пятница, 18 мая 2012 г.

El CREPE

Traducción de un cuento original de Teffi.

Esto fue  hace mucho tiempo. Esto fue hace cuatro meses. Nosotros  estábamos sentados  en la noche perfumada  y sureña  de la costa de Arnó.
No estábamos precisamente en la costa, -  donde podríamos estar sentados  allí:  es húmedo y sucio, y es indecente,- estábamos  sentados  en un balcón del hotel, pero  lo he dicho así  porque es más poético.
La compañía era mezclada – ruso-italiana.
Como  entre nosotros no  había ni amigos demasiado cercanos, ni  parientes, nos decíamos  cosas exclusivamente agradables.
Especialmente sobre las relaciones internacionales.
Los rusos, nosotros, estábamos apasionados con  Italia. Los italianos expresaban  una fuerte  seguridad, casi inquebrantable, de que Rusia era hermosa también. Ellos gritaban que los italianos odiaban el sol y no soportaban el calor en absoluto, que ellos adoraban el frío y desde la infancia soñaban con la nieve.
Al fin  nos convencimos  así  tanto de los méritos de  nuestras patrias, que  ya no hablábamos  con el mismo énfasis.
-         Sí, por  supuesto, Italia  es  hermosa,-  dijeron los italianos.
-         Y de hecho el frío, - él… tiene algo especial. Desde luego tiene algo… - nosotros  nos dijimos.
      Y inmediatamente nos reunimos y sentimos, que los italianos  eran un poco  presuntuosos con su Italia y era hora ponerlos en su sitio.
      Ellos también cuchichearon  un poco.                                                           
      - Tienen muchos sonidos difíciles, -  dijo de repente uno de ellos.
     -  Tenemos  una  lengua muy fácil  para la pronunciación. Y  ustedes todos silban  y tienen sonidos difíciles.  
     - Sí, - respondimos  fríamente. – Esto ocurre  porque  tenemos una lengua muy rica. En nuestra lengua se encuentran  todos los sonidos  que existen en el  mundo.
Por supuesto  que a veces silbamos.
-         ¿Y tienen «t-h», como  los ingleses?, - dudó uno de los italianos. – Yo no  lo  escuché.
-         Por supuesto que existe. No importa que no lo hayáis escuchado. No podemos  pronunciar «t-h» cada minuto. Nosotros y sin eso tenemos muchísimos sonidos.
-         Tenemos sesenta y cuatro letras en el alfabeto,-  yo dije.
Los italianos me miraron  algunos minutos  en silencio,  mientras yo me levanté y me volví de  espalda a ellos y miré la luna. Era mas tranquilo. Y además cada persona  tiene  derecho  de crear  la gloria de su patria como puede.
Callamos un rato.
        -Vengan aquí  en primavera,- dijeron los italianos, - cuando todo florece. Vosotros  tenéis  nieve  a finales de febrero, ¡y nosotros tenemos ya todo bello!
        - Pero en febrero nosotros  tenemos algo bueno. En febrero tenemos maslennitsa.
        - Maslennitsa. Comemos  crepés.       
        -  ¿Y qué es esto de  los crepes?
Nosotros  nos cambiabamos una mirada. Pero  ¿cómo explicarles que es un crepé?
        -El crepé  es muy  sobroso - yo expliqué. Pero ellos no comprendieron.
        - Con mantequilla, -  yo dije más precisamente.
        -Con  crema, - añadió un ruso de nuestra compañía.
Pero salió  peor. Ellos no entendían lo del crepé en absoluto, y además no comprendían lo de la crema.
         -Los crepés, se hacen –  ¡cuando hay maslennitsa! – dijo sensatamente una de nuestras señoras.
         - En los crepés… lo principal es  el caviar,- explicó la otra.
        - ¡Es el pescado! – adivinó, al fin, uno de los italianos.
       - ¡Qué pescado ni pescado, lo más importante es que los frían! –echo a reír la señora.
       -¿Y se fríe el pescado?
   
       -Se fríe, se fríe, pero el pescado tiene en absoluto otro cuerpo. El cuerpo del pescado. Y  el crepe, de harina.
      - Con  crema,- insertó un  ruso.
      - Los crepés se comen mucho,- continúo la señora. – Comemos más de 20 piezas. Después estamos enfermos.
      -  ¿Son venenosos? –preguntaron los italianos y  pusieron los ojos redondos.
      - ¿Del reino de las plantas?
      - No, de harina.  ¿Acaso  fríe harina? La harina  se compra en la tienda.
Nosotros callamos y sentimos como entre nosotros y aquellos italianos tan amables media hora atrás, que se  entusiasmaban por nuestra patria,  apareció un  profundo, oscuro precipicio de desconfianza  e incomprensión.
Ellos se miraron y cuchichearon.
La situación era  terrible.
         -Sabéis que, señores, -  Los crepés nos salen un poco mal. Ellos  piensan que somos unos mentirosos.
La situación  no era agradable.
Pero entre nosotros  había una persona sólida, seria -  era  profesor de matemática. Nos miró severamente a nosotros y   a los italianos y dijo claramente:
          -Ahora yo tomo el honor de explicarles qué es un crepé.  Para éste último necesito una  circunferencia de tres versoks en  diametro. El  p-r  cuadrado se llena de masa de  harina con leche y levadura. Luego toda esta construcción  se somete lentamente a acción  del fuego, que debe estar separado  por un recipiente de hierro.  Para hacer la influencia del fuego en  el p-r cuadrado menos intensa, el recipiente de hierro se cubre con  ácidos oleicos y grasa,  es decir, con  mantequilla. Aparece como  resultado del calentamiento una mezcla compacta y elástica, luego  introducida a través del esófago en el organismo de la persona, lo cual en gran cantidad es nocivo para la salud.
El profesor calló y miró a todos con aire de triunfo.
Los italianos se susurraron y preguntaron  tímidamente:
       -  ¿Y por qué  hacéis todo eso?
El profesor levantó las cejas, asombrado  por la pregunta, y respondió severamente:
           - ¡Porque  es divertido!

          Елена Путлякова

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