltan por cualquier calle del West
Side.
Marihuana y olor a cerveza
y el tufo de orines de perro
y la salvaje vitalidad de Santana
descendiendo sobre nosotros
desde una bocina que truena improbablemente balanceada sobre una escalera
            de incendios,
la gloria ruidosa de Nueva York en verano,
el Parque Central y nosotros,
los pobres,
que hemos heredado el lado del lado norte,
y Harlem rema en la laxitud de esta tarde morosa.
 El autobús se desliza perezosamente
hacia abajo, por la Quinta Avenida;
y frente a mí el joven barbudo
que carga una pila enorme de libros de la Biblioteca Pública
Y parece como si se pudiera tocar el verano en la frente sudorosa del
            ciclista
que viaja agarrado de mi ventanilla.
Pero Nueva York no fue la ciudad de mi infancia,
no fue aquí que adquirí las primeras certidumbres,
no está aquí el rincón de mi primera caída,
ni el silbido lacerante que marcaba las noches.
Por eso siempre permaneceré al margen,
una extraña entre las piedras,
aun bajo el sol amable de este día de verano,
como ya para siempre permaneceré extranjera,
aun cuando regrese a la ciudad de mi infancia,
cargo esta marginalidad inmune a todos los retornos,
demasiado habanera para ser newyorkina,
demasiado newyorkina para ser,
-aun volver a ser-
cualquier otra cosa.

пятница, 24 июня 2011 г.

Quiero aconsejar este sitio.

El cine cubano es uno de los más representativos de América Latina, y los documentales que se hacen actualmente en Cuba resultan realmente innovadores. Gracias o a pesar de la Escuela de Cine cubano de San Antonio de los baños, fundada por Gabriel García Márquez.

http://www.canaldocumental.tv/

четверг, 23 июня 2011 г.

Este fue otro poema de Heberto Padilla que leímos en el taller literario.

Di la verdad.
Di, al menos, tu verdad.
Y después
deja que cualquier cosa ocurra:
que te rompan la página querida,
que te tumben a pedradas la puerta,
que la gente
se amontone delante de tu cuerpo
como si fueras
un prodigio o un muerto.
Puede decir alguien que el poeta no es utíl
alguien puede mirarlo insignificante
detrás de un odio visceral e inútil
Se alza
crece, en la inmortalidad de su pensamiento,
trasciende el espacio
se fuga y reaparece de la vida en que deambula
hace mucho más
sirve a la lucha
es rama verde en la batalla
es recordatorio en la mesa del tirano.

De Fuera del juego, 1968

среда, 22 июня 2011 г.

Poema Fuera de juego de Heberto Padilla.


 
A Yannis Ritzos, en una cárcel de Grecia.


¡Al poeta despídanlo!
Ése no tiene aquí nada que hacer.
No entra en el juego.
No se entusiasma.
No pone en claro su mensaje.
No repara siquiera los milagros.
Se pasa el día entero cavilando.
Encuentra siempre algo que objetar.

A ese tipo, ¡despídanlo!
Echen a un lado al aguafiestas,
a ese malhumorado
del verano,
con gafas negras
bajo el sol que nace.
Siempre le sedujeron las andanzas
y las bellas catástrofes
del tiempo sin Historia.

Es
incluso
anticuado.
Sólo le gusta el viejo Armstrong.
Tararea, a lo sumo,
una canción de Pete Seeger.
Canta,
entre dientes,
La Guantanamera.
Per
o no hay
quien lo haga abrir la boca,
pero no hay
quien lo haga sonreír
cada vez que comienza el espectáculo
y brincan
los payasos en la escena;
cuando las cacatúas
confunden el amor con el terror
y está crujiendo el escenario
y truenan los metales
y los cueros
y todo el mundo salta,
se inclina,
retrocede,
sonríe,
abre la boca
'pues sí,
claro que sí,
por supuesto que sí...'
y bailan todos bien,
bailan bonito,
como les piden que sea el baile.
A ese tipo, ¡despídanlo!
Ése no tiene aquí nada que hacer.

вторник, 21 июня 2011 г.

Mis pesadillas.



Mis pesadillas siempre son más o menos iguales: sueño que estoy dando una clase en el instituto Cervantes y por alguna razón me quedo sin ningún material preparado, ni fotocopias, ni tarjetas, ni juegos. Trato de improvisar algo, pero cada vez me siento más insegura de mí misma y siento que de un momento a otro la clase se convertirá en un verdadero desastre. Normalmente justo en ese momento me despierto, muy angustiada, y doy gracias a Dios de que sólo sea un sueño.
Pero una vez este sueño (que se repite al menos una vez cada trimestre, sin exagerar), tuvo una inesperada continuación. En el momento que descubrí (en el sueño) que me había quedado sin ejercicios para los estudiantes, fui corriendo para la sala de profesores y en un rincón en el suelo encontré, de cara a la pared, unos cuadros. En el sueño sabía que eran de Juan Cristobal, un profesor nuestro mexicano; y decidí llevármelos al aula. Descubrí que en todos los cuadros había osos, pintados en distintas posiciones y de diferentes tamaños. Esto me asombró un poco, pero decidí que los estudiantes podrían describirlos en pequeños grupos. Por esa vez mi sueño se solucionó de una manera positiva.
Lo más curioso es que Juan Cristobal realmente es pintor, pinta al oleo,  en el momento que tuve el sueño yo no lo sabía, pero nunca ha pintado ningún cuadro con un oso.
PS: De pequeña me encantaban los osos, de peluche, claro está.

понедельник, 20 июня 2011 г.

Matrimonios mixtos (de diferentes nacionalidades).


Es un vídeo que me encanta y he diseñado unos ejercicios bastante fáciles para un grupo de nivel a partir de B1.2, se puede utilizar en el tema de interculturalidad.
Aquí voy a colgar la página que les reparto a los alumnos, una a cada grupo. Cada grupo recoge información sobre una de las parejas. Luego se puede hacer un debate sobre los matrimonios mixtos (de diferentes nacionalidades), hablar de ventajas e inconvenientes, y después que cada alumno cuente sobre alguna pareja de este tipo que conoce.



En el material que vas a ver a continuación aparecen tres parejas mixtas. ¿Qué es para ti una pareja mixta? ¿Existen parejas así en tu país?
   
1¿Cómo se llaman?


2¿De dónde son?


3¿Cómo se conocieron?


4¿Qué fue lo que más les gustó cuando se vieron por primera vez?


5¿Qué problemas han tenido?


6¿Qué los mantiene juntos?


7¿Cómo es su vida actual?


Los matrimonios mixtos son una realidad, y cada vez hay más parejas de diferentes nacionalidades que decide crear una familia.

El problema de la carne en Cuba.

http://dihigo.blogspot.com/2011/03/cubaneos-comer-carne.htmlPOR GILBERTO DIHIGO.

-El literato cubano Virgilio Piñeiro, no supuso que en 1944 al escribir su cuento “La carne”, describía en cierto modo las circunstancias que viviría su propio país años después. El relato de Piñeiro, con visibles tintes de humor negro, señala que por un motivo no dicho, la población carece de carne. Quien se niega a consolar su apetito con vegetales, como hacen los demás, resuelve el dilema de la carencia haciendo un hermoso filete de su trasero izquierdo. El cuento termina con esta pregunta. ¿De qué podría quejarse un pueblo que tenia asegurada su subsistencia?


Yo digo que cualquier semejanza con personas vivas no es pura ficción. Es nuestra realidad. Por supuesto no llegamos al extremo de comernos partes de nuestro cuerpo, pero si hemos sufrido la ausencia de la carne de res en este mas de medio siglo de locura revolucionaria, donde no tenemos abundancia de vacas cuerdas, porque solo las locas deciden nacer en Cuba y no nos referimos a la famosa enfermedad.

Antes del año 1959, según un censo de la época, Cuba alcanzó seis millones de cabezas de ganado. Es decir, una por cada habitante y no era necesario un permiso especial para criar ganado, ni se ponían limites a la cantidad que un ciudadano podía tener y mucho menos las personas tenían limites para comer carne.

Y entonces llegó el comandante… Las cuotas de carne comenzaron a distribuirse a la población y eso cambió al poco tiempo por…..!!!picadillo de soja!!!, una mezcla de 70 por ciento de una masa obtenida de ese grano con el resto de compuestos cárnicos( Es mejor no saber qué significan compuestos cárnicos).

Esa mezcla que no sabe a nada y mucho menos a res, provoca que las gentes busquen vías alternativas para conseguir la carne, ya que la cuota del estado llega cada seis meses. Por eso acuden al mercado negro, donde es sumamente peligroso conseguir la carne, ya que la matanza de reses es ilegal y el código penal establece severas sanciones por ese delito.

Lo real maravillosos adquiere en Cuba proporciones inimaginables cuando conocemos la ley 225 vigente que contempla fuertes multas para el propietario que le roben un caballo o una vaca.

Ante la consumación de un hurto de ganado mayor la ley dicta la imposición de multa “al propietario por no haber tenido este, su animal “debidamente protegido”..!!!???

Los dueños de ganado están obligados a venderles sus animales solo al estado, a precios nada estimulantes. Para sacrificar un animal debe contarse con la autorización del Control de Registro Pecuario, de lo contrario el campesino incurre en un delito, aunque esa res le pertenezca y la haya engordado con su trabajo.

Si es hembra solo puede matarla cuando el animal sufre un accidente. Esto lleva incluso a que algunos despeñen a sus reses como pretexto para sacrificarlas.

Más increíble todavía resulta saber que el delito de homicidio tienen una pena menor que matar una vaca, según el artículo 261 del vigente código penal, el cual indica: el que mate a otro, incurre en sanción de privación de libertad de siete a quince años.

Lo de matar una vaca es suma y sigue. Veamos: sanción por hurto de uno a tres años de privación de libertad; prejuicios, como consecuencias del hurto, con sanción de tres a ocho años. El sacrificio ilegal de ganado mayor con sanción de cuatro a diez años de prisión y la modalidad de la transportación o venta de ganador mayor sacrificado ilegalmente, de tres a ocho de privación de libertad. Los tribunales revolucionarios con ese sentido inteligente que tienen de la justicia se limitan a sumar aritméticamente e imponen la sanción conjunta más severa posible.

Si sumamos las penas máximas, llegamos a la cantidad de 26 años, en el caso de la modalidad agravada o 21 años si el hurto es de la modalidad básica.

Una simple ecuación nos dice, que quien mate a la vaca Matilda cumple más anos del quien mate a Juan el carpintero. Increíble, pero cierto.

En 1980, durante la inauguración de una vaquería en la provincia Camagüey, Fidel Castro dijo que con los planes diseñados por la revolución la nación cubana produciría más carne y leche que la propia Holanda.

¿Qué pasaron con aquellos planes? No es posible determinar con precisión la magnitud del retroceso pues el gobierno oculta las estadísticas. No obstante, fuentes no oficiales aseguran que la cantidad de ganado existente no rebasa los 3 millones de cabezas de ganado.

Entre las causas de la ruina del sector inciden, entre muchos factores, las locuras de esos mismos planes llevados a cabo por los científicos cubanos, como cuando intentaron, a través de cruces genéticos con la vaca Holstein y el toro cebú crear una supervaca. Este experimento arrojó como resultado un prototipo nombrado F-1 que no dio, ni carne , ni leche.

Otro experimento fracasado fue el de los búfalos de agua canadienses. Estos animales fueron sacados de su hábitat natural y forzados a comer pastos que no formaban parte de su alimentación y a padecer un clima hostil. Por supuesto este nuevo intento también fracasó.

Otro disparate fue el de las vacas enanas, una especie de síndrome de atrofia en el crecimiento. Según el inventor de estos engendros, lo bueno de las vacas enana es que pueden pastorearse en las casas, los parques, los jardines y hasta en los huertos.

En resumen, los cubanos ante la carencia de comer carne tenemos estas opciones, una es convencernos que la carne es perjudicial y provoca cáncer o la otra opción es seguir el cuento de Piñeiro y comernos un pedazo de nalga.

Esta última idea pondría en peligro a los nalgones y nalgonas, porque ante esa iniciativa de seguro nuestro consciente estado socialista produciría las nalgas de soya para la población y reservaría para el área dólar las nalgas de verdad.

LA CARNE



SUCEDIÓ CON GRAN SENCILLEZ, sin afectación. Por motivos que no son del caso exponer, la población sufría de falta de carne. Todo el mundo se alarmó y se hicieron comentarios más o menos amargos y hasta se esbozaron ciertos propósitos de venganza. Pero, como siempre sucede, las protestas no pasaron de meras amenazas y pronto se vio a aquel afligido pueblo engullendo los más variados vegetales.Sólo que el señor Ansaldo no siguió la orden general. Con gran tranquilidad se puso a afilar un enorme cuchillo de cocina, y, acto seguido, bajándose los pantalones hasta las rodillas, cortó de su nalga izquierda un hermoso filete. Tras haberlo limpiado lo adobó con sal y vinagre, lo pasó –como se dice– por la parrilla, para finalmente freírlo en la gran sartén de las tortillas del domingo.

Sentóse a la mesa y comenzó a saborear su hermoso filete. Entonces llamaron a la puerta; era el vecino que venía a desahogarse... Pero Ansaldo, con elegante ademán, le hizo ver el hermoso filete. El vecino preguntó y Ansaldo se limitó a mostrar su nalga izquierda. Todo quedaba explicado. A su vez, el vecino deslumbrado y conmovido, salió sin decir palabra para volver al poco rato con el alcalde del pueblo. Éste expresó a Ansaldo su vivo deseo de que su amado pueblo se alimentara, como lo hacía Ansaldo, de sus propias reservas, es decir, de su propia carne, de la respectiva carne de cada uno. Pronto quedó acordada la cosa y después de las efusiones propias de gente bien educada, Ansaldo se trasladó a la plaza principal del pueblo para ofrecer, según su frase característica, “una demostración práctica a las masas”.Una vez allí hizo saber que cada persona cortaría de su nalga izquierda dos filetes, en todo iguales a una muestra en yeso encarnado que colgaba de un reluciente alambre. Y declaraba que dos filetes y no uno, pues si él había cortado de su propia nalga izquierda un hermoso filete, justo era que la cosa marchase a compás, esto es, que nadie engullera un filete menos. Una vez fijados estos puntos diose cada uno a rebanar dos filetes de su respectiva nalga izquierda. Era un glorioso espectáculo, pero se ruega no enviar descripciones. Por lo demás, se hicieron cálculos acerca de cuánto tiempo gozaría el pueblo de los beneficios de la carne. Un distinguido anatómico predijo que sobre un peso de cien libras, y descontando vísceras y demás órganos no ingestibles, un individuo podía comer carne durante ciento cuarenta días a razón de media libra por día. Por lo demás, era un cálculo ilusorio. Y lo que importaba era que cada uno pudiese ingerir su hermoso filete.

Pronto se vio a señoras que hablaban de las ventajas que reportaba la idea del señor Ansaldo. Por ejemplo, las que ya habían devorado sus senos no se veían obligadas a cubrir de telas su caja torácica, y sus vestidos concluían poco más arriba del ombligo. Y algunas, no todas, no hablaban ya, pues habían engullido su lengua, que dicho sea de paso, es un manjar de monarcas. En la calle tenían lugar las más deliciosas escenas: así, dos señoras que hacía muchísimo tiempo no se veían no pudieron besarse; habían usado sus labios en la confección de unas frituras de gran éxito. Y el alcaide del penal no pudo firmar la sentencia de muerte de un condenado porque se había comido las yemas de los dedos, que, según los buenos gourmets (y el alcaide lo era) ha dado origen a esa frase tan llevada y traída de “chuparse la yema de los dedos”.

Hubo hasta pequeñas sublevaciones. El sindicato de obreros de ajustadores femeninos elevó su más formal protesta ante la autoridad correspondiente, y ésta contestó que no era posible slogan alguno para animar a las señoras a usarlos de nuevo. Pero eran sublevaciones inocentes que no interrumpían de ningún modo la consumación, por parte del pueblo, de su propia carne.
Uno de los sucesos más pintorescos de aquella agradable jornada fue la disección del último pedazo de carne del bailarín del pueblo. Éste, por respeto a su arte, había dejado para lo último los bellos dedos de sus pies. Sus convecinos advirtieron que desde hacía varios días se mostraba vivamente inquieto. Ya sólo le quedaba la parte carnosa del dedo gordo. Entonces invitó a sus amigos a presenciar la operación. En medio de un sanguinolento silencio cortó su porción postrera, y sin pasarla por el fuego la dejó caer en el hueco de lo que había sido en otro tiempo su hermosa boca. Entonces todos los presentes se pusieron repentinamente serios.

Pero se iba viviendo, y era lo importante, ¿Y si acaso...? ¿Sería por eso que las zapatillas del bailarín se encontraban ahora en una de las salas del Museo de los Recuerdos Ilustres? Sólo se sabe que uno de los hombres más obesos del pueblo (pesaba doscientos kilos) gastó toda su reserva de carne disponible en el breve espacio de 15 días (era extremadamente goloso, y por otra parte, su organismo exigía grandes cantidades). Después ya nadie pudo verlo jamás. Evidentemente se ocultaba... Pero no sólo se ocultaba él, sino que otros muchos comenzaban a adoptar idéntico comportamiento. De esta suerte, una mañana, la señora Orfila, al preguntar a su hijo –que se devoraba el lóbulo izquierdo de la oreja dónde había guardado no sé qué cosa, no obtuvo respuesta alguna. Y no valieron súplicas ni amenazas. Llamado el perito en desaparecidos sólo pudo dar con un breve montón de excrementos en el sitio donde la señora Orfila juraba y perjuraba que su amado hijo se encontraba en el momento de ser interrogado por ella. Pero estas ligeras alteraciones no minaban en absoluto la alegría de aquellos habitantes. ¿De qué podría quejarse un pueblo que tenía asegurada su subsistencia? El grave problema del orden público creado por la falta de carne, ¿no había quedado definitivamente zanjado? Que la población fuera ocultándose progresivamente nada tenía que ver con el aspecto central de la cosa, y sólo era un colofón que no alteraba en modo alguno la firme voluntad de aquella gente de procurarse el precioso alimento. ¿Era, por ventura, dicho colofón el precio que exigía la carne de cada uno? Pero sería miserable hacer más preguntas inoportunas, y aquel prudente pueblo estaba muy bien alimentado.

* * *

SOBRE EL AUTOR...

Virgilio Piñera:(Cárdenas, 1912 - La Habana, 1979) Poeta, narrador y dramaturgo cubano considerado uno de los autores más originales e independientes de la literatura de la isla, a veces catalogado como integrante de la "literatura del absurdo".

Su vida estuvo marcada por numerosos viajes, sobre todo a Buenos Aires, donde vivió una larga temporada, entre 1946 y 1958. En una primera etapa colaboró en publicaciones cubanas como la revista Orígenes, de gran trascendencia en el panorama literario insular, ya que en su entorno figuraron escritores como J. Lezama Lima y C. Vitier, con quien Piñera mantuvo más de una polémica.

Su relación con Argentina se inició en 1943, a través de una singular correspondencia con el director de Papeles de Buenos Aires, A. de Obieta, hijo de Macedonio Fernández, a quien solicitó colaborar en su revista, a partir de lo cual se relacionó con el grupo de escritores argentinos liderados por Macedonio, que incluía a J. L. Borges. De regreso a La Habana, en vísperas de la Revolución, asistió allí al estreno de algunas de sus obras teatrales y colaboró en La Gaceta de Cuba.

Maestro en el arte de jugar con el absurdo, también como poeta se forjó un merecido reconocimiento con obras como Las furias (1941) o La isla en peso (1943), cuya singularidad se hizo evidente en La vida entera (1968), el libro que resume y antologa los temas constantes de su obra. Su lírica se hizo un lugar en las letras hispanoamericanas como una exploración inédita del inconsciente y de sus posibilidades formales, búsqueda que mantuvo en los restantes géneros que frecuentó.

воскресенье, 19 июня 2011 г.

LA ISLA EN PESO


La maldita circunstancia del agua por todas partes
me obliga a sentarme en la mesa del café.
Si no pensara que el agua me rodea como un cáncer
hubiera podido dormir a pierna suelta.
Mientras los muchachos se despojaban de sus ropas para nadar
doce personas morían en un cuarto por compresión.
Cuando a la madrugada la pordiosera resbala en el agua
en el preciso momento en que se lava uno de sus pezones
me acostumbro al hedor del puerto
me acostumbro a la misma mujer que invariablemente masturba,
noche tras noche, al soldado de guardia en medio del sueño de los peces.
Una taza de café no puede alejar mi idea fija,
en otro tiempo yo vivía adánicamente.
¿Qué trajo la metamorfosis?
[...]
Todo un pueblo puede morir de luz como morir de peste.
Al mediodía el monte se puebla de hamacas invisibles,
y echados, los hombres semejan hojas a la deriva sobre aguas metálicas.
En esta hora nadie sabría pronunciar el nombre más querido,
ni levantar una mano para acariciar un seno;
en esta hora del cáncer un extranjero llegado de playas remotas
preguntaría inútilmente qué proyectos tenemos
o cuántos hombres mueren de enfermedades tropicales en esta isla.
Nadie lo escucharía: las palmas de las manos vueltas hacia arriba,
los oídos obturados por el tapón de la somnolencia,
los poros tapiados con la cera de un fastidio elegante
y de la mortal deglución de las glorias pasadas.
¿Dónde encontrar en este cielo sin nubes el trueno
cuyo estampido raje, de arriba a abajo, el tímpano de los durmientes?
¿Qué concha paleolítica reventaría con su bronco cuerno
el tímpano de los durmientes

isla en peso
Los hombres-conchas, los hombres-macaos, los hombres-túneles.
¡Pueblo mío, tan joven, no sabes ordenar!
¡Pueblo mío, divinamente retórico, no sabes relatar!
Como la luz o la infancia aún no tienes un rostro.
[...]
No queremos potencias celestiales sino potencias terrestres,
que la tierra nos ampare, que nos ampare el deseo,
felizmente no llevamos el cielo en la masa de la sangre,
sólo sentimos su realidad física
por la comunicación de la lluvia al golpear nuestras cabezas.
Bajo la lluvia, bajo el olor, bajo todo lo que es una realidad,
un pueblo se hace y se deshace dejando los testimonios:
un velorio, un guateque, una mano, un crimen,
revueltos, confundidos, fundidos en la resaca perpetua,
haciendo leves saludos, enseñando los dientes, golpeando sus riñones,
un pueblo desciende resuelto en enormes postas de abono,
sintiendo cómo el agua lo rodea por todas partes,
más abajo, más abajo, y el mar picando en sus espaldas;
un pueblo permanece junto a su bestia en la hora de partir,
aullando en el mar, devorando frutas, sacrificando animales,
siempre más abajo, hasta saber el peso de su isla;
el peso de una isla en el amor de un pueblo.

Virgilio Piñera

PENDIDO EN EL POSTE


PENDIDO DE UN POSTE

Muchas capitales del mundo tienen su propia Casa Blanca y su Pentágono, los tiene también Moscú. Nuestra Casa Blanca fue construida en uno de los más lindos rincones de la capital enfrente del hotel Ucrania, “rascacielo” estalinista, uno de los siete, edificados a comienzos de los años 50. El monumento del poeta ucraniano Tarás Shevchenko parece caminar delante del hotel-torre precisamente hacia la orilla del río Moskvá, donde por otro lado se yerge la Casa Blanca relativamente moderna. En los tiempos soviéticos hasta los acontecimientos de octubre de 1993, de las cuales quiero hablar, allí se encontraba el Soviet Supremo de Rusia.

Aquella noche no pudimos dormir porque la ciudad estaba llena de gente revanchista enloquecida y rebelde, que ya había tomado el Ayuntamiento, atacó el Centro de Televisión y el foco del motín residía precísamente en el Parlamento de la República. Por la noche estuvimos escuchando la radio y viendo noticias y no podía salir de casa a causa del miedo que tenía mi mujer por mí y nuestros dos hijos pequeños. Nos dormimos al amanecer, pero me levanté por la mañana, puse la tele y vi solo un cuadro trasmitido por CNN: la Casa Blanca ardiendo. Ya, pensé, los obligan a capitular, a esa canallezca, ¿y cómo sin mi participación?

Presintiendo el gusto de la victoria democrática que se aproximaba, saqué mi bici sin hacer ruido para no despertar a los míos y fui a aceptar la capitulación. Llegué con cierta anticipación, porque la resistencia de los sitiados ya no se sentía, en el puente estaban tres tanques con los cañones dirigidos a la Casa, de la que salía solo


humo y no se oían disparos. Hacía sol como si fuera el verano, en la avenida Kutúzov había un café, fuera estaba el público que fumaba, bebía y contemplaba el escenario. Crucé la avenida y ahí ya no había paso, así que doblé el hotel por detrás, nadie me detuvo. Sobre el río, donde estaba anclado el barco “Poeta Alejandro Blok”, se oían disparos que más tarde ningún periódico mencionó, ni explicó qué diantre había pasado a su borde: un ajuste de cuentas entre bandidos o algún fragmento del combate principal.

Iba libremente por al malecón. Ahí a la vista del poeta de bronce estaban congregados espectadores parecidos a la gente del hipódromo de la película 'My Fair Lady' de George Cukor. Me choqué con Andrés, periodista y mi compañero de nuestro club político, vivía cerca, nos abrazamos, sintiendo orgullo por participar en un hecho histórico. Aquel abrazo “debajo de las balas” lo recordábamos después con ironía: no hubo balas, la muchedumbre no le interasaba a nadie y menos a los francotiradores de la Casa.

Dejé mi bici al lado de las barandas y me encaramé a un poste de iluminación precísamente enfrente de la Casa. Seguían ardiendo dos pisos de en medio de la parte central. El reloj de la torre estaba parado, no sabíamos entonces que para siempre. Las dos horas siguientes yo estuve colgado en el poste en espera de la capitulación de los “comunofascistas”. La gente hablaba entre sí con entusiasmo y alegría, cuando se acercó un tipo flaco que comenzó a gritar: ¡vuelvan en sí! ¡ahí están matando! ¡es el fin del mundo! – o algo parecido, yo pateleé con desdeño, en general no le hicimos caso tomandolo por loco. Luego sonó un trueno infernal, la gente instintivamente se agachó, escondiéndose detrás de la baranda. Yo caí del poste y me puse en cuclillas. Resultó ser un disparo solitario del tanque que estaba instalado a los pies del poeta rebelde. Los tanques tiraban proyectiles no-explosivos, si no, uno solo hubiera sido bastante para convertir el parlamento en ruinas. Todo se tranquilizó un unos minutos, ocupamos las mismas posiciones.
        
Parece que este disparo aceleró el proceso de conversaciones. Media hora más tarde al malecón llegó un cortejo formado de un par de limusinas negras y una docena de motociclistas militares. La muchedumbre saludó al Ministro de Defensa, héroe del evento, porque todavía en visperas tenía dudas y solo ya muy entrada la noche había decidído ponerse del lado del Presidente. El cortejo paró cerca de nosotros, esperó un instante y se fue echando humo y sin explicarnos el gesto.

Por fin, por otro lado del río comenzaron a sacar a los militares rebeldes que se habían rendido. Iban en sus capotes desabotonados con las manos en alto,  precipitandose bajo los golpes de los soldados. A causa de la distancia no entendí que no eran más que milicianos que habían estado en sus puestos de guardia hasta el final. Más tarde explicaron que no habían tenido nada que ver con los defensores. El destacamiento de los nazistas que vigilaba a la barricada ya hace tiempo que se había largado por túneles subterráneos. Luego llegó una fila de autobuses de transporte público, nuestra impaciencia iba creciendo: ¡estaban designados para tantos rebeldes! Y comenzaron a salir por grupos. Y me sorprendí porque salían sólo civiles: mujeres, viejos, niños... Fue el colmo, bajé del poste, monté mi bici y, sintiendo un esbozo ligero de vergüenza, me marché para casa. En el cruce de la avenida Nóviy Arbat con el bulevar Novínskiy comenzó el tiroteo otra vez, los soldados obligaron a peatones a esconderse en el paso subterraneo, por encima de la avenida alguien intercambiaba ráfagas, lo que tampoco fue explicado más tarde de ningún modo.

Por la noche saqué a pasear al perro y otra vez oí ráfagas familiares. ¿Que los combates seguían por toda la ciudad? Miré hacia la silueta enorme de GASPROM en construcción donde se trabajaba día y noche, sonaban martillos de golpe y se iluminaba con lucillos de soldadura...

Andrés murió 4 años más tarde en un accidente en la misma avenida de Kutúzov. Pensando en el espectáculo de octubre, me acuerdo de aquel loco que gritaba “¡vuelvan en sí!” ¿Acaso tenía razón? ¿No diría lo mismo Cristo en caso de haber visitado otra vez la estirpe humana aquel día? Y no lo reconocimos...

Vladimir Kardaíl

DRAGONES Y PÁJAROS

El régimen putinista sigue con sus intentos de volcar a la nueva democracia georgiana, la que es para él como un hueso en la garganta. La ironía de la situación consiste en el hecho de que Georgia tiene bastantes éxitos en la liquidación del mal que aplasta hoy la economía de Rusia: la corrupción.

Había una vez dos reinos vecinos, uno de llanura y otro de monte. Por supuesto, eran muy diferentes: el pueblo de la llanura habitaba junto con los dragones y tenía muchos problemas. El pueblo del monte habitaba junto con los pájaros y también tenía problemas con los dragones. El Reino de la Llanura tenía una economía de dragones, y el Reino del Monte construía una economía de pájaros.

Una vez se encuentran dos reyes en la Cumbre G2 y el Rey del Monte pregunta: “Oye, colega, ¿cómo va tu economía de dragones?” – “Regular,– responde el Rey de la Llanura,– el pueblo come huevos de dragones y me agradece. El problema es que los dragones comen mucha gente.” – “Oh, es muy conocido,– dice el Rey del Monte,–  antes nosotros también teníamos muchos dragones. Llegaban de la llanura. Pero nuestros magos se reunieron una vez y propusieron cambiar la economía. Ahora comemos huevos de pájaros.” – “Cómo, ¿y los dragones?” – A los dragones, los espantamos con unos espantadragones mágicos. A aquellos que no se fueron, los metimos en los establos y los usamos como hornos.”

El Rey de la Llanura se ofendió para sus adentros: “¡Qué falta de respeto! ¡Deshacerse de nuestros dragones! Todo el mundo vive con estos bichos y sólo ese grosero no tiene paciencia.”

Al regresar a su palacio, el Rey de la Llanura llamó a sus magos y les planteó una tarea: obligar al Rey del Monte volver a la economía de dragones para que coman sus huevos. Inmediatamente todos los hombres fueron mobilizados. Las tropas entraron al Reino del Monte en cuatro columnas, la quinta, que estaba formada de los dragones del monte sublevados, debía intervenir desde dentro. Los montañeses, muy sorprendidios, salieron a su encuentro, llevando en sus hombros pájaros, que eran muy domésticos. El intento fracasó, resultó una desgracia para los llaneros: se enteraron de que los dragones en su ausencia comieron casi a todas las mujeres y a las gallinas.

“Maldito Rey del Monte, – blasfemaba el Rey de la Llanura, corriendo a su palacio en compañía de los magos y haciendo ruido con su armadura. Pero le voy a hacer respetar las tradiciones y la historia. Y compensar nuestras pérdidas.”

El consejo de magos del Reino de la Llanura elaboró otro plan que prevía organizar la oposición en el Reino del Monte. Como oposición debían intervenir los mismos dragones, que a causa de la escasez de mujeres y gallinas en el Reino de la Llanura se acordaron enviar una manada de los suyos al monte para vivir en establos y fomentar labores subversivos. Pero eso también fracasó. Toda la oposición se acostumbró a vivir en establos y en la llanura se quedaron sólo los dragones que poco a poco se comieron el resto del pueblo y al mismo Rey de la Llanura con sus magos.

Vladimir Kardaíl